Declaran monumento la fábrica de harinas de Zorroza

Molinos Vascos se convierte en un Bien Cultural Calificado, la máxima categoría de protección que otorga el Gobierno vasco

GUILLERMO ELEJABEITIA| BILBAO
El edificio se levanta sobre un antiguo astillero. / M. ATRIO/
El edificio se levanta sobre un antiguo astillero. / M. ATRIO

El Gobierno vasco declaró ayer monumento el edificio que en los años 20 acogió la harinera Grandes Molinos Vascos S. A. Lo hizo otorgándole la categoría de Bien Cultural Calificado, el máximo grado de protección por ser «uno de los principales elementos del patrimonio industrial de Euskadi». Situada en la punta de Zorroza, en la confluencia de los ríos Nervión y Cadagua, desde 1920 la empresa se dedicaba a la elaboración de harina fina usando los métodos más avanzados de la época. Su sede se levantó entre 1923 y 1924 según el proyecto del arquitecto Federico Ugalde, y fue el segundo edificio construido en hormigón armado en Bilbao, después de la Ceres.

En la construcción de la fábrica se reutilizaron varias instalaciones del antiguo Astillero Real de Zorroza, uno de los principales de la costa vasca, que había estado en funcionamiento desde el siglo XV. De aquel uso primitivo como factoría naval se conserva también el edificio llamado La Cordelería, de finales del XVIII, donde se fabricaban las jarcias para los buques mediante el trenzado e hilado del cáñamo.

El edificio principal de Molinos Vascos consta de dos cuerpos en escuadra y ocupa unos 1.000 metros cuadrados en planta, de los que 600 corresponden al almacén y el resto a los silos. La fachada principal está orientada a la ría y discurre en paralelo al muelle de carga y descarga y a las antiguas vías del ferrocarril. La parte destinada a almacén tiene cinco plantas y está rematada por una cubierta en estilo neovasco que hace el conjunto inconfundible. Pero el rasgo más distintivo de esta construcción son 15 enormes silos de 22 metros, cada uno con capacidad para almacenar hasta 75 toneladas de grano.

Muy deteriorado

El edificado elevado ahora a la categoría de monumento apenas acogió cinco años la actividad industrial para la que fue diseñado. En 1929, debido a la crisis de precios, la harinera cesó su actividad. En la década de los 60 el edificio pasó a manos de Almacenes Comerciales S.A., su actual propietario, que durante años alquiló sus pabellones.

En 1999 se inició el expediente para incluir la fábrica en el Inventario General del Patrimonio Cultural Vasco, un proceso que culminó ayer con su declaración como monumento. «Es el momento oportuno para proteger un edificio que podría convertirse en un icono tras la regeneración de Zorrozaurre», afirmó Arantza Astamendi, directora de Patrimonio Cultural del Gobierno vasco, que manifestó además que «la mejor manera de conservar el edificio sería darle vida».

La antigua harinera sufre un deterioro preocupante y le falta gran parte de la cubierta. La Asociación Vasca de Patrimonio Industrial y Obra Pública (AVPIOP) lleva años reclamando para Molinos Vascos un estatus de protección que encamine su uso hacia la reutilización como Museo de la Técnica. Ayer Eugenio Villar, portavoz de la organización, se mostraba satisfecho. «Al margen del uso que se le dé en un futuro, siempre es positivo que se proteja nuestro patrimonio industrial», aunque precisó que «la declaración debería ir acompañada de una intervención urgente por parte del propietario del edificio o de las instituciones».

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