Negocios de la almendra

Cuatro historias de comercios y despachos profesionales que apostaron por instalarse en el Casco Viejo y hoy volverían a hacerlo

ÁNGEL RESA| VITORIA
Marisa Álvaro remata un paquete de frutas en su negocio./
Marisa Álvaro remata un paquete de frutas en su negocio.

Este periódico quería conocer las razones que llevaron a una selección de profesionales y comerciantes a apostar por el Casco Medieval de Vitoria para abrir sus negocios. Dos hermanas relacionadas con el arte, un belga que vende objetos bellos, la propietaria de una frutería que oferta un recuerdo perdurable y un arquitecto abogan por el barrio. Años después de inaugurar sus locales volverían a escoger la almendra para levantar la persiana. Su lema podría ser 'Ven y cuéntalo'.

WERCKMEISTER

Pintura y decoración

Cristina y Verónica Werckmeister nacieron en Los Ángeles, de padre alemán y madre navarra que llegó a Vitoria para trabajar en el campus alavés de la UPV allá por 1990. Conocedoras del mundo artístico y creativo, las hermanas abrieron en 2001 su local de la Correra 101 como estudio de pintura e interiorismo. Hace dos años ampliaron la oferta con la tienda donde venden material adscrito a las Bellas Artes. Les encanta el Casco Medieval y apuestan firmemente por él. «Al venir de Estados Unidos te atrae una zona histórica, que es el verdadero núcleo de la ciudad. Los negocios de este tipo tampoco están en la Quinta Avenida de Nueva York», explica la menor, retratista de categoría.

Ambas volverían a elegir el mismo sitio para inaugurar el negocio sin un átomo de duda. Y la primogénita se enfada educadamente, eso sí, cuando se le menta la escasa vida del casco. «Es mentira que no la haya. Para la población que vive somos, proporcionalmente, uno de los barrios con más actividades». Lo afirman ellas, que se apuntan a todo 'bombardeo' cultural. «Los vitorianos tienen que descubrirlo y dejarse de prejuicios», continúa Cristina. «La gente de aquí dice que qué bonito es el Casco Viejo de Barcelona, pero a los que llegan de fuera esto les parece limpio, encantador y bonito». Las dos piensan que la zona medieval es la indicada para negocios como el suyo. «Son comercios creativos, vocacionales y que se llevan con muchísima pasión».

ALBERIKS

Antigüedades y «curiosidades»

Parece mentira que el belga Johan Gilbert lleve tres años en la capital alavesa. Necesita recurrir continuamente a un híbrido de francés-castellano-flamenco para explicar su satisfacción por regentar una tienda de «curiosidades» en el número 17 de la Cuchillería, tramo con la calle destripada por las obras que parece Beirut esa mañana . «Me gusta Vitoria porque es tranquila y bonita». Prefiere decir que vende objetos cautivadores más que antigüedades, un género «sólo para gente selecta». Se hartó de vivir en el norte de Francia «porque allí te prohíben todo: no se puede fumar, no se puede beber, no se puede...».

Johan es un adalid del Casco Histórico. Ya le gustaba el de Brujas, postal flamenca de cuento de hadas, y habla bien del vitoriano. Sin embargo, entiende que a la zona le resta camino por avanzar para añadirle más vida a la que hay. Reclama «terrazas», bares abiertos cada día «hasta las once de la noche», más tiendas de su tipo que inviten a recorrer las calles y continuar el ejemplo emprendido en la Correría. «Falta algo de vida, pero soy optimista».

LA PERA LIMONERA

Cestas de frutas

A Marisa Álvaro se le encendió una bombilla mental cuando recibía las felicitaciones tras alumbrar a su hija. Entre los regalos que poblaban su habitación de maternidad, una coqueta cesta de frutas. Un año después del parto abrió La Pera Limonera -felicidades por el título- a la entrada de la Correría. «Estudié la idea y la personalicé», dice mientras envuelve en celofán una mixtura de productos tropicales. «Fue más una cuestión de cabeza que un estudio de mercado. Quería algo original, nuevo, en el que no hubiera demasiado riesgo y que hiciera tanta ilusión a la gente como la que me hizo a mí aquella cesta».

Aquel impulso ha derivado en una realidad que «va bien cinco años después de empezar, que ya es mucho decir». Entre los aciertos de la propuesta Marisa incluye sin dudarlo la zona, casi enfrente de La Malquerida. «Es un sitio con encanto, en el centro y a mano de todo el mundo, ideal para un producto que también es bonito». Considera que la hostelería «ha ayudado muchísimo» al relanzamiento de la calle y su entorno, la vía más regenerada de cuantas componen la almendra medieval. «Tenía muy claro que quería la tienda al principio de la Corre y estoy muy contenta con el sitio». Llega su amiga Txus y Marisa sigue hablando de sus ventas por la Península e, incluso, de la crisis. «Se ha notado más en regalos de empresa que entre particulares, pero aquí tenemos precios para todos los bolsillos».

Z 44

Estudio de arquitectura

Íñigo Bilbao y Adolfo Moro comparten desde 1999 el estudio de arquitectura en el número 44 de la Zapatería, un semisótano de temperatura ideal frente a la calorina del miércoles tarde en la calle. El Ayuntamiento promovió la manzana y la Agencia de Renovación Urbana alquilaba esa lonja. «Gracias a las muchas ayudas municipales», indica Adolfo, su socio adquirió el local en propiedad hace cuatro años porque la renta ya pagada se deducía del precio de venta. «Lo que me extraña es que no venga más gente a instalarse con las facilidades que se dan. Será por desconocimiento o por cierto prejuicio social», añade Moro.

Este arquitecto -su compañero asistía a un congreso en Málaga- se presta gustoso como abogado defensor del barrio. «Es céntrico, estamos a un paso del Colegio de Arquitectos, de Arabarri y del Ayuntamiento, la gente puede llegar andando y durante la semana es un sitio tranquilísimo». Recalca este aspecto para «desterrar la falsa idea de inseguridad o de peligrosidad».

Adolfo ve bien el futuro, piensa que la sociedad retorna paulatinamente al Casco Medieval. «Hombre, esto no es blanco o negro, es un proceso en el tiempo, pero desde luego lo hemos visto mejorar en estos últimos doce años». Sale a la calle y enumera. «Mira, ahí una tienda de informática, eso es un estudio de grabación, allí estampan libros, la tienda...». Satisfecho de encontrar «riqueza de contenidos, pluralidad y diversidad».

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