Aniversario en San Bernabé

El Puente de Piedra, diseñado por los ingenieros Ricardo Bellsola Bayo y Fermín Manso de Zúñiga, cumple el jueves 125 años

MIREN BORONAT| LOGROÑO
Panorámica del Puente de Piedra captada desde la salida hacia Navarra, con el Casco Antiguo de Logroño al fondo. / RAFAEL LAFUENTE/
Panorámica del Puente de Piedra captada desde la salida hacia Navarra, con el Casco Antiguo de Logroño al fondo. / RAFAEL LAFUENTE

«El Señor Ingeniero Jefe de Obras Públicas de esta provincia, D. Cesáreo Moroy, participa que desde las primeras horas del día 11 del mes actual queda abierto al tránsito público el puente de piedra sobre el río Ebro (...)».

Así comienza el acta municipal levantada en el Ayuntamiento de Logroño para dejar constancia de la inauguración, en junio de 1884, del Puente de Piedra tal y como lo conocemos hoy, con siete ojos y dos casetas de arbitrios situadas en su salida hacia Navarra. Federico Soldevilla, presidente de la Asociación de Amigos de La Rioja, señala que «metro arriba, metro abajo, siempre había existido un puente a esa altura del Ebro. El historiador Urbano Espinosa alude a ésta como área de paso desde tiempos que podrían retrotraerse a la época romana», añade.

Desde el puente con diecisiete arcos y tres torreones, pasando por el de doce ojos hasta llegar al que ahora vemos y cuyo 125 cumpleaños celebramos el día de San Bernabé, muchas han sido las crecidas de nuestro río, no en vano considerado el más caudaloso de España, que casi siempre embestían por la entrada de Navarra donde, en palabras de Soldevilla, el cauce describía un pequeño meandro. «Las memorias de la época describen grandes riadas en 1583, en 1607, en 1616, entre otras, que dejaban un panorama ruinoso», explica el investigador. Una de las peores, continúa, «la de junio de 1775, superó todos los ojos del puente, entró en las bodegas de la Ruavieja y Excuevas, y derribó la ermita de San Juan de Ortega».

La comunicación de la ciudad con la otra orilla era vital para la ciudad, pues la labor se desarrollaba allí y era, además, entrada y salida de personas y mercancías. «La carretera Madrid-Francia pasaba por el puente, lo que da idea de su importancia». En 1871 la crecida destruye más de lo que se puede reparar, y ello exige una reconstrucción integral. «La obra se plantea en dos fases: tres arcos del lado de Navarra, a cargo de Ricardo Bellsola Bayo, y los otros cuatro desde Logroño encargados a Fermín Manso de Zúñiga, responsable también de la construcción del Puente de Hierro». El presupuesto, de 496.650 pesetas, se vio incrementado por causas diversas en 30.000 pesetas al término de las obras.

El puente se ha mantenido prácticamente intacto hasta hoy, salvo por la modificación realizada en 1919 y consistente en el añadido de unos voladizos para acondicionar el tránsito de peatones. Junto a nuestra felicitación, sólo nos resta desear que este conjunto de piedras y hormigón asegure nuestro paso sobre el Ebro durante otros 125 años... ¡por lo menos!

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