«Es sucia, cara e insegura»

Juan López de Uralde Greenpeace / M. Teresa Domínguez Foro Nuclear La energía nuclear divide a la sociedad española, a cuyo sistema eléctrico aporta el 18%

PÍO GARCÍA
«Es sucia, cara e insegura»

El cierre de la central nuclear de Garoña (Burgos) reactivó el debate energético en España. La decisión del Gobierno de prolongar la actividad de la instalación hasta 2013 zanjó temporalmente la discusión, pero dejó en el aire una pregunta candente: ¿Qué hacemos con la energía nuclear? Juan López de Uralde, director ejecutivo de Greenpeace, lo tiene claro: hay que ir cerrando las centrales y apostar fuerte por las renovables. María Teresa Domínguez, presidenta del Foro Nuclear -entidad que agrupa a las empresas del ramo-, también: las centrales son insustituibles al menos durante los cincuenta próximos años. Ambos se reunieron en Madrid para contrastar sus puntos de vista; estrecharon sus manos, bromearon durante la sesión fotográfica y conversaron con cordialidad, sin necesidad de preguntas. La mecha que prende la conversación es una frase sencilla, casi ingenua, propuesta por el redactor: «La energía nuclear posee grandes ventajas y graves inconvenientes».

María Teresa Domínguez: No estoy de acuerdo. La energía nuclear posee grandes ventajas, pero no veo inconvenientes. Si hablamos de los reactores que utilizamos en España, es una energía que opera desde los años 60, que ha demostrado su capacidad de generación segura y que ha atendido las necesidades de la sociedad. Es una energía probada; no se conocen accidentes problemáticos ni escapes de radiactividad. No debemos introducir miedos infundados.

Juan López de Uralde: Toda fuente de energía tiene sus inconvenientes y sus ventajas, pero en el caso de la nuclear los inconvenientes desbordan esas ventajas. Sus defensores dicen que es una energía barata, limpia y segura; nosotros decimos que es cara, sucia e insegura. Cara: construir centrales nucleares tiene un altísimo coste. Sucia: genera residuos radiactivos que se quedan con nosotros durante miles de años. Insegura: no hace falta irnos a Chernobil; hace ahora 20 años sufrimos el accidente de Vandellós I, que afortunadamente se contuvo pero que pudo ser dramático y que motivó el cierre de esta central.

M.T. Domínguez: Barato o caro son términos relativos. La energía nucelar no es barata ni cara; es precisamente ahora cuando se necesita menos dinero porque ya es una energía madura, mientras que otras fuentes energéticas exigen todavía muchas inversiones en I+D. En cuanto a los residuos, en España tenemos una solución para los desechos de baja intensidad que se está tomando como modelo en otros países. Al final, esos emplazamientos quedan absolutamente limpios. E insisto: no ha habido ningún accidente en nuestros reactores con daño para el público, para el medio ambiente o para los operadores.

J.L. Uralde: La construcción de plantas energéticas en España está liberalizada desde el año 97. Si un inversor quisiera construir centrales nucleares, podría hacerlo. No se hace porque no salen las cuentas. Las nucleares españolas son ahora rentables porque los españoles ya las hemos amortizado. Pero de todas las fuentes energéticas, las que más empleo generan por kw/hora producido son las renovables, con muchísima diferencia. Las renovables son, además, la única fuente de energía autóctona. En el resto dependemos del exterior. También en la nuclear, ya que el combustible (el uranio) es cien por cien importado. Los costes son relativos, de acuerdo, pero en este momento es más atractivo invertir en las renovables que en la nuclear.

M.T. Domínguez: Porque si se ofrecen determinados instrumentos políticos que favorecen a una fuente de energía, los inversores no pueden hacer otra cosa. Si en España no hubiera la amenaza gubernamental de que estos proyectos no serán viables, las empresas eléctricas afrontarían programas nucleares con éxito seguro. En este sentido, que Garoña siga funcionando no es un deseo de Iberdrola o de Endesa, sino de toda la sociedad: si, con los problemas económicos que tenemos encima, intentamos violentamente eliminar lo que está operando bien y sin ninguna alternativa...

J.L. Uralde: Para mí es una irresponsabilidad que siga funcionando. No es verdad que sea un deseo de la sociedad: hay muchos sectores que piden su cierre. Garoña tiene problemas de seguridad, como el cambio de cableado, que no ha sabido resolver... y al Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) no parece importarle. No se trata además de «eliminar violentamente». Garoña llegó al final de su etapa: se construyó para 25 años, se alargó su vida 15 años más y ahora hay que cerrarla. El CSN es un organismo político. Nosotros sabíamos -y vosotros mejor que nosotros- que el CSN había pactado con el Ministerio de Industria dar diez años más de vida a Garoña.

M.T. Domínguez: No estoy en absoluto de acuerdo. El Consejo de Seguridad Nuclear ha pasado una evaluación internacional y es un organismo totalmente independiente cuyo cuerpo técnico tiene reconocida capacidad. El informe sobre Garoña es impecable y el CSN es una garantía del funcionamiento de las nucleares en España.

J.L. Uralde: Y yo me ratifico en que el CSN es parte del problema. Está del lado de la industria y así lo hemos visto.

M.T. Domínguez: Siempre que el CSN diga que una central puede operar, debe hacerlo, si queremos ser eficientes. En cuanto a la 'vida' de una central, ése es un término falso: cada diez años se renuevan las licencias. Si el Consejo dice que la central puede operar en condiciones seguras, no hay ningún otro argumento que nos pueda llevar a la decisión de cerrarla.

J.L. Uralde: Parece que vosotros pensáis que la vida de una central se acaba cuando estalle. Son plantas que se construyeron para 25 años, siguieron 15 años más y continuar es jugar a la ruleta rusa.

Las renovables, eólica, solar...

M.T. Domínguez: Nosotros no tenemos ningún problema en fomentar al máximo las energías renovables. Deben formar parte del tejido energético español.

J.L. Uralde: Las renovables se ven con simpatía desde otras fuentes hasta que empiezan a tener una presencia destacada. Nosotros apostamos por un modelo cien por cien renovables, donde estas energías hagan innecesarias otras fuentes. Ése es el modelo hacia el que debemos caminar, porque tenemos problemas ambientales graves, como el cambio climático o los residuos nucleares. Por eso vemos con preocupación que las grandes eléctricas sigan apostando por el mix tradicional: un poco de nuclear, un poco de gas, un poco de carbón, un poco de renovables... Eso nos lleva hacia el abismo ambiental.

M.T. Domínguez: El modelo hacia el que debemos ir nos lo deben marcar las tecnologías. Si somos capaces de desarrollar todo para que en el año 2050 no se suelte CO2 a la atmósfera, perfecto. Pero hay que hacerlo sin meter a la sociedad española en una encrucijada. Se necesita una transición. La península ibérica es una isla energética y debemos combinar lo que tenemos para ser eficientes. Ahora mismo sería derrochador prescindir de instalaciones amortizadas o no utilizar fuentes que estamos pagando.

J.L. Uralde: ¿Pero transición hacia dónde? Hablar de transición para seguir quemando carbón, quemando gas, con nuclear y un poquito de renovable... Eso es una transición hacia la nada. Nosotros hablamos de una transición hacia un nuevo modelo cien por cien renovable: creemos que eso es técnicamente posible, energéticamente viable y socialmente favorable.

M.T. Domínguez: Es una transición que va hacia lo que permitan las tecnologías, siempre y cuando haga compatible el desarrollo social con la mayor protección al medio ambiente. Y eso no será posible hasta el año 2050 sin una contribución muy destacada de la energía nuclear.