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27.08.09 -

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Blindado y aislado
JOSÉ IBARROLA
E l pasado 15 de agosto llegaba con mi familia al aeropuerto de Barajas procedente de un vuelo internacional. Al pasar el control de pasaportes, observé que quienes nos habían precedido pasaban de forma inmediata, pero en cuanto llegamos nosotros, la joven policía metió los pasaportes en un artefacto que los escaneaba. Sorprendido, le pregunté a la funcionaria por qué. Me miró sorprendida e, ingenuamente, me contestó con dos palabras: «Apellidos vascos».
La respuesta no dejó de desconcertarme, sobre todo por el sinnúmero de apellidos castellanos e incluso portugueses e italianos que han nutrido los comandos de ETA, pero también en eso la simplificación de lo vasco había logrado, gracias a un terrorismo ciego y absurdo, situaciones como la que estaba viviendo.
De ahí que cuando en el vuelo a Bilbao leí en todos los periódicos las reflexiones hechas por Patxi López al comentar sus cien días de Gobierno, no pude estar más de acuerdo con él en lo relativo a un fenómeno que nos acompaña como sociedad por espacio de cincuenta años. De todas maneras, López no había dicho nada que no hubiesen dicho en su día Garaikoetxea, Ardanza e Ibarretxe, llegando el actual lehendakari a ratificar a la directora de Atención a las Víctimas nombrada por Ibarretxe, mientras Ares en esos cien días había reconocido el trabajo del anterior consejero, Txabi Balza. Nada nuevo había pues en este capítulo, salvo que ETA, con el PNV fuera de Ajuria Enea, había seguido actuando, como siempre. Y lo digo como novedad, pues algunos creían que el problema no era ETA, sino el PNV.
Aunque, pensándolo bien, no habría estado nada mal que, como logro político de esos cien días, hubiera anunciado López el ingreso de la Ertzaintza, como policía integral, en los acuerdos Schengen, Pues no. No hubo anuncio alguno salvo las generalidades de rigor, con las que nadie puede estar en desacuerdo.
De los cien días transcurridos, me llamó la atención el énfasis que había puesto en resumirlo con dos palabras al referirse al pacto con el PP: «Blindado y aislado». Me costó entender lo de 'blindado'. No me parece muy comprensible que el PSE blinde nada con el PP, si no hay de por medio un férreo frentismo español excluyente, un poderoso cemento para blindar lo que en política jamás es susceptible de blindaje, como son las relaciones políticas. Bien es verdad que Fernández Ordóñez nos repetía que la ideología cabe en la punta de una servilleta y lo demás son relaciones personales, pero yo no acababa de entender cómo nadie del Partido Socialista le habría dicho nada al señor Antonio Basagoiti cuando, tras el condenado atentado de Mallorca, dijo aquella barbaridad propia de la Ley del Talión: «Lamento que la bomba no les explotara a los propios etarras».
Ya en su día Fraga había explicado que el mejor terrorista es el terrorista muerto y al parecer el señor Basagoiti, en lugar de asumir el discurso de una derecha democrática, europea, aseada y con valores, ha asumido el viejo discurso de Fraga, con el aplauso entusiasmado de sus socios incondicionales. Si el final de ETA lo ven así, que Dios nos coja confesados.
Y volví a pensar en lo del blindaje y me acordé del pobre Ibarretxe, que un buen día había dicho que su Gobierno era «el cauce central de la política vasca», y todos le cayeron encima, aun cuando un cauce siempre admite afluentes que amplían el caudal. Pero ya se nos dirá cómo un cerrado blindaje abre posibilidad alguna a terceros.
Y recordé cómo el señor López, muy a pesar de él, había apoyado los Presupuestos del señor Ibarretxe, pero no por generosidad, ni por evitar filibusterismo alguno, sino por algo sencillo y fácil de entender: porque nosotros en las Cortes Generales aprobábamos los Presupuestos Generales del Estado del señor Rodríguez Zapatero. Y a él le tocaba hacer lo mismo con el señor Ibarretxe .
