ETA prepara una larga ofensiva tras reorganizarse en los últimos meses

La banda ya había anunciado en Gara una nueva estrategia «político armada» para antes del verano

O. B. DE O.| BILBAO
Un ertzaina saluda a un guardia civil en la capilla ardiente./
Un ertzaina saluda a un guardia civil en la capilla ardiente.

El pasado 25 de mayo ETA reconoció por primera vez que su debilidad crecía día a día. «En los últimos meses, (la organización terrorista) no ha demostrado una línea lo suficientemente fuerte como para hacer daño al enemigo», explicaron dos miembros de la banda en una entrevista publicada por el diario Gara. Tras reconocer su falta de resultados, los dos terroristas anunciaban la apertura de un debate con el fin de «fijar una estrategia político armada eficaz».

Las alarmas de las fuerzas de seguridad se encendieron al instante. Para algunos analistas, el supuesto debate no era más que una excusa con la que disimular su falta de acciones. Lo que el texto dibujaba entre líneas era que la decisión de iniciar una larga campaña de atentados ya estaba tomada y que ETA quería trasmitir a sus simpatizantes que sólo era cuestión de semanas que los comandos comenzasen a actuar. Según las mismas fuentes, la banda había prescindido ya de cualquier debate porque su prioridad debía ser la reorganización ante las constantes caídas policiales y no la discusión política.

Aunque los terroristas apoyaban en la entrevista el polo soberanista que ha defendido el líder de la izquierda abertzale ilegalizada Arnaldo Otegi, su apuesta era única y exclusiva por la vía de las armas. Según la misma entrevista, la estrategia de ETA era atentar para «demostrar que la vía policía es estéril y trasladar a aquellos dirigentes que tienen responsabilidad política la necesidad de resolución del conflicto». La banda, como en sus etapas más duras, volvía a apostar por poner cadáveres sobre la mesa para acumular fuerzas.

Disidencias

En ese contexto, el 19 de abril la Policía nacional detuvo al jefe militar de ETA, Jurdan Martitegi, cuando analizada las preparativos para cometer un atentado ante la investidura del lehendakari Patxi López. Tres días antes, la banda había declarado a todo el Ejecutivo socialista objetivo prioritario de sus comandos. Pese a esta amenaza, el único atentado llevado a cabo un día después de la investidura fue la voladura de la pata de un repetidor en Castro Urdiales.

Para los expertos consultados, la meta de la banda era volver a poner en marcha una oleada de violencia que sirviera, en primer lugar, para frenar todas las disidencias -en especial las surgidas en el mundo de las prisiones tras el fin de la tregua- y, en una segunda fase, conseguir que toda la base de la izquierda abertzale cerrase filas en torno a la organización.

Para los responsables de la lucha antiterrorista, el atentado contra Eduardo Puelles en Arrigorriaga confirma la peor de las hipótesis y hace temer que la banda ya tenga en marcha su 'campaña de verano'.