Una bandera de nuestros padres

IMANOL VILLA
Una bandera de nuestros padres

E l rojo y el blanco de la bandera de Bilbao hunden sus raíces en el ser más íntimo de la villa: su vocación mercantil. No fue casualidad que la Real Orden del 30 de julio de 1845 especificara que la contraseña marítima de Bilbao habría de ser una bandera blanca con un dado rojo superior junto a la vaina. Este dado debería de ser cuadrado y la longitud de su lado habría de equivaler a la mitad de la vaina. Se mantenían así los colores de la enseña que, desde al menos 1511, había lucido el Consulado de Bilbao. Cierto que la coincidencia tan sólo era cromática ya que aquella institución mercantil bilbaína, desaparecida en 1829, tenía por pabellón una bandera de fondo blanco sobre la que figuraba la cruz de Borgoña.

No obstante, la identificación casi natural entre la vocación de la villa bilbaína y la actividad mercantil y marinera del Consulado provocó una simbiosis rotunda que tuvo su reflejo no sólo en el hecho de que muchos de los miembros del Consulado figurasen como piezas clave dentro de la vida pública, sino que hasta físicamente estuvieron unidas. De hecho, el edificio de las Casas Consistoriales, construido en 1603 junto a la iglesia de San Antón y que cerraba uno de los lados de la Plaza Vieja, estuvo compartido por las autoridades municipales y las de la citada institución mercantil. Estos últimos ocupaban la segunda planta.

Esta coincidencia física hizo más que posible que en determinadas festividades y actos populares, como las corridas de toros celebradas en aquel lugar céntrico y emblemático de la antigua villa, ondease la bandera del Consulado. Si a esto se le suma que por su trascendencia e implicación en la vida de Bilbao aquella institución era algo consustancial a la propia villa, no habría de extrañar que, durante los siglos que estuvo en vigencia, los bilbaínos adoptaran su bandera como propia.

Esta identificación entre villa y vocación mercantil se mantuvo en el tiempo más allá de la existencia del Consulado, con lo que, cuando en 1845 se aprobó la ya citada contraseña de la provincia marítima de Bilbao, la asunción de ésta por parte de la población fue casi automática, por no decir natural. De hecho se afirma que la villa comenzó a usar esta bandera como propia hacia el año 1895. E incluso cabría decir que antes, ya que en actos de gran relevancia para la ciudad esta bandera se convirtió en estandarte oficial. Así, en la inauguración del ferrocarril Bilbao-Miranda de Ebro, en marzo de 1863 -indudablemente uno de los actos más sonados de la mitad del siglo XIX- ondearon un buen número de banderas de Bilbao, blancas y con un dado rojo superior junto a la vaina.

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