Lo que sí me llamó la atención fue lo de un Gobierno «aislado». Y lo volví a leer. Quería decir, que pasase lo que pasase en Madrid, en el que un día sale la señora De Cospedal y dice que Zapatero ha implantado un régimen policial y, al día siguiente, el señor Arenas dice que aquí el único partido corrupto es el PSOE, adjetivos multiplicados por dos al ser respondido por el señor Rubalcaba, y demás políticos de guardia veraniega, destacando todos que en Euzkadi existe un oasis, porque el País Vasco es una cuestión de Estado donde vale todo. El fin, como se ve, justifica todos los medios.
Y lo hemos visto en estos cien días. Una presidenta del Parlamento vasco erdeldun y con un curioso tratamiento selectivo de las víctimas. Una elección frentista de una senadora del PP, votada por el PSE, quitándole al PNV su mejor derecho, mientras en Valencia llevan bloqueando el nombramiento de Leire Pajín como senadora durante tres meses. Una especial relación con la Conferencia Episcopal mientras en Euzkadi se trata de degradar a la Iglesia católica dándole el tratamiento de una secta, sin respetar todo ese mundo de tradiciones que durante milenios han sido parte sustancial del paisaje moral vasco. Un cierre a cal y canto del Parlamento vasco, mientras en Madrid, en julio y en agosto, ha habido plenos extraordinarios en el Congreso y en el Senado. Una absurda convocatoria a los diputados generales sin el lehendakari para evitar una fotografía de unidad para encarar con eficacia los efectos de la crisis, no fuera a ser que el PP se molestara. Y un intento manifiesto de demostrar que el PP de Euzkadi nada tiene que ver con el PP de Madrid, cuando orgánicamente son lo mismo.
Sí reconozco que en estos cien días el botafumeiro mediático ha actuado noche y día, y hagan lo que hagan el señor López y su señora esposa, todo es fantástico. Hasta el pincho de tortilla con el que desayuna, cuestión ésta que los médicos desaconsejan. Porque, hablando de comestibles, algo más podía haber hecho el señor López a la hora de promover la gastronomía y los productos vascos ante el señor Revilla, que le ha vendido sus anchoas sin que él supiera que Conservas Ortiz o Garavilla, y muchas más, le dan sopas con honda a los productos que con tanto descaro populista nos vende el presidente cántabro.
ada pues en estos cien días sobre la fracasada Fuente de Espalación. Nada sobre transferencias salvo una rueda de prensa en La Moncloa de Zapatero con López, sin anuncio concreto sobre nada, con muchas palmadas en la espalda y con tratamiento propio de un delegado del Gobierno, colega partidista, pero sin resultado alguno. Entiendo que las visitas de Ibarretxe a La Moncloa eran para Zapatero como la visita del dentista, pero eso tiene que ser un lehendakari, porque para una partida de mus sólo hace falta irse a una casa del pueblo y coger a tres parroquianos.
«Te quiero José Luis -le decía Montilla a Zapatero en un mitin- pero más quiero a Catalunya». Algo así sería imposible escucharlo por estos lares, en los que la nada con sifón es el programa de gobierno y la improvisación, cubierta de grandes palabras, la gasolina del Ejecutivo.
Todo como se ve muy impropio del momento que vivimos, cuando un liderazgo claro, constante, ilusionante e incluyente, recio es lo que debería haberse impuesto. Pero no es así. Quizás la explicación esté en la pregunta que le hicieron en la red social Twitter sobre por qué en su DNI aparece el nombre de Francisco Javier y no el de Patxi: «Porque en la época de Franco no se podía poner el nombre de Patxi». Pues sí. Tiene razón. Pero hoy sí se puede. Desde hace casi treinta años. ¿Por qué no lo hace? ¿Tendrá miedo de que un policía escanee su DNI? No lo creo. ¿Por qué razón un responsable público no hace legal lo que para otros es una obligación? Muy sencillo. El lehendakari está de vacaciones, y es un poco indolente. Por eso, estos cien días son los cien días de Alicia en el País de las Maravillas. Y así nos va. Blindados y aislados.
Después de que el lehendakari López definiera como «blindado y aislado» su pacto con los populares vascos, al autor no le parece «muy comprensible que el PSE blinde nada con el PP si no hay por medio un férreo frentismo español excluyente»
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