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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

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Ciclismo. Vuelta a España

Lance Armstrong ficha al guipuzcoano Markel Irizar, que también superó la enfermedad y al que dedicó una victoria en el Tour

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Lo que el cáncer une
correrá junto a Armstrong. / EFE
Hay palabras que se clavan. 'Cáncer' es una de ellas. A Markel Irizar se le hincó una noche en la Vuelta al Goierri 2002, una carrera amateur. Uno de sus compañeros de equipo le habló del repentino final de una amiga, fallecida tan joven. Víctima de esa palabra. Irizar se temía algo. El presentimiento. «Ese mismo día me noté un bulto en un testítulo», recuerda. El miedo. ¿Qué será? Había leído la autobiografía de Armstrong, el campeón que batió al sprint a la enfermedad. «Cuando lo leí, pensé: si esto me pasa a mí, me hundo». Y aquel día empezó a pensar que podía sucederle. «Me asusté». El miedo le salvó. Acudió rápido a un médico, pasó por el quirófano y por la extirpación del testículo. Tras la biopsia del trozo amputado escuchó una palabra aún peor. La peor: «Maligno». Se derrumbó. «Tengo 22 años y voy a morir», pensó. Hoy tiene 29, corre en en el Euskaltel-Euskadi, ha visto nacer a su primer hijo, espera al segundo y se ha comprometido para correr las dos próximas temporadas en el RadioShack, el equipo de Armstrong. Unidos por el cáncer.
«Fue una sorpresa, me llamaron ellos y me ofrecieron dos años de contrato. Yo siempre he renovado por un año. Y ahora que espero otro hijo, es una gran oportunidad... Me da pena porque han sido seis grandes temporadas en el Euskaltel. Pero para mí correr con Lance es un sueño. No lo hubiera creído nunca», dijo ayer. Armstrong ya se había interesado por Irizar cuando supo de su cáncer. «Primero me envió una carta de su puño y letra. Luego un e-mail». Mientras a Irizar le consumía la quimioterapia, el americano ganaba otro Tour. Y al llegar a París, escribió una dedicatoria en el libro de ruta de la ronda gala, la metió en un sobre y lo envió a Oñati, a la casa del entonces ciclista amateur.
Este año, en el Tour Down Under, coincidieron. Irizar le buscó y le agradeció aquel ánimo. En su idioma común: de superviviente a superviviente. «Su lucha contra el cáncer a través de su Fundación nos ha unido. En su día se portó muy bien conmigo. Ahora recauda dinero para esta lucha y el granito de arena que yo pueda aportar será bienvenido».
Dicen sus amigos que Irizar es metódico, testarudo, un duro en los entrenamientos y, sobre todo, que es feliz. Basta una anécdota para reflejarlo: en Zudaire (Navarra) hay un pequeño hotel. Irizar se alojo allí durante una carrera amateur. Todos sus compañeros firmaron en el libro de visitas, menos él. Se le pasó. Tiempo después volvió a pasar allí una noche. El hostelero, al ver que era ciclista, le pidió que firmara en el libro. Como recuerdo. Irizar le contó que ya había estado allí y que no recordaba haber firmado la vez anterior. Al dueño le extrañó. Así que pasaron hacia atrás las hojas del registro de clientes y allí aparecieron las rúbricas de todos los compañeros de su equipo. Incluida la de Markel, aunque no la había escrito él, sino sus amigos: dejaron escrito el apodo de Irizar, 'Bizi-poz', que en euskera es algo así como el que tiene 'alegría de vivir'. Así le veían. Así es.
Aunque le tocó llorar. Sobre todo aquel día desde la consulta de Beasain, el lugar donde se la clavó la palabra maldita, hasta su casa en Oñati. Había ido solo. Y volvía acompañado de un cáncer. Cuatro años antes había perdido a su padre. Y esa mañana tenía que decirle a su madre lo de la enfermedad. Las lágrimas duraron 31 kilómetros, los que hay entre Beasain y Oñati. «A mi ama se le vino el mundo encima. Intentaba aparentar que estaba bien, pero no lo conseguía». Eso fue lo peor. Primero el marido y ahora el hijo, su único hijo. Ahí, poco a poco, empezó a recomponerse 'Bizi-poz'. Los médicos le dijeron que el diagnóstico era malo pero que habían llegado a tiempo.
Tratamiendo cruel
«Al principio creí que había corrido ya mi última carrera». Enseguida se animó: «Si otros se han salvado, yo también». Pensó en Armstrong, en el increíble relato de gran dominador del Tour. Antes de padecer la enfermedad, Irizar había enviado una carta de apoyo al corredor estadounidense. En inglés. «Me devolvió una tarjeta de agradecimiento». Luego, cuando el guipuzcoano cayó enfermo, fue Armstrong el que se preocupó por él. Dos usuarios de la quimioterapia. «Hay días que el tratamiento te destroza». Las primeras semanas de 'quimio' fueron menos crueles. «Incluso salía al monte y hacía algo de rodillo». Quedaba el final: «La última semana sólo pensaba en volver a casa y cerrarme en mi habitación». No comía y no dejaba de vomitar. Echó hasta el aire que tenía.
Unos meses después, en marzo de 2003, se presentó con el equipo Orbea-Olarra, filial del Euskaltel-Euskadi. «El cáncer tendrá que ser mi victoria más importante», declaró. Desde entonces y durante diez años pasará revisiones. Por si vuelve la palabra maldita. 'Bizi-poz' se convirtió en ciclista profesional en 2004, con el Euskaltel-Euskadi. Aún no tiene triunfos. O sí: «Decían que con el cáncer testicular igual no podía tener hijos, pero parece que mis 'bichitos' están vivos». Tiene un hijo y espera otro para febrero. Figuran en su palmarés, como la victoria ante el cáncer. La enfermedad que le ha unido a Armstrong. «Hemos pasado por lo mismo».
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