Más de 24.000 vascos perderán su empleo antes de que acabe el año 2009

Se extiende entre los expertos el temor a un cierre masivo de empresas a partir de septiembre

MANU ALVAREZ
Las protestas sindicales contra las medidas de ajuste laboral marcan la crisis. En la foto, manifestación de ELA en Vitoria contra los EREs impuestos. / JESÚS ANDRADE/
Las protestas sindicales contra las medidas de ajuste laboral marcan la crisis. En la foto, manifestación de ELA en Vitoria contra los EREs impuestos. / JESÚS ANDRADE

Todo parece indicar que, a la vuelta de las vacaciones de verano, la crisis económica entrará en una nueva fase. Un periodo en el que la distancia entre el mensaje de economistas y representantes institucionales se alejará más que nunca de la percepción individual que tendrá cada ciudadano. Así, frente a los mensajes del primer grupo, que adoptan ya formulaciones como «las cosas van a mejorar», «iniciamos la fase de aterrizaje», la «caída se desacelera» o «hay indicios de recuperación», los habitantes del País Vasco tendrán la impresión de que la situación es mucho peor que antes del verano. ¿La razón de esta brecha? El notable aumento del paro que se producirá en los próximos meses, fruto de la debilidad acumulada por las empresas y de las escasas perspectivas de una recuperación rápida.

A finales de junio había algo más de 116.000 personas registradas como parados en busca de empleo en las oficinas del Inem de Euskadi. Al acabar el año, la cifra puede situarse por encima de los 140.000 -lo que supone 24.000 parados más en el segundo semestre- si se toma una 'predicción central'. Esto es, la que discurre entre la que formulan los analistas más pesimistas y la de los más optimistas. La cifra no es descabellada si se compara con los 20.000 parados que engrosaron la nómina del Inem en la comunidad autónoma entre junio y diciembre del pasado año.

Eso sí, Euskadi seguirá manteniendo, incluso a pesar del agravamiento de la situación, una mejor posición que la de la media española. Así, para finales de este año, la tasa de paro del País Vasco puede situarse ligeramente por encima del 13% -ya está en el 10,52%- mientras que la española puede escalar hasta un demoledor 20%.

Seguimos hacia abajo

Las últimas estimaciones realizadas por Caja Laboral apuntan a que la economía vasca caerá este año en torno a un 3,12%. Una tasa siete décimas más negativa que la última estimación oficial del Ejecutivo vasco. «La razón de esa diferencia -aclara Joseba Madariaga, responsable del Servicio de Estudios de la entidad financiera- es una cuestión temporal. La predicción del Gobierno está hecha en marzo y la nuestra es más reciente». Conclusión, se mantiene invariable la tendencia que pervive desde el inicio de la crisis. Cualquier previsión es ampliamente corregida por la siguiente, hacia su vertiente más negativa.

El optimismo desmedido -«Euskadi no entrará en recesión», se atrevía a decir la ya ex vicelehendakari Idoia Zenarruzabeitia a mediados de marzo- se transformó en incertidumbre y ahora estamos ya en la fase de miedo. Portavoces cualificados del área económica del Gobierno vasco no ocultan que se ha asentado una especie de «sicosis»: la posibilidad de que a la vuelta de las vacaciones se produzca un cierre masivo de pequeñas y medianas empresas o una nueva oleada de expedientes. Esta vez no de suspensión, sino de extinción, después de que las compañías hayan agotado buena parte de sus 'huchas' en atravesar el desierto de los últimos doce meses.

«No hay datos concluyentes para pensar que en septiembre, en diciembre o a principios de 2010, pueda haber una debacle masiva de empresas, pero lo cierto es que sí existe la sicosis de que algo negativo puede suceder a la vuelta de las vacaciones», asegura José Ramón Mínguez, socio de la firma Barrilero y Asociados y uno de los principales expertos del País Vasco en 'cirugía empresarial'.

