Iñaki Galdós: «Nos hemos ido al darnos cuenta de que EA 'ligaba' con la izquierda abertzale»

Dice que Alkarbide busca ser una fuerza determinante y niega que su objetivo sea la integración en el PNV

MANU RUEDA| DEBA
Iñaki Galdos posa en Deba tras la entrevista. / DAVID APREA/
Iñaki Galdos posa en Deba tras la entrevista. / DAVID APREA

Iñaki Galdos, líder de Alkarbide, el nuevo partido escindido de Eusko Alkartasuna, emplea continuos paralelismos con la ruptura del PNV en 1986 para responder a las acusaciones que les lanzan quienes entonces dejaron de ser jeltzales para pasarse a las filas de la formación de Carlos Garaikoetxea . Justifica la división definitiva en un choque de estrategias: ellos buscan recuperar el poder político perdido por el nacionalismo institucional a través de nuevos pactos con el PNV, mientras que EA, en su opinión, persigue su debilitamiento con un indisimulado acercamiento a la izquierda abertzale.

-Las discrepancias en el seno de EA duran, por lo menos, diez años. ¿Es ésta la crónica de una escisión anunciada?

-Nosotros, hasta el último momento, hemos mantenido esperanzas de que se podría reconducir la situación, pero nos hemos encontrado con unas posturas difícilmente conciliables. Durante los últimos meses, sin embargo, nos hemos encontrado con dos novedades importantes: por un lado, las estrategias políticas de cara al futuro que defendemos unos y otros chocan frontalmente y, por otro, la ponencia organizativa que se nos ha presentado hace saltar por los aires la concepción de la democracia interna en los partidos. Esta situación, precisamente, llevó a miles de personas a fundar un partido en 1986 (EA) porque el PNV les ahogaba internamente.

-Han esperado a que falten dos semanas para el congreso de EA para anunciar su marcha. ¿No podían haberlo hecho antes o después?

-Durante las últimas semanas hemos planteado propuestas concretas para tratar de avanzar, pero la respuesta ha sido un no rotundo a cada una de nuestras ofertas. Se nos ha presentado una ponencia de estatutos indigna de un partido que se dice democrático. La interpretación de alguna asamblea local era que buscaban 'liquidar' a los guipuzcoanos.

-Sin embargo, mantuvieron la última reunión con vocación integradora el 19 de mayo, cuando habían inscrito Alkarbide cinco días antes.

-Eso es un dato tan objetivo como cuando en 1986 quienes negaban públicamente que se iban a escindir (del PNV) ya tenían claro el partido. Cuando las situaciones son difícilmente sostenibles, es lógico que tomemos medidas preventivas. Ojalá no hubiese sido necesario activar un nuevo partido. Voces autorizadas de la oficialidad del partido estaban abogando porque nos fuéramos. Por lo tanto, a nadie le debe extrañar que ante esa situación extrema tomáramos las medidas necesarias.

-Uno de sus objetivos es recuperar los valores fundacionales de EA, que sus dirigentes dicen no haber cambiado.

-Las declaraciones de sus dirigentes, la última campaña electoral en la que se abogaba por un polo soberanista y el apoyo a una huelga general que iba contra unas instituciones creadas y apoyadas por nosotros mismos demuestra que la EA actual poco tiene que ver con los valores fundacionales de esta formación.

-Les han acusado de manipular estos principios para justificar la ruptura.

-El polo soberanista ha sido guardado sigilosamente, como término que no como concepción, en el cajón como táctica precongresual tratando de negar lo evidente. También se han producido intentos muy serios de conformar candidaturas conjuntas tanto en las elecciones autonómicas como en las europeas. Basta de ocultar la realidad. Cuando ha habido contactos entre la izquierda abertzale y EA, se ha transmitido que necesitaban soltar lastre para embarcarse en una aventura de esas características. Ahora que no tienen el lastre, no sé por qué se lamentan.

-También se les ha acusado de debilitar al partido con declaraciones públicas permanentes contrarias a la línea oficial.

