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Jaime Mir, taxista, actor y el auxiliar más famoso del mundo, lleva medio siglo dando la cara en el ciclismo
13.09.09 -

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El bigote hace juego con su historia. Nació con él hace ochenta años. Un huérfano de la Barcelona de los años treinta no tenía derecho a la infancia. El juguete de Jaime Mir fue trabajar. De todo: taxista, animador de discoteca, actor de 'spaguetti-western' y hasta de películas de tres rombos... Pero en realidad es inventor: sacó de la nada un trabajo que no existía, el del tipo que siempre aparece en la pantalla tras el ciclista ganador; el que les atusa, peina y limpia; el que les coloca la gorra publicitaria. El 'bigotes' que sonreía tras Ocaña, los corredores el KAS y el Teka, y ahora tras los del Andalucía-Cajasur. Sus gafas de aviador han visto 26 ediciones del Tour, 14 del Giro y 39 de la Vuelta. De Bahamontes a Contador. Medio siglo con Mir.
Al 'bigotes' siempre le tiró el ciclismo. Andaba de taxista por Bacelona, de farra con periodistas del gremio, con los del 'Mundo Deportivo'. Le llamaban 'Taxi Key', un tipo que valía para todo, equipado de serie para salir adelante. Y el periódico catalán le propuso ser su chófer en el Tour de 1959, el que ganó Bahamontes. «Yo ya trabajaba para ellos, llevaba paquetes de periódicos al aeropuerto a las cinco de la mañana». Al Tour se fue con un 'Seat 600', el coche de la época. Chico para todo. Hasta para inventar. Dalmacio Langarika, el mítico director del KAS, le llamó para una Volta a Cataluña. De chófer también. A mil pesetas la etapa, un dineral. Ahí llegó su invento.
«Aprendí mucho de la mujer de Anquetil. Metía a Jacques en una roulotte nada más llegar a la meta y cuando salía para el podio parecía un gigoló. El resto de los ciclistas llevaba la gorra al revés, o de lado. O de cualquier manera. Y Anquetil, como un pincel. Yo lo vi y lo implanté en el equipo KAS, el primero en tener un microbús de 17 plazas», recuerda. El de los años cincuenta o sesenta era otro ciclismo: «El corredor iba con alpargatas. Ésa es la verdad. Íbamos como a la mili, con la maleta de madera. En las metas no había auxiliares. Estaba yo solo. Atendía a los corredores de todos los equipos. Los directores me daban gorras y yo se las ponía. Les limpiaba las caras».
Vivió desde dentro la gran historia del KAS, pero tuvo un final torcido. «Fue el único equipo que me echó a la calle. Por tres motivos. Porque los domingos no me levantaba para ir a la misa de siete. Porque perseguía a las camareras de los hoteles. Y porque una noche, al acabar el Tour, subí a bailar al escenario del Follies Bergeres. Eso no le gustó a Langarika y me echaron». Pero es que Mir es así. Incluso de actor.
Al 'bigotes' lo reclamó el director José María For para que le asesorara sobre el ciclismo. Iba a rodar 'Las piernas de la serpiente', una película sobre ciclismo. Mir interpretó un pequeño papel. Acudió al estreno, en el cine Kursaal de Barcelona, y allí se lo propusieron: «Me dijeron que con mi pinta de 'hijo de puta' y con ese bigote de mexicano seguro que me fichaban para las películas de vaqueros», recuerda. Aunque no fue tan fácil. Tuvo que aprender a montar a caballo. Cuando lo dominó volvió al estudio y puso su nombre a 120 películas, de western y eróticas muchas de ellas.
La afición vasca
Compaginó cine y ciclismo. Aquellas Vueltas a España de los años sesenta y setenta. «Estuve en todas las que organizó EL CORREO, hasta que pasó lo del bombazo (atentado de ETA). Las Vueltas de Bergareche, Olartúa, Albéniz y el doctor Salinas. Eran cuatro señores. Y la afición vasca es como la del Tour. Entusiasta. Allí se entiende el ciclismo de verdad. Ojalá volvamos algún día». La ronda orbitaba entonces sobre Bilbao. Escenario de mil recuerdos: «Hay un puente que se eleva (el de Deusto). Iba Martín Piñera escapado. Y yo con él. Entonces, él vio de lejos que la carretera se elevaba y se extrañó. Me dijo: 'Mir, pero si aquí no hay ninguna cuesta'. Y era el puente, que se levantaba. Tuvimos que parar».
Mir ha escudado a los mejores. Y, para él, el mejor fue «uno que ya ha muerto». Luis Ocaña. «Y también Pérez Francés. Los tuve a los dos en el Bic. Luis era rebelde, tenía una clase, un temperamento...». Inmediatamente le sale otro nombre. De mito. «Anquetil. Era un señor de pies a cabeza. Sólo tenía un defecto: que a la hora de cenar los demás bebían agua y él champán 'Don Perignon'. Pero daba igual, al día siguiente andaba como un diablo». Mir le vio ganar y también morir. «Mira, las últimas grandes comidas de Anquetil en España las hizo conmigo. Le invitaron a la Vuelta. Él sabía que sólo le quedaban dos meses de vida. Santiago Revuelta, patrón del Teka, me dijo: 'Mir, que no le falte de nada'. Anquetil sabía que se moría, pero disfrutó hasta el final».
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