Urgell desmonta el proyecto de Urdaibai mientras Bilbao lo vende en Nueva York

La consejera de Cultura esgrime duros argumentos que auguran el 'no' rotundo del Gobierno vasco a la ampliación del Guggenheim

OSKAR L. BELATEGUIBILBAO
Saludo tras el rifirrafe. La peneuvista Leire Corrales, izquierda, mantuvo un tenso debate con la consejera Urgell. ::                             BLANCA CASTILLO/
Saludo tras el rifirrafe. La peneuvista Leire Corrales, izquierda, mantuvo un tenso debate con la consejera Urgell. :: BLANCA CASTILLO

Casi a la misma hora en la que el diputado general de Vizcaya, José Luis Bilbao, y el director del Guggenheim, Juan Ignacio Vidarte, 'vendían' en Nueva York su nuevo museo en Urdaibai, la consejera de Cultura del Gobierno vasco lo echaba por tierra en el Parlamento de Vitoria. A Urgell le debió importar muy poco que la presentación oficial del proyecto al patronato de la Fundación sea el próximo martes, porque se destapó con la intervención más rotunda hasta la fecha en contra de la iniciativa. Razonó la oposición del Ejecutivo a una ampliación impulsada desde su origen por la institución foral. Una postura, recordó, similar a la del anterior Gobierno de Ibarretxe. Fue curioso escucharle recordar a su antecesora, Miren Azkarate, para mantener «la misma prudente distancia».

El martes se reúnen los patronos del Guggenheim con los informes y la respuesta de la Fundación neoyorquina sobre la mesa. Entonces habrá «un pronunciamiento firme» del Gobierno vasco, el otro socio de la institución museística. Los argumentos en su contra presentados ayer por Urgell en una comparecencia en comisión solicitada por el Partido Popular lo convierten, a priori, en inviable. El principal obstáculo, a su juicio, es su impacto medioambiental en una zona declarada Reserva de la Biosfera por la Unesco. Pero también se pone en entredicho su propia existencia, «fruto de una concepción grosera de la cultura como instrumento de desarrollo económico de una comarca».

Para Urgell, una inversión de 200 millones de euros crearía empleo y riqueza, «lo mismo que si se construyese cualquier otra cosa». El argumento de su idoneidad resulta, en su opinión, «desterrable por ignorante, pazguato y alicorto». Otras opciones más propias de una economía sostenible serían un museo del patrimonio de la experiencia industrial, de ciencias naturales o de fondos relevantes de museos nacionales. «Hipotecaríamos en una única apuesta un departamento que sólo dispone de 100 millones de presupuesto. Hay otras prioridades, como evaluar las infraestructuras culturales de las que disponemos».

Aralar comparte la inquietud del Ejecutivo vasco por un «proyecto concentrado e intensivo», que haría peligrar un área frágil en su equilibrio medioambiental. La viabilidad del modelo se vincula a 180.000 personas al año, convirtiéndose en el cuarto centro más visitado en Euskadi después del edificio de Frank Gehry, el Aquarium donostiarra y el Bellas Artes bilbaíno. Un fin de semana en verano podrían deambular por la Reserva natural 5.000 turistas con sus vehículos. «A ese ritmo, en pocos años, ¿la Unesco nos seguiría distinguiendo como Reserva Natural de la Biosfera? Los informes dicen que no».

Blanca Urgell fue más allá y puso en entredicho a la Fundación Guggenheim de Nueva York como socio. La experiencia «extraordinariamente exitosa» de Bilbao no asegura que sea de nuevo un compañero de viaje eficaz. «No tengo la misma fe que sus impulsores en que será el museo del siglo XXI». La consejera aventura «la profesionalidad y calidad» de la propuesta que les mostrarán el martes. «Pero la Fundación Guggenheim no es, ni de lejos, el líder mundial que nosotros fichamos hace veinte años».

Otro inconveniente del proyecto tiene que ver con la próxima renovación del contrato entre los socios del museo de Abandoiabarra en 2013: Diputación y Gobierno vasco por un lado y la Fundación Solomon R. Guggenheim por otro. La revisión se encara «con entusiasmo y sin dudas». Pero habrá que hacer balance de estos años, «porque no ha sido oro todo lo que reluce en el Guggenheim Bilbao». El nuevo centro en Sukarrieta «entorpecería las negociaciones».

Buena acogida en EE UU

Por el contrario, la Fundación Gu-ggenheim estima que el proyecto contribuiría favorablemente a la prórroga del convenio, además de «reforzar la marca Guggenheim». Así se lo dijeron ayer en Nueva York a José Luis Bilbao, según fuentes próximas al diputado general de Vizcaya. La reunión se prolongó una hora y media, explicaron estos medios, y a la misma asistieron una veintena de miembros de la Fundación, que recibieron de manera «muy positiva» la propuesta de Bilbao. Hoy se hará pública una nota conjunta de la institución nortemericana y la Diputación.

De vuelta al Parlamento y a la comparecencia de la consejera de Cultura, Urgell admitió que hasta ayer el Ejecutivo ha sido «un convidado de piedra» en el proyecto «por respeto y cautela». La representante del PNV, Leire Corrales, le reprochó con dureza su pasividad y afirmó que la Diputación de Vizcaya «ha cogido el toro por los cuernos de una apuesta estratégica que unificará arte, cultura y naturaleza». No cabe hablar, según los jeltzales, de impacto ambiental «porque Urdaibai ha estado habitado desde la Prehistoria». Corrales recordó que la institución foral ha desembolsado un millón de euros en informes de viabilidad: «Únanse, porque nadie les ha pedido un euro».

Carmelo Barrio, del PP, se mostró «satisfecho» con las explicaciones de la consejera, ya que hasta ahora ha habido «mucho ruido mediático pero poca información». A la espera de los informes el martes, Urgell cree que el Guggenheim Urdaibai debería ser «un proyecto de país» que tuviera en cuenta la opinión de partidos, artistas y expertos en gestión museística: «La política no se mueve por el designio de afortunados visionarios».