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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Más deporte

Remo. A dos días de la bandera de La Concha

La fabricación de las traineras ha experimentado una importante evolución desde la madera a la fibra de carbono, producto con el que las embarcaciones son más ligeras y resistentes

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Los bólidos del mar
Varios operarios trabajan en una trainera. / M. SALGUERO
Nada tienen que ver, salvo por el nombre, las actuales traineras (gráfico) con aquellas otras que hasta 1910-1920 -aparición del vapor- competían por llegar cuanto antes a puerto para obtener el mejor precio posible por el pescado capturado. La madera con la que se construían aquellas embarcaciones -fue el germen de las actuales regatas- se ha sustituido por la fibra de carbono, un material más ligero, rígido y duradero, y el diseño ha evolucionado tanto que se han convertido en auténticos Fórmula 1 del mar.
A partir de 1915, aproximadamente, las traineras se construían con el único objetivo de competir y en las regatas de La Concha de 1916, Getaria se presentó con la 'Golondrina', una embarcación de 400 kilos, cien menos que las otras seis que rivalizaron ese año. Aquella embarcación se construyó en un astillero de Mutriku. A partir de 1920 dos carpinterías de ribera monopolizaron el mercado. Eusebio Lazkano de Getaria y, sobre todo, Víctor Arriola de Ondarroa.
Tras la Guerra Civil se produce una eclosión de pequeños astilleros y casi todos los competidores contaban con un par de traineras que empleaban según las condiciones de cada regata. En 1942 comenzó el reinado de Ikazeta, una empresa de Orio, que adquirió prestigio por la calidad de sus acabados y el diseño hidrodinámico de sus embarcaciones. La hegemonía de esta firma perduró hasta 1986, aproximadamente, año en el que Pasai Donibane se impuso en La Concha con una trainera construida por Fontán en su astillero de Pasaia. Olaziregi de Hondarribia también fue otra de las firmas de prestigio.
Una de las mayores transformaciones en el mundo del remo se produjo en la década de los noventa con la inclusión de la fibra de carbono, material que ha mopolizado el mercado, aunque Fontán realizó un híbrido de madera y fibra que no cuajó. La firma vizcaína Compoplast, con sede en Bakio, sacó al mercado en 1991 un modelo que no funcionó por ser muy inestable. Tres años más tarde, el constructor Pedro Cuesta fabricó para Meira la primera trainera reglamentaria realizada con este material y de su fábrica en Lugo salieron alrededor de 40 embarcaciones.
Era un bote, que todavía emplean algunos clubes en regatas concretas, y que se amoldaba mejor a pruebas en ría que en mar. Los botes del oriotarra Amilibia, que en la actualidad es el único que se dedica a la fabricación de traineras, trainerillas y bateles, resultan más polivalentes y son los que han terminado imponiéndose. En la última clasificatoria de La Concha, sin ir más lejos, las 24 embarcaciones que compitieron habían salido de la fábrica guipuzcoana, que en la actualidad construye una media anual de 6 traineras por encargo. Su precio ronda los 30.000 euros.
Todas salen del mismo molde base, aunque cada entrenador ultima luego con el constructor el resto de particularidades cuidando hasta el más mínimo aspecto. «Un equipo ligero lleva el peso más a proa. Estos detalles son muy importantes porque el hecho de que una embarcación vaya un centímetro más a proa o popa hace que varíen sus líneas», explica Juan Luis Amilibia. Los clubes, por lo general, cambian de traineras cada dos o tres años.
El proceso de fabricación comienza con la aplicación de pintura en un molde de poliester sobre el que se obtendrán las dos mitades del casco, de unos 16 centímetros de grosor, que luego se encolarán -el casco, sin accesorios ni elementos móviles, debe tener un peso mínimo de 185 kilos y 200 la embarcación completa para ser homologada-. Tras aplicar el color del club solicitante se coloca la fibra de carbono -entre 30 y 40 kilos aproximadamente por trainera- impregnada con resina de epoxy y se pone sobre ella una malla denominada panal de abeja. A continuación, se cierra herméticamente con una lona de plástico y se realiza el vacío. Por último, sobre la malla se aplica otra capa de fibra y tras unir las dos mitades del casco se colocan las cuadernas, careles, sobrequilla y el resto de elementos como bancadas, toleteras... El proceso puede durar alrededor de una semana.«Las traineras de madera cogían una media de entre diez y doce kilos de peso al año y las de fibra son más resistentes y de fácil reparación», explicó Amilibia.
Al igual que las embarcaciones, los remos también han experimentado una gran evolución. Hacia el año 1900, estaban realizados en madera de haya con una longitud de entre 3,80 y 3,95 metros y un peso que variaba entre los 4 y 4,5 kilos, mientras que desde finales de los 90 son de 3,60 metros y menos de 2 kilos de peso. Esta mejora también ha sido posible gracias a la inclusión de la fibra de carbono. La mayoría de los remos actuales, excepto el que utilizan algunos patrones para el gobierno de la trainera, son de este material. Su uso, sin embargo, no se popularizó hasta que Castro ganó con ellos La Concha en 2001.
Existen dos modelos: los que fabrica Amilibia y los denominados lituanos que se elaboran en una empresa de Braça. La diferencia reside en la pala. Los primeros, que utilizan sobre todo Kaiku y Astillero, «son más hidrodinámicos y requieren más control, mayor habilidad, mientras que los otros no se sumergen tanto», apuntaron varios entrenadores. Una de las últimas aportaciones al mundo del remo ha llegado de la mano de las nuevas tecnologías. En 2003 se empleó por primera vez el sistema GPS en la Bandera de La Concha. Aquel aparato de 5 kilos de peso ha evolucionado bastante y dista mucho de la pequeña caja de apenas dos kilos y medio que ahora de instala en la popa de las traineras en todas las regatas importantes y permite disponer en todo momento de referencias exactas, así como la calle por la que transita cada uno.
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