León envía su mensaje desde Ataun

El murciano superó a Samuel Sánchez en la etapa de la localidad guipúzcoana, donde cedieron Cobo, Sastre, Zabriskie y Vandevelde

J. GÓMEZ PEÑA | ATAUN
Sprint final de la etapa de hoy./ Efe/
Sprint final de la etapa de hoy./ Efe

Ataun viene de atea, puerta en euskera. El acceso al desfiladero de la sierra de Aralar. A un mundo de leyendas. De Ataun es José Miguel de Barandiarán, sacerdote, arqueólogo y desenterrador de mitos. Por estos montes le hablaron de los gentiles. Otra palabra con fondo: su origen es jende hile. Es decir, gente muerta. Barandiarán descubrió sus cadáveres bajo los dólmenes. Los huesos de mil supersticiones y cuentos. Ataun es un lugar oculto, una entrada, un espejo que se puede atravesar hacia el más allá. Aquí es posible hablar con los que se fueron. Barandiarán les dio voz. Sin saber nada de eso, un ciclista llegado desde Murcia, Luis León Sánchez, apretó los puños para ganarle ayer a otro Sánchez, Samuel, la primera etapa de la Vuelta al País Vasco. Luego, instintivo, soltó las manos del manillar y miró arriba. Al cielo o la sierra. Y le regaló el triunfo a su hermano fallecido. Esto es para él, dijo. Precisamente allí, con la meta frente a la escuela pública de Ataun, de la Joxemiel Barandiaran Eskola. A la entrada, sonreía el busto del antropólogo.

En un pueblo así, un pasillo entre montañas, la etapa sólo podía ser palpitante. De Ataun salió y hasta allí llegó. Tras nueve puertos y sólo 140 kilómetros. Pocos, pero bien exprimidos. Había voltaje en la salida. ¿Cuándo he pensado en escaparme? Ayer, el domingo en el hotel, contó Bingen Fernández. Y cumplió. Se largó en el primer kilómetro, con Aitor Hernández, Herrada y el joven Gorka Izagirre, un dorsal de la zona. En esta carrera hay que adelantarse, argumentó Bingen. Lleva catorce años en el ciclismo y aún mantiene la prisa. A los cuatro les cantaron las emisoras que el Astana (Contador) y el Lampre (Cunego) tensaban por detrás el arco, que no había opciones. Pero vale la pena verse al menos un rato en el vértice de la pirámide. Con las cámaras de testigo.

Llegaron hasta el primer escalón del antepenúltimo puerto, Abaltzisketa. Ahí aparecieron dos docenas de gotas de lluvia y el pelotón. Samuel Sánchez se arrimó al coche del médico. Alarma. No pasa nada. He ido a por espray para la rodilla, para que se enfriara un poco. A apagar la tendinitis. Lo hizo. Por eso, el alto siguiente, Gaintza, lo encendió el Euskaltel-Euskadi. Isasi aulló. Zafarrancho. Cuatro corredores naranjas electrificaron la carretera de descenso hacia Zaldibia. Ya se acercaban a la puerta. Atea. Ataun. Por Lazkaomendi, un muro. La cuesta que desenterró la carrera. Ahí salieron a la luz los dorsales más vivos de esta carrera: Samuel Sánchez, Contador, Colom, Joaquín Rodríguez, Cunego y Evans. Las piernas eran el pasaporte exigido para pasar la barrera. Cerca iban Gesink, Nibali y Frank Schleck. Sobrevivían. Algo más allá, Luis León Sánchez saltaba sobre las sepulturas de los que se iban quedando. He entrado mal en la cuesta y me he puesto nervioso. He tenido que ir pasando gente, relató. Más atrás, la carrera echaba tierra sobre Cobo -cedió 42 segundos-, De la Fuente -con asma-, Zabriskie, Sastre y Vandevelde.

Orografía turbulenta

Lazkaomendi pertenece a una orografía turbulenta. Samuel pedía relevo; Contador se retenía; Cunego exigía. El italiano y Joaquín Rodríguez cruzaron primeros la cima. El trapecista asturiano les cogió en el descenso. Ésa, la del trapecio, es la profesión de Samuel Sánchez. Nadie se cuelga así de los descensos. Tras él llegaron Contador, Evans y Colom. Y pronto Gesink, Nibali y Schleck, demasiado pegado a su freno. Temeroso luxemburgués. Caminaba hacia el pueblo de los gentiles, el sepulcro de los huesos desempolvados por Barandiarán. Samuel Sánchez quería sepultar al otro Sánchez, a Luis León. Pero no le escucharon. Dejaron que el murciano resucitara: tuvo tiempo en los cuatro kilómetros de pasillo hasta Ataun para coger a los primeros. Y con él, Rogers, Horner, David López, Egoi Martínez, Kreuziger, Pineau, Kolobnev y Arroyo. Una veintena. Vivos entre los gentiles que dejó enterrados Lazkaomendi.

El público de Ataun acariciaba los tímpanos de los corredores. Buena acústica en el desfiladero. Cambiaba el tiempo. Goteaba de nuevo sobre una carretera rica en leyendas. Cunego sonaba como el más rápido. Todos se situaron a su sombra. Samuel, también. Pero es que en Ataun, como demostró su vecino Barandiarán, se puede hablar con los muertos. El antropólogo halló restos de Atarribi, el hijo bueno de Mari, otra figura mitológica. A Atarribi, el diablo le robó la sombra. A Cunego se la quitó Luis León Sánchez. Poderoso. Quería hablar con su hermano. Era sólo catorce meses mayor que yo. Él me enseñó a andar en bici. Falleció en un accidente de quad hace cuatro años. Desde entonces le envía todas sus victorias, la de la París-Niza y la de ayer. Por eso miró arriba y abrió el techo de Ataun, la puerta de los hombres muertos.

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