El gobierno de los países G

JOSÉ MARÍA DE AREILZA

La reunión esta semana de los gobiernos más importantes del mundo en Italia vuelve a poner de relieve la necesidad de encontrar nuevas fórmulas para mejorar la toma de decisiones en el ámbito internacional. La mayoría de los problemas más acuciantes tienen ya dimensión supraestatal, empezando por la crisis financiera y económica. Sin embargo, carecemos de mecanismos y procedimientos para adoptar decisiones comunes, democráticas y eficaces con las que afrontarlos.

Es cierto que la cumbre en L'Aquila se ha salvado gracias a un acuerdo cogido con alfileres entre Estados Unidos y los cuatro grandes europeos sobre objetivos a largo plazo en la lucha contra el cambio climático. No obstante, la falta de medidas concretas a medio plazo y, sobre todo, la imposibilidad de convencer a China y a India no son un buen presagio para la cita de noviembre en Copenhague que intentará reducir emisiones de carbono y renovar los acuerdos anteriores en esta materia. Dicha cumbre tendrá lugar dentro del sistema de Naciones Unidas, que aún sirve para algunas cosas aunque se ha quedado anticuado a la hora de abordar muchas otras, empezando por la gestión global de la economía.

Ante la situación de emergencia que ha planteado la crisis económica, los gobiernos más poderosos han decidido incrementar las reuniones en formato G; es decir, en foros sin mucho aparato institucional ni gran transparencia, en los que los primeros ministros o presidentes se reúnen una vez que los grupos preparatorios de expertos han desbrozado el camino y en los que la aplicación de los acuerdos tomados no ha sido aún resuelta. En concreto, en la ciudad italiana devastada por el reciente terremoto ha deliberado estos días el G-8, compuesto por las economías más grandes del mundo y por Rusia, en diálogo con el emergente G-5, integrado por China, India, Brasil, México y Sudáfrica; España ha sido invitada sólo a partes no centrales de estas deliberaciones. El triste consuelo es que, de todos modos, durante la cumbre del G-20 en Londres celebrada en abril ya quedó patente que el verdadero foro de gobierno mundial en el futuro podría ser el G-2; es decir, el cada vez más intenso diálogo entre Washington y Pekín.

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