«Plantearemos un cambio en la gestión del Guggenheim»

Aboga por modificar la propiedad de la institución cultural para permitir un mayor control de los fondos y apuesta por no construir más museos

JON FERNÁNDEZ | VITORIA
La consejera y filóloga vasca Blanca Urgell, fotografiada en los pasillos de Lakua, tras la entrevista. / FOTOS: BLANCA CASTILLO/
La consejera y filóloga vasca Blanca Urgell, fotografiada en los pasillos de Lakua, tras la entrevista. / FOTOS: BLANCA CASTILLO

Blanca Urgell lleva menos de dos meses como consejera de Cultura del Gobierno vasco y tiene ante sí el reto de afrontar un recorte presupuestario derivado de la grave crisis económica y al mismo tiempo impulsar numerosos proyectos y reordenar otros muchos. Sobre su mesa están, además, los rescoldos de los escándalos Balenciaga y Guggenheim, y aunque con suavidad sugiere que se debe seguir investigando sobre lo sucedido y plantea la conveniencia de cambios societarios y de gestión. Contraria a la construcción o ampliación de museos, Urgell es consciente también de que EITB debe ser objeto de una profunda remodelación.

-En tiempos de crisis, lo primero que se reduce es el gasto en cultura. ¿Ya sabe cuál va a ser el recorte de su departamento?

-Estamos examinando la situación actual. El gasto está ya decidido y provisto en un porcentaje altísimo y habrá que ver cuánto nos queda para acabar el año. No sé cuánto nos van a recortar; de momento, como el resto del Gobierno, estamos estudiando qué posibilidades hay.

-El presupuesto de Cultura es muy rígido: tres de cada cuatro euros son para EITB y Política Lingüística. ¿Hay margen para cosas nuevas?

-Creo que este año podremos hacer poquísimo. Y de cara al futuro, la crisis puede ser una buena disculpa para empezar a cambiar esa estructura de gasto tan rígida.

-La política de subvenciones, como en cualquier Administración que ha sido muchos años del mismo color, ha creado un enorme clientelismo. ¿Qué va a hacer con eso?

-Queremos empezar a apostar por proyectos concretos y no operar sobre la base de que quien ha recibido subvenciones en los últimos 20 años siga con ellas casi por tradición. Las inercias en este terreno hacen que sea muy difícil mejorar la eficacia de las actuaciones. También, al revisar el Plan Vasco de la Cultura, nos ha llegado información de que hay grupos que no han sido atendidos en legislaturas anteriores y queremos ver sus proyectos.

-Un Plan que se ha encontrado ya hecho. ¿Qué hará con él?

-Queremos trabajar con los interlocutores del sector, salir a la calle y ver lo que hay. Es evidente que en algunas áreas hay que hablar con gente con la que no se ha contado. Y, terminada ya la fase de informes, empezar a poner cosas en marcha.

-¿Le parece adecuado el peso que los elementos identitarios nacionalistas tienen en ese Plan?

-Queremos una cultura abierta. Una cosa es que por razones de asimetría sociolingüística sea importante dar más apoyo al mundo del euskera y otra que pensemos que seguir con políticas de tipo identitario sea una buena idea. Queremos una cultura en la que se sientan cómodos todos los ciudadanos. No tenemos ninguna tentación identitaria. Sí tenemos, en cambio, mucho interés en trabajar para hacer país. El primer espacio geográfico que nos interesa es el de nuestra comunidad autónoma, aunque eso no significa que, al ser el mapa del euskera más amplio, nos vayamos a ceñir sólo a él.

-¿Mantendrá por tanto las subvenciones a entidades del País Vasco francés y Navarra incluso aunque haya un recorte presupuestario?

-Sí. Eso es fácil de entender para un euskaltzale y quizá no tanto para quien no lo es. Nuestra comunidad tiene gran sensibilidad hacia los temas del euskera, de la misma forma que el Estado se ocupa de fomentar el uso del español fuera de las fronteras. Pero eso es algo que haremos trabajando siempre con las autoridades de esos territorios y respetando la legalidad.

-¿Qué papel va a reservar a los agentes privados en su proyecto?

