La Fundación Miguel Ángel Blanco entregó su premio a los ediles constitucionalistas

F. GÓNGORA| VITORIA
Mari Mar Blanco, junto a José Ramón Chica y Mari Luz Anglada. / BLANCA CASTILLO/
Mari Mar Blanco, junto a José Ramón Chica y Mari Luz Anglada. / BLANCA CASTILLO

«Este premio recompensa tantas miradas de odio, tanto alejamiento, tanta soledad». Emocionados y nerviosos, Mari Luz Anglada, del Partido Popular, y José Ramón Chica, del PSE, concejales de la localidad guipuzcoana de Hernani, fueron ayer «los verdaderos héroes de este país a su pesar». Los dos tratan de hacer política en un pueblo donde bastantes vecinos muestran hostilidad a las ideas constitucionalistas y han sufrido, junto a sus familias, insultos y vejaciones. Viven escoltados, pero ellos son «los escoltas de la democracia», como subrayó la periodista Tonia Etxarri, que presentó el acto.

Ayer, Anglada y Chica representaban a un colectivo de 530 ediles, todos amenazados por ETA, que recibieron el duodécimo premio a la convivencia de la Fundación Miguel Ángel Blanco, una estatuilla de Agustín Ibarrola. La entrega del galardón se celebró en un hotel de la capital vasca, ante un auditorio en el que había concejales de todo el País Vasco y miembros del Parlamento y las Juntas Generales.

«La sociedad no puede olvidar ni minusvalorar su inmensa contribución a la democracia». Las palabras de Mari Mar Blanco, presidenta de la Fundación que lleva el nombre de su hermano, el concejal popular asesinado por ETA en 1997, querían reconocer así el coraje de los hombres y mujeres que están en el escalafón más bajo de la política, «pero que son imprescindibles y han hecho que Euskadi avance hacia una convivencia donde no quepa ser perseguido por un ideario», añadió.

Palabras de cariño, de ánimo, de esperanza por los nuevos tiempos que vive el País Vasco fueron pronunciadas por el parlamentario socialista Jesús Loza, también concejal, y el presidente de los populares, Antonio Basagoiti. «No somos héroes, somos gente normal», decía Chica. «Pero ¿qué hubiera sido de la democracia sin nosotros?», se preguntó Anglada.