«No añoro las alianzas con el PNV porque nos fue muy mal»

Defiende el cambio de Gobierno y rechaza que el pacto del PSE con el PP sea frentista

DAVID GUADILLA
Recalde descansa en su casa de San Sebastián acompañado por su perro 'Chusi'. / FOTOGRAFÍAS: IGNACIO PÉREZ/
Recalde descansa en su casa de San Sebastián acompañado por su perro 'Chusi'. / FOTOGRAFÍAS: IGNACIO PÉREZ

A punto de cumplir 79 años -a primeros de agosto- y tras sobrevivir al tiro a bocajarro que le disparó en 2000 un etarra a la salida de su casa en San Sebastián, José Ramón Recalde mantiene una salud física y mental envidiable. Se enfada con la enciclopedia digital wikipedia porque pone que nació en 1932. «Y no, fue en 1930, siempre me quitan dos años», afirma rotundo mientras descansa en su domicilio donostiarra. La bala que le atravesó la cara le dejó alguna secuela al hablar, pero no borró su lucidez. Rodeado de libros y acompañado por su familia, el que fuera consejero de Educación y luego de Justicia con José Antonio Ardanza afirma estar «jubilado» de la política. Quizá esa distancia es la que le permite ser autocrítico con aquellas alianzas entre el PNV y el PSE, las que, según las encuestas, prefiere la mayoría de la sociedad vasca. «Yo soy de la minoría, no las añoro. Nos fue muy mal», sentencia.

Miembro del Consejo de Estado desde principios de año, Recalde y su mujer, María Teresa Castells -dueña de la librería donostiarra Lagun, atacada en numerosas ocasiones por los radicales- son un símbolo de lo peor y lo mejor de Euskadi; del acoso violento y de la no rendición frente a un terrorismo al que la sociedad dejó demasiados espacios de «impunidad». «Fuimos muy solidarios con las posiciones de ETA durante el franquismo».

-Como veterano militante socialista, ¿cómo valora los primeros meses de Gobierno de Patxi López?

-Muy positivamente. El simple hecho de que haya habido ese cambio es muy positivo. Y los primeros pasos también lo están siendo. Creo que Patxi está actuando con sensatez, con claridad, señalando una serie de objetivos que está cumpliendo.

-¿Imaginaba hace veinte años que un miembro del PSE podría ser lehendakari?

-Lo veía como muy lejano. Imposible no, porque, además, yo siempre he pensado que en la preautonomía hubo un socialista, Ramón Rubial, a quien el nacionalismo le negó el título de lehendakari. Por eso pensaba que se podía repetir. Aunque reconozco que lo veía muy complicado.

-¿Y que fuese Patxi López?

-La verdad es que me ha extrañado mucho. Pero eso es lo que pasa con la gente, que hasta cierto momento no se la ve. Y Patxi ha cambiado. Si miro al pasado, sólo veo en él a un sindicalista, a un militante de partido. Yo pensaba que para lehendakari hacía falta más... y es evidente que ha hecho falta más.

-¿Minusvaloraba la 'vieja guardia' del partido al actual lehendakari? ¿Es cierto que para muchos sólo era el hijo de 'Lalo'?

-Sí pasaba un poco de eso. No pensábamos que podría dar la talla y actuar con la claridad y serenidad que tiene ahora. Seguramente ha sufrido un baño de realismo, y eso le ha llevado a posiciones centradas, que no son progresistas ni regresivas. Se ha adaptado a la realidad desde una perspectiva muy claramente socialista. Pero, bueno, creo que estoy hablando demasiado bien de él.

-¿A qué se refiere con ese baño de realismo?

-Era un poco funcionario de partido, y eso lo ha superado.

-¿Tan necesario era el cambio en Euskadi?

-Para mí era fundamental. Algunos han venido a decir que habrá que ver si se consigue algo. Se equivocan; ya se ha conseguido. Y es algo positivo para Euskadi. Treinta años bajo el Gobierno del PNV es mucho decir. Aprovechar todo al máximo desde una perspectiva de partido e ideológica nacionalista era algo que había que cortar. Había una identificación Gobierno, partido e ideología nacionalista. La idea de los 'nuestros', un viejo principio del nacionalismo, eso lo tenían muy presente. Creo que se han quedado sorprendidos por la pérdida del poder. De pronto se les ha desmontado todo el sistema que tenían.

-¿Qué opina del pacto con el PP?

-En los pactos siempre hay que dejar algunas posiciones, pero también veo que el PP en Euskadi está actuando con bastante más realismo y sensatez que en otros sitios. Basagoiti lo está haciendo bien. Además, creo que tiene una cualidad muy importante, el sentido del humor, y eso está muy bien.

-¿No es frentista?

