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El hallazgo en la costa calabresa del 'Cunsky' con 12o bidones tóxicos confirma que la 'ndrangheta hundía en alta mar barcos con residuos nucleares y peligrosos
20.09.09 -

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El cementerio radiactivo de la Mafia
Ecologistas hacen pintadas sobre el 'Probo Koala', que vertió residuos en Costa de Marfil./ AP
Era una leyenda que circulaba desde hacía más de veinte años, pero en Italia cualquier cosa puede ser verdad: la 'ndrangheta, la mafia de Calabria -la punta de la 'bota' italiana-, hundía en alta mar viejos barcos llenos de residuos tóxicos y peligrosos, incluido material nuclear. Las 'navi a perdere' eran un negocio redondo, con estafa al seguro incluida, y un servicio barato para gobiernos y empresas, limpio y sin huella, lo ideal para un trabajo sucio. En realidad era algo más que leyenda, pues un fiscal, Francesco Neri, se volcó en esta historia en los noventa y recabó una montaña de indicios.
Como sucede a menudo en Italia, la verdad y la decencia civil suelen depender del empeño de individuos, no de instituciones. Neri, que se sintió abandonado y boicoteado, hablaba de 180 hundimientos bajo sospecha, pero el caso se archivó porque faltaba el cuerpo del delito, los barcos, y no había ganas ni dinero para buscarlos. Hasta que el pasado sábado encontraron uno a veinte millas de Cetraro, en la costa calabresa. Justo donde un capo 'arrepentido', Francesco Fonti, decía que había hundido uno personalmente en 1992, el 'Cunsky', con 120 bidones de escorias radiactivas de Noruega.
Un robot tomó imágenes de un buque, a 487 metros, que correspondía a la descripción y volvió a sacar a la luz un asunto que se hacía como que no existía. El relato del arrepentido se conoce, al menos, desde 2005, pues fue publicado por los medios. Fonti sabía directamente de 30 naves de este tipo. La principal organización ecologista italiana, Legambiente, calcula que son 50. Fonti asegura que con el 'Cunsky' hundió otros dos barcos, el 'Yvonne A', con 150 bidones de fango radiactivo, y la 'Voriais Sporadais', con 75 bidones. Fonti sabe que hay muchas más porque los capos los enumeraban al rendir cuentas de sus actividades en la reunión anual de clanes, en el santuario de Polsi, en el Aspromonte.
La mayoría de los barcos se hundían en casa, en el mar calabrés. Como en el caso de la Camorra, que entierra la basura tóxica en su propio suelo, uno de los aspectos más asombrosos de esta amoralidad profunda de la Mafia, extremo de la que rige en Italia, es un egoísmo suicida y una ignorancia primitiva. Dice un capo a otro en un diálogo grabado: «¿El mar? ¿Sabes cuánto nos la suda el mar? Piensa en el dinero, que con eso te lo buscas en otro lado...». Según Fonti, también llevaron buques a Somalia, Kenia y Congo.
De esta confesión emerge un cuadro complejísimo muy familiar en Italia: servicios secretos, políticos, masones, empresas y gobiernos de varios países... Fonti asegura que el Sismi, los servicios secretos italianos, les hacía los encargos. Pagaban, dice, de 2 a 15 millones de euros actuales y hasta les daban los coches para ir a buscar el dinero a Suiza. Todo ello, naturalmente, debe ser contrastado. Pero además de reabrir el caso, la prioridad es buscar los buques y encontrar la solución a cómo limpiarlos a tanta profundidad, pues no se ha hecho antes.
Comerio, hombre clave
Ahora surgen problemas que nunca se han querido afrontar. Porque esto se imaginaba hace años. En diciembre de 1990 el 'Jolly Rosso' encalló en una playa de la costa calabresa. Enseguida se sospechó del tráfico de residuos tóxicos, de un hundimiento fallido y de que la mercancía había sido descargada a toda prisa y sepultada en tierra. Las investigaciones se archivaron, pero estudios recientes han revelado un anómalo índice de radiactividad en la zona.
En el barco se halló documentación de la ODM (Oceanic Disposal Management), sociedad dedicada a la gestión de residuos nucleares dirigida por un controvertido personaje, Giorgio Comerio. Según la reconstrucción publicada años atrás por 'L'Espresso', tirando del hilo se descubrió que la Policía y los servicios secretos le conocían desde los ochenta. Fonti mantiene que es uno de los hombres clave de esta trama. Comerio trabajó con la UE en los ochenta en un sistema de eliminación de residuos en el mar que fue descartado, pero luego parte de la tecnología fue robada. Según los documentos judiciales de 'L'Espresso', Comerio siguió por su cuenta y habría alcanzado acuerdos con otros países. Unos 45, como Irak, Sudán, Brasil, la antigua Yugoslavia... y Somalia.
Aquí irrumpe en escena uno de los llamados 'misterios italianos', el asesinato de la periodista de RAI 3, Ilaria Alpi, de 32 años, y su cámara, Miran Hrovatin, el 20 de marzo de 1994 en Somalia, cuando cubrían la retirada de las tropas de la ONU. Aún sin aclarar, pronto surgió la sospecha de que murió por haber averiguado algo. Fue ejecutada por un comando, no se le hizo autopsia y desaparecieron sus notas. Los agentes italianos no colaboraron en el juicio, acogiéndose al secreto. Dos cámaras, de la ABC y de la cadena suiza RTSI, que viajaban en otro coche grabaron la escena. Los vídeos desaparecieron y ambos murieron después en extrañas circunstancias, según los datos de la asociación Ilari Alpi, que mantiene su memoria. Uno, en un hotel de Kabul y otro, en un accidente de coche en Lugano. Alpi acababa de investigar el tráfico de naves occidentales, con la sospecha de que descargaban basura industrial y radiactiva a cambio de armas.
Estas cosas siguen ocurriendo. Las estrictas leyes occidentales empujan a las empresas a envenenar los países pobres. A veces son noticia, como en 2006 con el escándalo del 'Probo Koala', de una compañía holandesa con sede en Londres, que vertió 500 toneladas de desechos tóxicos en Costa de Marfil. El informe de la ONU, concluido esta semana, cifra los afectados en 108.000 personas.
Infarto sospechoso
A estas alturas ya nadie duda de que el tráfico de residuos y la muerte de Alpi están relacionados. Un año después del crimen, cuando la Policía registró la villa de Comerio en Pavía encontró el certificado de muerte de Ilari Alpi. Por cierto, que luego ha vuelto a desaparecer. En la agenda de Comerio se halló una interesante anotación en el 21 septiembre de 1987: «Perdida la nave». Es la fecha de hundimiento del 'Rigel', otro de los buques bajo sospecha. Comerio sigue en paradero desconocido. El capitán Natale De Grazia, hombre de confianza del fiscal Neri que realizó estos hallazgos, se dirigía en diciembre de 1995 al puerto de La Spezia para hacerse con documentación de decenas de mercantes. Paró en la autopista a tomar un café y luego se murió. Un infarto, con 38 años. Aunque por fin empieza a asomar, averiguar la verdad en esta monstruosa historia será una ardua tarea.
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