-Las industrias culturales radicadas en Euskadi están muy fragmentadas y no son demasiado fuertes. Nuestra tarea es que se metan en una dinámica de empresas de verdad. Por eso, vamos a ayudarlas a que sean más una industria fuerte que un sector subvencionado.

-¿Va a acometer una reforma de la legislación sobre patrocinio?

-Todavía no nos hemos puesto a estudiar ese tema. Nos preocupa que los proyectos culturales reciban dinero digamos algo incontrolado por parte de las diversas administraciones y los patrocinadores privados. Nos gustaría hacer una labor de coordinación con los patrocinadores más importantes para que tengamos claro qué dinero reciben los proyectos, de dónde y cuáles son sus resultados.

Cambios en los museos

-El 'caso Balenciaga' aún colea y no se han disipado las dudas sobre el Guggenheim. ¿Van a revisar las decisiones tomadas?

-Los dos temas están en un momento muy distinto. El asunto de Balenciaga se encuentra en manos de la Justicia y ahí nosotros podemos hacer borrón y cuenta nueva. El proyecto en sí y el nombre de Balenciaga, que queremos separar totalmente del resto de cuestiones que han rodeado al proyecto, nos parecen una apuesta importante. Todas las instituciones implicadas vamos a tirar para adelante. Hay acuerdo absoluto en ese sentido.

-¿Y las polémicas que rodean últimamente al Guggenheim?

-Eso no está cerrado. Las conclusiones de la comisión parlamentaria no han sido refrendadas por el Tribunal Vasco de Cuentas, por lo que yo apuesto por aclarar lo que se pueda. Todavía no hemos podido sentarnos tranquilamente con los expertos, así que aún desconocemos qué pasos debemos dar legalmente para que esto llegue a buen puerto. Cerrarlo en falso no está entre nuestras intenciones.

-¿Contempla entonces la posibilidad de pedir un nuevo informe al Tribunal de Cuentas?

-No lo sé. Hablaría en vano si dijera que sí o que no. No conozco el tema suficientemente bien como para avanzar una decisión. Y no quisiera volver a patinar... (risas).

-En el Parlamento habló de 'agujero económico'. ¿Lo hay? ¿Dónde?

-Lo que sabemos a ciencia cierta es que sí lo hay y sabemos cómo se ha producido, pero tenemos que estudiar más a fondo este problema heredado de la legislatura anterior.

-Usted ha insinuado que sería bueno romper la estructura de copropiedad al 50% en el museo para evitar errores del pasado...

-Está claro que es un obstáculo porque nos impide hacer auditorías normalizadas. Es un tema que debemos hablar primeramente con la Diputación de Vizcaya, con la que todavía por cuestiones de agenda no hemos mantenido una reunión.

-¿Les gustaría tener la mayoría de acciones en la Tenedora?

-Es una opción.

-El PSE ha sido muy crítico con la gestión de Vidarte en el Guggenheim. ¿Se plantea su sustitución?

-Entra dentro de los temas que debemos hablar con la Diputación. Somos socios al 50% y sin duda la decisión tiene que partir de los dos. Yo entiendo que hay que hacer algo en ese sentido. Soy partidaria de plantear un cambio en la gestión del Guggenheim, pero todavía no tengo claro cuál va a ser.

-¿Qué opina sobre los pasos en solitario que está dando la Diputación en cuanto al museo de Urdaibai?

-Nos parecen prematuros. En la última reunión del comité ejecutivo del Guggenheim se nos contó que estaban preparándose varios estudios para ver la viabilidad del proyecto tanto a nivel medioambiental como económico. Eso fue dos días antes de que la Diputación anunciara, sin conocer los estudios ni pedir nuestra colaboración, que había decidido llevar adelante el proyecto. Eso nos causó una gran sorpresa y no nos parece sensato. Además, no creo que sea el momento de hacer más museos, sino de coordinar una red a la que se sumen los distintos recintos de los tres territorios.

-El museo estaría en plena Reserva de la Biosfera...

-Es chocante. Por eso queremos conocer el impacto que las visitas tendrían en el medio ambiente. No olvidemos que tenemos la obligación de preservar nuestro patrimonio.

