La vertiente clásica

E. ALCALDE
Kenny Barron./ R. LAFUENTE/
Kenny Barron./ R. LAFUENTE

L os años 70 y 80 marcaron el punto de inflexión entre lo que se conoce como jazz clásico y jazz moderno. La vertiente clásica, siempre fiel a la sencilla estructura de exponer el tema para entregarse a la improvisación sobre él. La moderna, abrazada a la fusión y gustosa de abrir campo a otros desarrollos. Tan distintas entre sí, se evidencia al comprobar que poco tuvo que ver el concierto de Kenny Barron Trio con el de Benavent y compañía, siete días antes.

Vale que al histórico Barron se le ha visto sumergido durante décadas en multitud de proyectos de la onda moderna. Pero él no olvida sus raíces, su irrupción en los calientes años 60 al cobijo del maestro Gillespie. Lo bueno es que el jazz clásico, aun siendo más predecible en concepto y estructura, no es nunca plato de mal gusto si lo exprimen buenos ejecutantes con la química adecuada.

El Kenny Barron Trio planteó en Logroño un concierto eléctrico y sin grandes riesgos temáticos, entregado a los siempre efectivos clásicos, como 'Cook's Bay' o 'New York Attitude'. Aunque en este caso, el pianista también supo dinamizar la noche, con algún escarceo a la bossa y una preciosa recurrencia en solitario al mítico Ibrahim Abdullah.

Logroño no descubrió nada nuevo de Barron, aunque es más que suficiente con lo que ya hay. Una técnica sublime y espontánea, que actualiza como nadie la tradición clásica a los nuevos tiempos. Un placer escucharlo, y más aún, sentirlo junto a sus dos buenos acompañantes. La única pega es la habitual: una hora y cuarto de música sabe a banquete sin sobremesa. Eso sí, a éstos les dio tiempo de sacar el postre, y nadie mejor que Thelonious Monk para cerrar una buena noche entre sonoros aplausos.

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