Sol, playa y mucha mafia

La delincuencia organizada elige la costa mediterránea para expandir sus actividades

MÓNICA BERGÓSBARCELONA.
Kalashov, en Torrejón, tras su detención en Dubai. ::
                             REUTERS/
Kalashov, en Torrejón, tras su detención en Dubai. :: REUTERS

A los mafiosos de medio mundo les gusta España. Ya lo reconoció hace pocas semanas el peligroso jefe ruso Zakhar Kalashov, mientras era interrogado en el banquillo de los acusados de la Audiencia Nacional en un juicio sin precedentes. «Quiero vivir en España con mi mujer y mis hijos», aseguró.

Las organizaciones criminales establecidas en la península crecieron un 17% durante el pasado año, según la Fiscalía General del Estado. En la actualidad, ascienden a 668 bandas y 16.300 delincuentes. Sienten, además, una especial debilidad por la playa, pues se asientan mayoritariamente en la costa mediterránea: Cataluña, Levante y Costa del Sol. Hay delincuentes de variopintos orígenes, aunque napolitanos y rusos destacan por la magnitud de sus operaciones, entre las cuales el tráfico de drogas y el blanqueo de dinero figuran entre las más predilectas.

A lo largo de 2009, las detenciones de miembros de la Camorra asentados en España han sido incesantes. El último en caer ha sido Doménico V., integrante del clan Polverino, que ejercía un «papel fundamental» como intermediario en el tráfico de estupefacientes con Italia, según la Dirección General de la Policía y la Guardia Civil. Fue localizado hace pocas semanas en L'Hospitalet de l'Infant (Tarragona), pero entre enero y octubre ya habían sido cazados otros napolitanos, de los cuales dos de ellos eran 'peces gordos': Raffaelle Amato, líder de la familia de Los Españoles, y Salvatore Zazzo, jefe del clan Mazarella.

Sin embargo, aún quedan muchos más 'camorristas' en nuestro país. Las fuerzas de seguridad han detectado las actividades de hasta 15 clanes napolitanos, mientras las autoridades italianas alertan de que en territorio español ha buscado refugio el 70% de los 249 capos y lugartenientes fichados por la Justicia transalpina.

¿Por qué los camorristas han hecho de España su 'costa nostra'? «Les gusta nuestro país por el clima y por el idioma, por su cercanía a Italia y al paraíso fiscal de Andorra», apuntan en la Guardia Civil. «Aquí pueden esconderse, camuflados en negocios legales, mientras siguen dirigiendo sus actividades ilícitas». Para canalizar el dinero negro utilizan restaurantes italianos, discotecas y operaciones inmobiliarias, aunque sin renunciar a sus verdaderos negocios: el tráfico de cocaína y hachís, y el de relojes de lujo.

Sin embargo, el gusto por la ostentación les pierde. Más de uno ha sido descubierto por no refrenar sus ansias de exhibirse. Fue el caso de Vincenzo Scarpa, integrante del clan de Los Españoles, que había montado un restaurante italiano y un negocio de importación de comida. Su vertiginoso tren de vida no se correspondía con las dimensiones de las empresas en las que supuestamente trabajaba. En el momento de su detención, en mayo, la Policía le decomisó 200.000 euros en efectivo y once coches de alta gama, uno de ellos valorado en 150.000 euros.

Obsesión por el derroche

Del 'arte' de blanquear dinero y de la obsesión por el derroche también saben, y mucho, los mafiosos rusos. Durante años se han beneficiado de las facilidades que, según los expertos, España presenta para eludir controles policiales y de su condición hasta hace poco de 'paraíso del ladrillo'. Zakhar Kalashov, considerado por el FBI como uno de los siete principales jefes de la mafia rusa, se sentó en noviembre en el banquillo de los acusados de la Audiencia Nacional para ser juzgado por sus actividades delictivas. Nunca antes se había enjuiciado a ningún criminal ruso.

La Fiscalía le acusó de blanquear 7,5 millones de euros procedentes del extranjero a través de un entramado empresarial que funcionaba como tapadera y al que pertenecían algunas sociedades relacionadas con la promoción urbanística en la Costa del Sol. Durante el juicio, el papel de la Guardia Civil quedó en entredicho, pues, según salió a relucir, ese cuerpo armado presuntamente habría consentido los negocios turbios de Kalashov durante años.

Kalashov, cuyo currículum incluye casos de extorsión, asesinato y tráfico de armas, crímenes por los que nunca ha sido juzgado, veraneaba desde los años 90 en la localidad alicantina de Altea. Durante el interrogatorio judicial se limitó a declarar que él era «un modesto intermediario» en negocios relacionados con la distribución de mármol.

El millonario ruso fue detenido hace tres años y medio en el marco de la 'operación Avispa', una de las tres grandes operaciones policiales emprendidas en España contra la mafia rusa. La última, bautizada con el nombre de 'Troika', consiguió decapitar el pasado año a la organización Tambovskaya, considerada por las fuerzas policiales como «la multinacional del crimen más poderosa del Este de Europa». Cayeron veinte capos que dirigían sus actividades desde Mallorca, Andalucía y la Comunidad Valenciana. Una segunda fase de 'Troika' se cerró en abril pasado con la detención de tres abogados, dos de ellos españoles y uno de origen ruso, que están acusados de haber blanqueado dinero.

Pero si estas redes suelen emplear el guante blanco en España, donde prefieren no ensuciarse las manos con delitos violentos, otras organizaciones más modestas sí que operan de manera agresiva. En medios policiales advierten de que esas bandas proceden de países balcánicos que han vivido conflictos bélicos. «En general son las que han manejado armas en sus países de origen», agregan. En esta modalidad se incluyen los peligrosos albano-kosovares, que se dedican al asalto de viviendas, comercios y polígonos industriales, y cuyos integrantes suelen ser ex combatientes del Ejército de Liberación de Kosovo (ELK).

Visten de negro, con ropa militar, y van encapuchados. Siguen una jerarquía piramidal y un código de conducta severo. Practican 'butrones' -agujeros en la pared o el techo- y en ocasiones no tienen reparos en recurrir a la violencia extrema. El pasado mes de noviembre fue desarticulada una banda de nueve miembros a la que se atribuían unos cincuenta robos perpetrados en viviendas de Alicante y Valencia.

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