El Matisse que la crítica despreció

El Museo Thyssen ofrece una muestra del periodo más intimista del creador francés, de 1917 a 1941

TOMÁS GARCÍA YEBRA| COLPISA. MADRID
Un hombre pasa por delante del óleo 'Retrato de Marguerite dormida', una de las obras más admiradas del artista galo. / EFE/
Un hombre pasa por delante del óleo 'Retrato de Marguerite dormida', una de las obras más admiradas del artista galo. / EFE

El Museo Thyssen-Bornemisza ha querido reivindicar el periodo de Matisse más despreciado por la crítica, la época en que el artista francés abandona los radicalismos y se refugia en Niza para pintar temas «intimistas, sensuales y lujosos», según explicó el comisario Tomás Llorens. Titulada 'Matisse: 1917-1941', la muestra incluye 74 obras -entre óleos, esculturas y dibujos-, muchas de ellas nunca vistas en España. «Hay críticos que no le perdonaron el que se dedicara a pintar el lujo mientras su mujer y su hija estaban detenidas por la Gestapo», dijo Llorens.

Entregado a los misterios del lenguaje pictórico -que era una forma de despreciar la barbarie de las dos guerras mundiales- Henri Matisse (1869-1954) dedica los días de Niza a estudiar a sus maestros (Manet, Courbet, Rembrandt y Vermeer) y a leer a sus dos poetas favoritos, Mallarmé y Baudelaire. «Cuando el mundo salía de un desastre y se estaba preparando para entrar en otro, Matisse se entrega a cultivar el espíritu y a realizar algunos de las obras más interesantes de su carrera», explicó Llorens. «Esa fue su respuesta al fango que le rodeaba».

El director artístico del Thyssen, Guillermo Solana, corroboró las palabras del comisario. «Hay muchos entendidos que tachan a Matisse de aburguesado, de conformista, pero no es esa la lectura correcta», precisó Solana. «En estos años alcanza la plenitud de sus recursos, es un pintor cotizado que no tiene nada que demostrar, y aunque es cierto que no compone sinfonías, sí compone una música de cámara realmente deliciosa, por explicarlo con un símil musical».

Seis espacios

La exposición se articula en seis capítulos. En el primero, 'Pintura y tiempo', se reúnen los cuadros de su llegada a Niza. Uno de los motivos dominantes es la ventana, tan tratada en el Renacimiento. Habitaciones y figuras de mujeres en reposo aparecen en muchas de las telas. «Es una quietud en la que resuenan ecos de Vermeer', dijo Llorens. El recorrido continua con 'Paisajes, balcones y jardines', donde el pintor posimpresionista explora el espacio exterior a través de la pintura de paisajes. El tercer apartado, 'Intimidad y ornamento', incluye flores, espejos, sedas y joyas. Para Llorens, «en esta calma se esconde el deseo, pero también la decepción y la tristeza».

'Fondo y figura', que conforma el cuarto bloque, recrea la figura humana. El pintor, además, vuelve los ojos al arte musulmán, tan caro y determinante en sus primeros años de formación. En la quinta sala, 'Forma. El desnudo', la protagonista es la mujer. Matisse estudia 'lo femenino' a través de la pintura, el dibujo y la escultura.

La exposición finaliza con las obras realizadas en la segunda mitad de los años treinta. Matisse refuerza su aislamiento e intensifica su dedicación a la pintura. Regresa a la pintura de caballete, pero dejándose contaminar por la abstracción que había alcanzado con la 'Danza' de la Fundación Barnes y en el 'Desnudo de espaldas IV'. «Sus figuras se nos presentan cada vez más ensimismadas, más nocturnas e inalcanzables; el color se hace incorpóreo y la forma se reduce a un trazo, a un signo que fluye», se expresó el comisario. «Un trabajo agotador, pues requería cientos de aproximaciones, de retoques, hasta conseguir el efecto deseado». Con la serie de dibujos 'Temas y variaciones', fechada en los cuarenta, concluye una muestra que estará abierta al público hasta el 20 de septiembre.