El gen Coscojales

La calle natal del lehendakari en Portugalete conserva el orgullo de su raíz obrera

MIGUEL PÉREZ| BILBAO
'El Tigre', púgil retirado, junto a la casa natal de López en Coscojales. / BERNARDO CORRAL/
'El Tigre', púgil retirado, junto a la casa natal de López en Coscojales. / BERNARDO CORRAL

Los genes son importantes porque siempre acaban por salir a flote. En el caso de un presidente, el asunto cobra mayor notoriedad. Te sale el carácter de Sarkozy y el debate político puede asemejarse a una película de Belmondo. Y ni tan mal. Con Berlusconi es peor: la legislatura se te vuelve una gala de sábado noche. Para comprender el código genético que llevó a Patxi López a recordar a su padre y sus abuelos durante su discurso de investidura como lehendakari, el martes pasado, hay que entender también algunos conceptos concéntricos.

El círculo exterior, el concepto por antonomasia, es la margen izquierda. En concreto, Coscojales. Antonio Robles camina por esta calle de Portugalete a diario. Arrastra una cojera que parece un puño en alto. Su nervio ciático se fundió hace años. En la factoría de Altos Hornos de Sestao. «Media vida haciendo esfuerzos como un animal te pasan factura, amigo», advierte. Es metalúrgico jubilado. Es decir, un hombre calentado a mil grados, convertido en lava y enfriado a velocidad brutal a golpes de maza. Mejor trátenle con respeto porque forma parte de una estirpe legendaria. Como los mineros. Como los trabajadores de los astilleros. Como los maquinistas navales de la margen izquierda.

«Se ha hecho justicia»

Antonio se toma un respiro en mitad de la cuesta de Coscojales. Ahí, en ese edificio de enfrente, donde ondea una bandera del Athletic, nació Patxi López. Es una calle estrecha y corta del casco histórico portugalujo. No destacaría sobre muchas calles de muchos cascos antiguos. De hecho, la crisis la ha golpeado y apenas se percibe vida comercial. «Esto se ha venido abajo por falta de promoción y la apertura de tanto macrocentro comercial. Y eso que el Ayuntamiento es socialista», se queja con sorna un hostelero. Pero Coscojales tiene un relato. Hay casas que marcan una vida. Y la que habitó López es una de ellas.

Su puerta se abrió muchas veces a Felipe González, a Manuel Chaves, a Ramón Rubial. A la Policía también, cuando durante el franquismo buscaba al ajustador sindicalista Eduardo López Albizu, el círculo principal que rodea el gen del lehendakari. «'Lalo', el padre de Patxi, era un hombre cojonudo. Y le diré más: él llevó a su amigo Felipe a la cumbre», sentencia Antonio Robles, de cojera afiliada al PSE. «¡Joder, se ha hecho justicia! Euskadi ha crecido con la piel de los obreros. Justo es un lehendakari socialista». Otro vecino, que prefiere no desvelar su nombre, pero que nació en esta calle hace más de 60 años, recuerda a Albizu «como alguien estupendo. Hacía mucha vida aquí, uno más entre todos. A Patxi se le ha visto menos». Aunque no escuchó su discurso de investidura, tampoco le sorprende que citara su cuna. El código Coscojales. «Aquí, barrio obrero; en la margen derecha, los ricos».

El tercer concepto se llama cuadrilla. Un día, un grupo de amigos comenzó a subir la calle de bar en bar. Otro corrillo empezó a bajar. En medio aprovechaban a saludarse, se preguntaban por sus cosas y quedaban para la siguiente ronda. Así nacieron las cuadrillas jarrilleras. Uno puede faltar a su boda, pero no dejar a la cuadrilla en la estacada. «El txikiteo es así. Cada uno pertenece a un partido o a otro, pero son todos amigos. Venga a la una de la tarde y lo verá». Habla Fernando Juan López Ruiz, alias 'el Tigre', antiguo púgil, otro símbolo de Coscojales, a quien ahora sólo le duelen los ganchos de la vida. «El txikito se termina. Quedamos los últimos de Filipinas. La gente tiene sus ocupaciones y otros se van al cielo o al infierno».

Cuando se pregunta en esta zona por Patxi López, surge cierta duda sobre si posee el don de la invisibilidad y sólo se encarna en Patxi López cuando quiere, mientras otras veces va por libre. 'El Tigre', por ejemplo, no recuerda haberse cruzado con él y «mucha gente me dice que tampoco le conoce o que debía andar poco por aquí». Miren Correa, vecina de la cercana plaza del Cristo, asegura en cambio que «ha vivido mucho el ambiente del casco viejo. Al casarse y aumentar sus ocupaciones políticas, quizá haya espaciado sus visitas, pero su madre vive aquí y él tampoco elude a la gente. Es campechano, muy de 'Portu'».

Mikel Fernández, regente del café-bar Tabuco, coincide en que el jefe del Ejecutivo tiene su cuadrilla, «con la que de vez en cuando suele darse una vuelta por los establecimientos del barrio, aunque supongo que con tanto revuelo y tanto escolta ahora no será lo mismo». ¿Sacará a Coscojales de la crisis? «Tendrá más preocupaciones».

Hablando de inquietudes, y superada la investidura, hay una que se abre paso especialmente en el barrio. Nada que ver con el pacto PSE-PP o la marcha de Ibarretxe. Tonterías. «Estoy muy contenta de que Patxi sea lehendakari, pero si el Athletic se lleva la Copa será como tocar el cielo», asegura la vecina Juani Montero. Atención: ¿Es más difícil que el Athletic gane a que Euskadi tenga un lehendakari socialista? «Por supuesto. Francamente, no esperábamos lo de Patxi porque el PNV siempre ha sido muy importante... Pero es que el Athletic juega con el Barcelona. En cualquier caso, la honrilla es que ha llegado a la final, que está ahí». Como López.

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