Con ilusión ayer, hoy y siempre

El Colegio Público Vélez de Guevara, fundado en 1958, celebra sus bodas de oro y centra su Semana Cultural en la historia de quien le da nombre y de su propia trayectoria educativa

MIREN BORONAT| LOGROÑO
Un grupo de alumnos posa junto al graffiti realizado con motivo del 50 aniversario del colegio logroñés./ RAFAEL LAFUENTE Imágenes de las alumnas que estrenaron las aulas del colegio Vélez de Guevara en el año 1958. / E. C./
Un grupo de alumnos posa junto al graffiti realizado con motivo del 50 aniversario del colegio logroñés./ RAFAEL LAFUENTE Imágenes de las alumnas que estrenaron las aulas del colegio Vélez de Guevara en el año 1958. / E. C.

El Colegio Público Vélez de Guevara celebró el pasado viernes, 15 de mayo, un acto conmemorativo de sus cincuenta años de labor educativa en Logroño. A esta cita fueron invitados, además de alumnos, familias y cuerpo docente, el director general de Personal del Gobierno de La Rioja, Pedro César Caceo, el alcalde de Logroño, Tomás Santos, y todos los ex alumnos y profesores que hubieran pasado por sus aulas a lo largo de su andadura y quisieran unirse a tan emotiva celebración.

La actuación de la Orquesta de Cuerda 'Piccolo', una exhibición de gimnasia rítmica y el Coro Infantil 'San Ignacio', junto a la proyección audiovisual realizada por miembros de la comunidad educativa, recompensaron sin duda los meses de trabajo y algunos nervios de última hora.

La Semana Cultural completa la efeméride con actividades relacionadas con la historia del colegio y la vida del personaje que le da nombre, el gobernador Pedro Vélez de Guevara, que acabó con el sitio francés de Logroño en 1521. Actuaciones de una orquesta de alumnos, teatro en inglés, teatro de la APA, competiciones deportivas, exhibiciones y diversas actividades lúdicas para el divertimento de pequeños y mayores llenarán los días de esta semana, íntegramente dedicada al recuerdo, a la convivencia y al disfrute de todos los que quieran participar en ella. De hecho, hoy se coloca una placa conmemorativa del 50 aniversario del colegio.

Vínculo permanente

Fundado en 1958, el Vélez de Guevara es un centro de una sola línea, «pequeño, familiar y cercano», en palabras de su actual directora, Elena Pérez Marín. Un claustro integrado por veinte profesores atiende las necesidades educativas de 225 alumnos repartidos en tres aulas de segundo ciclo de Educación Infantil y seis de Educación Primaria.

El centro participa en varios programas de la Consejería de Educación. Su directora destaca el interés de trabajar en dos sentidos. «Tenemos un alumnado multicultural importante en número y en diversidad. Por otro lado, nos encontramos con otro grupo de estudiantes, nacionales en su mayoría, con unas expectativas diferentes. Y queremos atender a cada uno de esos grupos en la medida de sus necesidades», explica.

Para lograrlo, el Programa de Innovación Lingüística en Centros y la presencia periódica de un Auxiliar de Conversación para alumnos y profesores se complementan con el Programa de Refuerzo y Orientación para estudiantes con dificultades de aprendizaje.

Asimismo, este colegio desarrolla un Programa de Mejora de la Biblioteca y otro de Lengua, Cultura y Civilización Rumana, «que esperamos completar con otro centrado en el mundo árabe, también muy presente entre nuestro alumnado», señala Elena Pérez.

Evolución considerable

Maite Campo Arroyo, directora también durante varios años y actual secretaria, cumplirá en septiembre casi un cuarto de siglo -veinticuatro años- como docente en el Vélez de Guevara, circunstancia que le avala como testigo de la transformación que la sociedad, y con ella la docencia y el alumnado, han experimentado en este periodo de tiempo.

«Realmente se ha producido una evolución a todos los niveles y el colegio ha ido adaptándose a cada uno de esos cambios. Las ratios eran de 36 alumnos, aunque los grupos resultaban más homogéneos. Por otro lado, la plantilla de profesores era más ajustada y carecíamos de los apoyos con los que contamos en la actualidad. Después, poco a poco, aparecieron los logopedas y los profesores de Pedagogía Terapéutica, fueron aumentando los presupuestos y mejoró la dotación de materiales», recuerda.

Maite Campo incide en el hecho de que «se trata de un colegio que sorprende por dentro, con aulas amplias y luminosas y equipado con la tecnología más actual. Es, además, un centro abierto y cercano, fuertemente vinculado con su entorno, con un ambiente muy familiar. Resulta muy agradable comprobar que los alumnos que han pasado por él continúan percibiéndolo como algo suyo».