Patrimonio y literatura

-También el alcalde de Bilbao está decidido a abordar la ampliación del Bellas Artes.

-Toda la información nos llega a través de la prensa y, al parecer, el proyecto se basa en que el museo expone un porcentaje muy bajo de la colección -cerca del 8%-, que es lo normal en los centros de arte. El Bellas Artes está funcionando muy bien tal y como está, y no sé lo que aportaría ese nuevo edificio.

-La Generalitat sólo invitó a la Feria de Fráncfort a escritores en catalán. Puestos en una tesitura similar, ¿su Departamento entendería que los autores vascos son tanto los que escriben en euskera como en castellano?

-No tenemos ninguna duda de que los autores vascos son todos los que se dedican a escribir, lo hagan en euskera o en castellano. Pienso que la literatura en euskera necesita más apoyo al estar en una situación de inferioridad, aunque haremos un esfuerzo con los escritores en castellano, que en los últimos tiempos se han sentido un poco desprotegidos.

-Hay sectores como la danza y el teatro que han sido víctimas de la desatención y la competencia desleal y casi han desaparecido. ¿Se puede hacer algo para remediarlo?

-Nos preocupa bastante el tema. Aún no tenemos soluciones sobre la mesa, pero vamos a intentar hablar con lo que quede de esos sectores y hacer algo dentro de las restricciones presupuestarias que tengamos que soportar.

-La cueva de Praileaitz, la mina Concha II... Ha habido últimamente muchas quejas por la lentitud en la protección del patrimonio.

-Es cierto. Hay un proceso de catalogación que, en este momento, avanza de manera muy lenta y nos gustaría agilizar los plazos. En el caso de Praileaitz consideramos que la cueva -donde una cantera puede amenazar las pinturas rupestres- necesita más protección lo antes posible; lo que no hemos decidido es cuál y cómo. Hablaremos con la cantera para intentar causarle el menor perjuicio económico posible.

-¿Y en Gallarta? La Sepi está decidida a rellenar el yacimiento minero más privilegiado del país.

-Es un tema muy complejo. Tenemos contactos establecidos y en breve hablaremos con los agentes implicados. Entiendo que es insostenible desde el punto de vista económico sacar constantemente agua de la mina, pero debemos buscar la mejor solución posible teniendo en cuenta el indudable valor histórico de la explotación y el coste de su mantenimiento.

-Ha llegado a un acuerdo con el director general de la Sinfónica de Euskadi, militante del PNV, para que siga en el cargo. ¿Significa eso que en otros organismos decidirá sobre sus titulares sin mirar su carné?

-El criterio será el de la profesionalidad. Buscamos gente que nos ayude en los distintos sectores. Íñigo Alberdi, el director general de la OSE, no es el único a quien se le ha ofrecido seguir. Es el primero que ha aceptado y estoy muy contenta. Mi sintonía con él ha sido absoluta. Acaba de traer un nuevo director artístico y para el bien de la orquesta es fundamental que continúe y que desarrollen entre ambos sus proyectos.

Una nueva televisión

-Hablemos de ETB. ¿Cuál es hoy, con una gran cantidad de cadenas, la función de una TV pública?

-La responsabilidad de una TV pública es muy diferente y no creo que deba entrar en competencia con las privadas. Hay unos contenidos que debe cuidar y además ha de estar muy pendiente de cómo se transmiten los mensajes. Un objetivo irrenunciable es que sea independiente del partido que está en el Gobierno.

-¿Esos contenidos deben ser iguales en los canales en euskera y en castellano?

-No nos hemos puesto aún a pensar en la TV que queremos. Surio acaba de ser nombrado director general y está empezando a ver las cosas. Me parece que el euskera tiene un espacio claro, pero en cambio sí pienso que en castellano es posible que haya que introducir cambios. Necesitamos algo de tiempo.

-¿Está en sus planes suprimir o recortar sustancialmente la publicidad, como va a hacer TVE?

-La financiación de EITB es algo que preocupa a todo el Gobierno. Hay que conocer los datos con detalle, pero me parece que sería un objetivo razonable, siempre que sea viable desde el punto de vista económico.