Sicard da el oro a la Fundación Euskadi

El vascofrancés, fichado por el Euskaltel, logra el título mundial sub'23 tras exhibirse en el duro circuito suizo

J. GÓMEZ PEÑA| ENVIADO ESPECIAL. MENDRISIO
Romain Sicard celebra su victoria en el Mundial sub'23. / EFE/
Romain Sicard celebra su victoria en el Mundial sub'23. / EFE

En 2007, cuando la Fundación Euskadi se preparaba para su decimoquinto aniversario, Miguel Madariaga quiso hacerse un regalo: ampliar las fronteras de su cantera. Quería un vascofrancés en el equipo. Un amigo de la Fundación, de Bera de Bidasoa, hizo de ojeador. Lupa sobre el otro lado de la muga. Les habló de un tal Sicard. vecino de Hazparne. Joven, apenas 19 años. Un chico de pista. Y valiente. Los hermanos Galdeano y Madariaga apuntaron el nombre. Uno más. Hasta que poco después se cruzaron con ese apellido en la primera prueba amateur de la temporada 2008: la Essor Basque. Ganó el tal Sicard. De ahí salió la primera visita del ciclista galo a la Fundación. Quería seguir los pasos de Thierry Elissalde, el único vascofrancés en la historia del equipo naranja (1994-95). Le hicieron un test físico: estaba verde, pero contenía un potencial enorme. Piernas y coraje. Fichó por el Orbea, ha ganado este año la Subida al Naranco y el Tour del Porvenir, y ayer, en el mejor escaparate, se proclamó campeón del mundo sub'23. Madariaga buscaba un vascofrancés y encontró oro.

Sicard firmó su contrato con el Orbea en un descanso del Tour 2007. Y el acuerdo que le unirá al Euskaltel-Euskadi las dos próximas temporadas también fue rubricado en un parón del Tour, el de este año. La Fundación ató la perla. A tiempo. Poco después, ya en septiembre, ha deslumbrado con su victoria en el Tour del Porvenir. Ayer, al bajar del podio mundialista, Sicard lo agradeció: «Si estoy aquí es por la Fundación Euskadi». La que le ha permitido explotar su talento. El terrible circuito de Mendrisio lo sacó a relucir. Atacó y atacó. Hasta que sólo el holandés Kreder resistió. En la última vuelta, mientras el resto de la selección francesa retenía al grupo -allí estaba también el vizcaíno Castroviejo, que concluyó 13º-, Sicard descubrió la debilidad de Kreder. Sentado, apretó. En la rampa más pina. Le dejó como si nada y ya no paró. El colombiano Betancur y el ruso Silin no tuvieron tiempo para alcanzarle. Ni fuerzas. Sicard es el mejor de su generación. Por empeño. «Para ganar hay que tener suerte y para tener suerte hay que atacar», dijo con la medalla barqueando al cuello. Es su lema.

Hecho en Toulouse

Vive en un lugar de surf y rugby. Las bicicletas en Hazparne son para ir a tostarse a la playa. Sicard, en cambio, se fijó en Induráin y en Jalabert. Y eligió la disciplina. Ingresó en el centro de alto rendimiento de Toulouse y dividió su día entre los libros y el velódromo. Así se hizo campeón francés de pista. «Es un rodador que sube puertos», define su entrenador en Toulouse, Michel Puntus. «Tiene físico y cabeza», prosigue. Y ese punto de rabia y orgullo que siempre corre por las venas de los elegidos. Lo recuerda Álvaro González de Galdeano, su director aún en el Orbea, el filial del Euskaltel-Euskadi. «En la Ronda d'Isard sufrió una pájara tremenda. No había visto nada igual». Sicard llegó hundido al hotel. «Estaba enfadado consigo mismo por haberle fallado a los compañeros», cuenta el técnico alavés. No le abroncó. Con Sicard no hace falta. Le motivó: «¿Sabes que hace un campeón al día siguiente de sufrir un desfallecimiento? Gana la etapa». Sicard calló y asintió. Unas horas después llegó el primero a la cima de Plateau de Beille. «Hizo una exhibición», recuerda Galdeano.

En el Orbea, Sicard ha aprendido temple. Corría sin medida. En su primera carrera del año, la Challenge de Mallorca, ganó la clasificación de los sprints especiales. Siempre en fuga. Inquieto. Meses después se coronó en el Naranco con la lección aprendida. «He seguido los consejos de Álvaro, que me pedía tranquilidad. He ganado un poco gracias a él», agradeció aquel día. Llevaba escapado desde el kilómetro 18. Nunca le ha gustado esperar. Le dio la espalda al surf, metió su adolescencia en una maleta, fue uno de los cinco ciclistas que cada año selecciona el centro de Toulouse y quiso correr como Thierry Elissalde en el equipo vasco. Ayer, antes de subir al podio, Madariaga le abrazó. Le prometió una mejora en el contrato. En julio fichó a un vascofrancés y ahora tiene un dorsal de oro.

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