-Lo que ha debilitado al partido no han sido las declaraciones de los que lealmente hemos tratado de corregir un rumbo estratégico que le conducía al suicidio, sino la deriva. Por lo tanto, no es aceptable que echen las culpas a los que les han advertido de que se iba por el mal camino, en lugar de a quienes han emprendido esa deriva que ha sido rechazada por la ciudadanía vasca. Lamentamos que traten de distraer la atención buscando enemigos internos.

-Tras el congreso de 2007 aseguraron que las heridas estaban cerradas, hasta que se reabrieron algunos debates, como la concurrencia en solitario a las elecciones y la apuesta por el polo soberanista.

-Quienes reabrieron el tema de la coalición no fuimos nosotros, sino parte de la ejecutiva nacional, que preparó una estrategia que le salió mal. No pueden hablarnos de deslealtades cuando son ellos los que han hecho y deshecho las estrategias de este partido.

«Hay espacio»

-¿Cree que hay sitio para una nueva fuerza política en Euskadi?

-Pensamos que un espacio como el que ha ocupado hasta hace poco tiempo EA existe, es necesario y la sociedad reclama. EA ha demostrado durante años que concurriendo en coalición con el PNV tenía capacidad de influencia en la sociedad, de implementar sus políticas y de marcaje.

-Hoy en día, ¿Alkarbide se circunscribe únicamente a Guipúzcoa?

-Tenemos gente cualificada en otros territorios, pero hay tiempo suficiente para, de aquí a final de año, poner los cimientos de una nueva organización política en la que habrá representantes de todos los territorios. De aquí a 2011 no hay citas electorales y tenemos tiempo para madurar políticamente. A partir del 1-M pusimos en marcha un proceso de reflexión llamado Suspertu con todos los ámbitos de la sociedad que está siendo enriquecedor. Ese proceso, entre otros, nos ha animado a emprender con fuerza la creación de este nuevo movimiento político, porque nos ha dado muchas pistas sobre lo que debemos hacer de cara al futuro.

-¿No temen ser fagocitados por el PNV?

-Algunos llevamos toda nuestra vida dentro del partido escuchando que vamos a irnos al PNV. El hecho de que hayamos apostado por una coalición de carácter estratégico con ellos no quiere decir que queramos entrar en el PNV. Aspiramos a ser una fuerza determinante, con capacidad de influencia, de gestión y de marcaje. Nos situamos en la cultura del nacionalismo democrático institucional en la que tienen cabida expresiones diferentes, pero que forman parte del mismo tronco común. En el momento en que nos hemos dado cuenta de que EA se salía de esa cultura para 'ligar' con la izquierda abertzale hemos visto necesario dar este paso.

-¿Qué futuro le augura a EA?

-A pesar de que ahora tácticamente lo desmientan, los movimientos que hará EA en breve van a ser claros y han sido muy explícitas las propuestas que han realizado de constituir una nueva fuerza de izquierda abertzale cuyo objetivo es debilitar al nacionalismo institucional e histórico.

-La dirección de EA les ha tachado de tránsfugas y ha dicho que los cargos son del partido.

-Escuchar estas palabras de personas que constituyeron un partido político en 1986 con el abandono en masa del PNV y llenando los grupos mixtos de todas las instituciones sin dejar ningún cargo público no deja de ser chocante. Nosotros nos presentamos en 2007 a las elecciones forales con una campaña y candidaturas que no compartía la ejecutiva nacional y logramos 35.000 votos. Somos los legítimos representantes de esos guipuzcoanos. Dos años después, la otra EA se ha presentado en este territorio con otros mensajes y programa, y el batacazo ha sido terrible. Que nos llamen tránsfugas y quieran apoderarse de unos puestos conseguidos a pesar suyo es surrealista.

-La ejecutiva de EA pidió respeto para su congreso.

-No vamos a acudir. Habrá gente que vaya, pero la mayoría de nuestra gente no va a ir. Hay gente que considera que su ciclo termina al día siguiente del congreso y que se va a dar de baja entonces. Yo le deseo lo mejor al partido, pero va a un sitio donde yo nunca voy a estar. Al final han chocado dos estrategias diferentes: una consistente en tratar de recuperar el poder político perdido por el nacionalismo institucional, y otra que busca lo contrario, es decir, debilitar a ese nacionalismo histórico formando un polo que lo sustituya.

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