Irujo destrona al campeón en el Atano

Doblega a Bengoetxea (22-15) y se convierte en un firme candidato a ganar el título del Manomanista

TINO REY| SAN SEBASTIÁN
Martínez de Irujo, con la pelota, superó en todos los terrenos a Bengoetxea, su rival en el Atano. / JOSÉ MARI LÓPEZ/
Martínez de Irujo, con la pelota, superó en todos los terrenos a Bengoetxea, su rival en el Atano. / JOSÉ MARI LÓPEZ

Martínez de Irujo, tres años ausente de una final del Manomanista, vuelve a entrar en la órbita más elevada del pelotarismo profesional. Será su cuarta comparecencia en el Atano III tras derrotar (22-15) ayer a Oinatz Bengoetxea, en un partido en el que sobresalió la exuberancia del juego aéreo y faltaron los aromas del pasado. El mano a mano vivió ayer la primera de las semifinales de la edición 2009. Atractivo duelo que llevó hasta el recinto donostiarra a muchos jóvenes seguidores de ambos contendientes.

El primer saque, por sorteo, correspondió al de Ibero. Con esta jugada ganó cinco tantos, por dos de su rival. Tomó el mando el favorito, 0-6, 1-8 y 2-11. El rezagado, con un repertorio del manual de un 'kamikaze, empató la semifinal en su ecuador: 11-11.

Parecía que llegaba el equilibrio. Fue un espejismo. Martínez de Irujo, moviendo la pelota a velocidad sideral y con una eficacia letal, se escapó: 11-17. Una ventaja que le sirvió para aplacar los nervios y visualizar el partido con más tranquilidad. Un sotamano de escapada del leitzarra rompió la racha del adelantado, 12-17. Con un gancho a resto de saque se acortaron las distancias, 13-17.

A continuación falló el aire de una postura forzada (13-18) y el de Ibero metió la quinta marcha hacia el 22. Llegó al umbral de la victoria (13-21) y su hinchada comenzó a celebrar con júbilo el suceso. Un gancho sesgado y otro saque sirvieron para maquillar el marcador, 15-21. El delantero de Aspe finiquitó el compromiso con un derechazo a la zaga, 15-22.

El material

Choque atípico. La estadística viene a avalar el desaguisado que protagonizaron los dos contendientes. 45 minutos -nueve de tiempo real- y 175 pelotazos, a una media de 4,7 por tanto, certificaron el raquítico intercambio de golpes que hubo en el enfrentamiento. Las veces que entraron de aire (58) también avalan el olvido de la tradición en lucha individual.

No se sabe muy bien si los partidos antiguos, con duelos de alta tensión, tantos trabajados, sudor, sufrimiento y más de 400 pelotazos, son mejores o peores que los de hoy. Una cosa es cierta: el material, más propio para el ping-pong, está matando las esencias de la modalidad.

Buscar los restos de saque de aire es demencial. Antiestético y la mayoría de la veces con el efecto contrario a lo deseado. Pelotas entregadas y pura ficción. Los sotamanos, ganchos y voleas convierten el partido en un debate atípico. Los puristas braman y los recién llegados disfrutan.

En medio de este juego, Martínez de Irujo es una máquina trituradora e implacable, que acumula triunfos y adeptos. Ayer finalizó 15 tantos, 10 de remate y cinco saques, y sólo falló tres pelotas. Dos a la chapa de arriba, de gancho y sotamano, y una apertura a la contracancha. Oinatz fue fundido con su propia medicina. El ganador entra por la puerta grande en la final. Su rival saldrá del duelo entre Beloki y Olaizola.