Ese temor puede ser exagerado, pero tiene alguna base de sustento. «Las empresas han recorrido un camino para intentar sortear la crisis, con la esperanza -recuerda Mínguez- de encontrar la recuperación en el trayecto. Han cubierto buena parte de esa travesía, ven el precipicio al fondo y no encuentran datos de recuperación. Comenzaron el ajuste por la supresión de contratos temporales. A continuación abordaron los expedientes de suspensión de empleo, pero el precipicio sigue ahí delante y hay un factor que empeora cada día que pasa. Los gestores conocen que sus empleados han consumido una parte de sus prestaciones de desempleo en esos expedientes de suspensión y si las prórrogas llegan hasta los dos años y permanece la situación actual, al final saben que se encontrarán con la obligación de abordar un expediente de rescisión en malas condiciones. Los trabajadores se irán a la calle con tan sólo seis meses de paro. Muchas de ellas ya han consumido un año en expedientes de suspensión», concluye.

Los sindicatos son conscientes de la mala situación que atraviesan las empresas vascas -la industria ya no sirve como refugio-, pero creen que esa visión casi apocalíptica respecto al tramo final de 2009 responde a una «especie de propaganda de la patronal para asustar a todo el mundo». Esto es, al menos, lo que piensa el secretario general de la UGT de Euskadi, Dámaso Casado, quien, pese a ello, admite que no habrá un giro en positivo. «Septiembre -apunta- es tradicionalmente el mes que más crisis empresariales genera, incluso en los años de bonanza. Quizá también por eso hay una sensación de temor».

La lacra del paro

Los sindicatos admiten que el panorama que se avecina en el final de año es complicado. «En la actualidad -recuerda Dámaso Casado- hay algo más de 1.000 empresas y unos 30.000 trabajadores en expedientes de suspensión temporal y la tendencia se va a mantener a medio plazo. Los que ya están sufrirán prórrogas, porque no hay una recuperación clara de la actividad». Pero hay algo peor. El dirigente de UGT admite que los expedientes de regulación de empleo tienen «una amplia incidencia mediática, pero lo más serio está, precisamente, en las empresas que ni siquiera recurren a esa figura. Ahí está el caso de Michelín, que en vez de un ERE ha optado por rescindir a todas las subcontratas, lo que se traduce directamente en trabajadores al paro», concluye.

Por esta razón, los sindicatos han comenzado a trasladar a la Administración la necesidad de arbitrar fórmulas para atajar lo que se viene encima en materia de desempleo: fórmulas para alargar la vida de las prestaciones.

La patronal Confebask, por su parte, prefiere no opinar sobre los temores en torno a un 'otoño negro'. Antes de la última comparecencia de su presidente, Miguel Lazpiur, el comité ejecutivo debatió sobre la oportunidad de transmitir a la sociedad una imagen catastrofista o moderadamente positiva. Optaron por esta última opción, para dar cabida a la existencia de «brotes verdes» y a la esperanza de que el final del año será también el inicio de la recuperación. Sus argumentos, sin embargo, sonaron voluntaristas pero endebles.

Maquillar las cifras

«Algunos mensajes positivos -opina Mínguez- llevan a las empresas a aplazar la adopción de medidas traumáticas pero necesarias. Si esos indicios positivos no se confirman, su situación será más complicada a medio plazo. La Administración ha favorecido los expedientes de suspensión porque sirven para 'maquillar' las cifras de paro y permiten ofrecer una imagen que no se corresponde con la realidad».

Un rápido sondeo en algunas de las principales empresas del sector del automóvil del País Vasco -supone el 17% de la actividad industrial y se ha beneficiado de medidas de reactivación como los planes de ayuda a la adquisición de vehículos de varios países europeos- permite apreciar que hay vida, pero las constantes vitales aún no han recuperado la normalidad. «En octubre del pasado año -señala el consejero delegado de una de las principales empresas vascas vinculadas a este sector- nuestra cartera de pedidos sufrió un descenso del 70% en comparación con la que teníamos tan sólo unos meses antes. Ahora, después de unos meses de ligera mejora, el recorte puede situarse en torno al 50%. Sigue siendo brutal y no hay indicios de mejora». m.alvarez@diario-elcorreo.com

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