«Pretendo no madurar»

Confiesa que es culpa suya «la imagen que la gente tiene de mí»

LUIS GÓMEZ| BILBAO
«Escucho todo lo que dicen de mí». / LUIS ÁNGEL GÓMEZ/
«Escucho todo lo que dicen de mí». / LUIS ÁNGEL GÓMEZ

'Desafiando la gravedad'. Así se titula el nuevo disco de Chenoa. La cantante mallorquina anduvo ayer de promoción por Bilbao y volvió a caer rendida a los encantos del 'Puppy', el perro del Guggenheim.

-Dice su dossier de prensa...

-Bueno, no te fíes nada.

-... que «Chenoa es lo más parecido a un jugoso caramelo y no hay más que probarla». ¿Se siente un 'Chupa Chups'?

-¡Ajá! Pues sí. Para saber si algo te gusta o no, lo tienes que probar. Yo me ofrezco. Soy una tipa que...

-'Chupa Chups', ¿con o sin palo?

-Con palo. Es mucho más divertido y erótico.

-¿A qué sabe Chenoa?

-No quiero encasillarme en un sabor. Pruebo todos los estados de ánimo. Decirle a la gente cómo son las cosas no es tan divertido como averiguarlas. Dicen de mí que tengo mucho carácter.

-¿Y es verdad?

-Pues no. Pero, bueno, que lo digan. No pasa nada. Igual lo aparento y es culpa mía.

-«Lo difícil es conocerse a uno mismo». ¿Usted sabe quién es?

-Hubo una etapa en que estuve muy perdida y pensaba que me había encontrado. De repente, tiré el esquema y dije: '¡Me voy a hacer otra vez!' Así no me aburro. Puedo ir cambiando como me dé la gana.

-Hace muy bien.

-No está escrito en ningún lado cómo tenemos que ser. Aunque ahora se confunde la rebeldía con la mala educación. El otro día escuché a los Gallagher, estos de Oasis, que ahora les da por escupir por todos los lados. Eso no es rebeldía.

-Últimamente juega a ser modelo.

-Me divierte. La desvergüenza es mi lado más infantil.

-Sobre la pasarela, ¿qué tal desafía la gravedad?

-Ja, ja. Con los tacones que llevaba, casi me mato.

-¿Y sobre la vida?

-La gravedad desubica y desafiar esa desubicación significa empezar a encontrar cosas que quizás antes no valorábamos tanto.

-Presenta su último disco. ¿Qué nos hace pensar que no será el último de su vida?

-¡Hummm! (Apura fuerte una calada y pide al fotógrafo que aparte el objetivo; «para no dar un mal ejemplo a los niños», aclara). Yo siempre trabajo como si fuera el último y le pongo toda la intensidad. En música nadie tiene nada asegurado.

-«Encara el álbum más maduro de su consolidada carrera», «canta mejor que nunca»... ¿Se cree todo lo que dicen de usted?

-¡Nooo! Pero escucho. Quizá es culpa mía la imagen que ve la gente de mí. Obviamente, tengo una parte de responsabilidad en eso. ¿Más madura? Puede ser. Pero es lógico que según pasen los años... Yo, precisamente, lo que pretendo es no madurar y desaprender bastantes cosas.

-Con una juventud pasada por sus actuaciones en el casino de Mallorca, ¿juega con las cartas boca arriba?

-Siempre. Nunca engaño ni me echo un farol.

-¿A qué número apuesta para ganar?

-Al 8.

-¡Ahí va! Mi número favorito.

-Soy una fanática del 8. Es un número infinito. Dicen que no termina nunca, que se entrelaza, y que define a las personas que están siempre en constante desafío consigo mismo. Ja, ja. Te lo digo porque no es tan bonito del todo.

-Con las guitarras más presentes que nunca en su nuevo trabajo, ¿Chenoa es como esos platos aderezados de salsas para tapar sospechosamente el sabor, en su caso la voz?

-...

-¿No le importar que su voz pierda protagonismo?

-¡La voz está muy presente! Estamos acostumbrados a escuchar guitarras, pero soy una fanática del bajo, mi padre es bajista. Crecí con el bajo. Me da el tono y ritmo. 'Duele' es una balada a dúo con un bajo muy llorado y tanguero. Me llega más que el grito de cualquiera, hasta el mío propio.

-Suena en radiofórmulas con 'Duele'. ¿Anda achacosa?

-Ja, ja. ¡Qué va! Ando digerida de dolor. No hay nada más bonito que poder decir que has digerido algo y ya está tragado. Cuando todo está finiquitado, puedes cantar al dolor con muchísima más dignidad.

-¿Le han dado fuerte?

-Sí, pero no me lo dejo ver. No soy muy transparente; lo soy más a la alegría que al dolor.

-Abandona temas urbanos y sociales para entregarse al amor.

-¡Por fin! Esta vez me he centrado mucho en desmenuzarlo. l.gomez@diario-elcorreo.com