Año 1 después de Veleia

ÁNGEL RESA

A costumbrados en la arqueología a fechar hallazgos antes y después de Cristo hoy podría decirse que se cumple el año I del escándalo en torno al yacimiento alavés de Iruña Veleia. Hace doce meses que unos profesores de la UPV rebajaron poco menos que al timo de la estampita los magnos descubrimientos lingüísticos y religiosos, unos sobre las inscripciones en euskera y otros relacionados con el calvario del Salvador. Eliseo Gil y su equipo se encargaron de presentarlos como el 'non plus ultra', e hicieron que la comunidad internacional virase sus ojos hacia esos terrenos próximos a Nanclares de la Oca.

Un año más tarde de que el grupo de científicos denunciara la falsedad de aquellas pistas, el contencioso sigue encerrado entre las cuatro paredes del Palacio de Justicia vitoriano. A él recurrieron Euskotren y ETS, las empresas públicas vascas que inyectaban dinero generoso al grupo de Gil mediante un convenio de patrocinio a largo plazo, y la Diputación. Tanto las firmas como el Palacio de la Provincia se sintieron estafados ante lo que consideraron poderosos argumentos de los profesores universitarios, moscas al principio e incrédulos después. Es más, el departamento foral que encabeza Lorena López de Lacalle entró a saco contra los explotadores del yacimiento y no ha bajado el pistón de su enfado.

La Diputación venía escaldada de asuntos anteriores. Sólo hace falta rebobinar un poco en la memoria para acordarse de las famosas, que no célebres, cuevas de Zubialde. El responsable de Cultura en aquel gabinete llegó a proclamar el hallazgo de las presuntas pinturas rupestres -falsas como los cariños de Judas- como 'la capilla sixtina' de la época. Confiemos en que algún día no salga un portavoz vaticano a confesar que el techo pintado por Miguel Ángel en el corazón espiritual de Roma no fue así, sino la obra de un tal Ángel Miguel que pasaba por ahí. Mientras, Eliseo mantiene su condición de inocente y se agarra a que un fallo judicial le restaure el honor perdido para cobrarse luego el frío plato de la venganza.

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