-Lo que fue frentista y muy grave fue el pacto de Lizarra, hecho con gente que no era demócrata, que no aceptaba las reglas del juego institucional. Ahora basta ver cómo el PSOE y el PP se atacan en otros sitios para pensar que no es un frente, simplemente es una alianza importante para acabar con lo que existía. Tiene una duración limitada y, además, estamos hablando de un Gobierno monocolor del PSE.

-¿No añora las viejas alianzas entre el PNV y el PSE?

-No, porque nos fue muy mal. Mucha gente me dice que tengo un juicio muy peyorativo sobre aquellos años, que se hicieron cosas... Seguro, pero también se abandonaron posiciones fundamentales. Y si en política se hace eso, no es un acto de generosidad, sino de debilidad. Entonces aposté por la manera en cómo entramos, pero he hecho una fuerte autocrítica. Después de haber ganado, no se puede ceder a otros la Lehendakaritza.

La época de Ardanza

-¿Qué falló?

-En teoría iba a ser un pacto al 50%, pero Ardanza enseguida dijo: «yo nombro a los consejeros». Desde un punto de vista institucional era así, pero no desde el punto de vista político. Y no solamente eso.

-Veo que no tiene un gran recuerdo de José Antonio Ardanza.

-Impuso unas reglas... Yo mismo en Educación me sentía puenteado. La escuela privada y las ikastolas iban directamente al lehendakari cuando yo ponía dificultades presupuestarias o de racionalización. Y a Fernando Buesa le pasó lo mismo. No tengo demasiada añoranza de aquellos años. Hombre, Ibarretxe ha sido mucho peor.

-¿Pero qué posturas abandonó el PSE?

-Si fuimos los primeros, teníamos que haber gobernado nosotros. El lehendakari tenía que haber sido nuestro.

-¿Y por qué en todas las encuestas esos pactos son los más valorados?

-Pues no sé que decirle. Pero eso no lo dicen todos, lo dice una mayoría. Y yo, claramente, pertenezco a la minoría.

-¿Es partidario de dar la Diputación de Álava al PP?

-Es una cuestión que yo tomaría con calma. Pero en la medida en que los diputados generales del PNV se han alzado en armas contra el Gobierno, pues igual ha llegado el momento de quitarle una diputación.

-¿Y cómo valora la propuesta de estabilidad institucional presentada por el PNV?

-Bien, que haga las propuestas que quiera. Pero se aceptarán si se respeta quién es el Gobierno.

-Algunos de sus compañeros temen que forme parte de una estrategia para debilitar el acuerdo con los populares.

-Pero eso forma parte del juego lícito de la política. No me parece mal que haga esas cosas. Otra cosa es que el resto nos veamos obligados a aceptar lo que nos ofrece.

-¿Va a haber cambios ideológicos en el PNV al estar en la oposición?

-Espero que pueda haber una reflexión. Sobre todo, porque en un partido no todos piensan lo mismo; y el PNV no es una excepción. Los que no son soberanistas o 'ibarretxistas', que también los hay, que hagan un juicio crítico de por qué han perdido el poder.

-Eso sería asumir las tesis de Josu Jon Imaz, y el ex presidente del PNV acabó como acabó.

-Antes he sido duro conmigo mismo, ahora lo soy con Imaz: creo que no se tenía que haber retirado tan pronto. Tenía que haber seguido dando la batalla.

-¿Qué opina de Urkullu?

-No es un hombre de Imaz. Tiene una vena soberanista muy presente, sólo espero que toda su sangre no sea la que circula por esa vena. Es un nacionalista que no voy a llamar radical, pero sí identitario.

-Una de las metas que se ha puesto este Gobierno por delante es la deslegitimación del terrorismo, una tarea que ha comenzado con la retirada de las fotografías de los presos etarras.

-Creo que es necesario dar pasos en ese sentido, pero hay que ser prudentes. Un Estado de Derecho es bastante más difícil de llevar que uno autoritario, que se sostiene por la fuerza. El nuestro tiene que permitir campos de libertad a los demás. Dicho esto, creo que no era tolerable la apología continua que había de la violencia de ETA.

-¿Pero le parece correcta la retirada de las fotos?

-Sí, pero habrá que ver qué dicen los jueces.

-¿Se han dejado demasiados espacios de impunidad a ETA y su entorno?

-Sí, pero eso es viejo. Incluso en el franquismo nos sentíamos muy solidarios con las posiciones de ETA. Teníamos que haber luchado cuando les condenaban a muerte, pero no fueron buenos ejemplos alegrarse de algunos crímenes de ETA.

-¿Toda la sociedad tiene que hacer autocrítica?

-Por lo menos muchos ciudadanos. Hemos pasado épocas en las que confundíamos la lucha por la libertad con la utilización de la violencia.

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