Greenpeace exige un plan de cierre de Zabalgarbi por la contaminación de los terrenos

ERLANTZ GUDE| BILBAO

Greenpeace pidió ayer al Gobierno vasco un plan de cierre de Zabalgarbi por el aumento en los niveles de contaminación de los terrenos que ocupa la incineradora de basuras. Según el colectivo, la presencia de sustancias tóxicas como el arsénico podría llegar a afectar al canal de Ordunte, que suministra agua potable a los bilbaínos. El responsable de la campaña de contaminación de la organización ecologista, Julio Barea, asegura que «existen pruebas sobre la inseguridad de la planta y la ineficacia de los controles».

La incineradora entró en funcionamiento en 2004 y los niveles de algunos metales pesados, cloruros y conductividad han aumentado en los tres últimos años, con especial intensidad desde el pasado mes de marzo. El Partido Popular también ha pedido el cierre de las instalaciones hasta que se garantice su seguridad.

Barea afirma que Zabalgarbi «aboca a los ciudadanos a padecer problemas de salud». La solución, a su juicio, pasa por adoptar medidas drásticas. «Si el Gobierno vasco quiere velar por la protección de las personas y el medio ambiente, debe cambiar su política de residuos y descartar la incineración, que sólo beneficia a las empresas» que operan en la planta, sentencia.

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