El mazo de la venganza

J. M. RUIZ SOROA

Qué hipócritas e irresponsables nos hemos vuelto todos en este absurdo circo llamado España! A unos padres les asesinan salvajemente a una hija y no se nos ocurre sino ponerles los micrófonos delante para que nos digan lo que, según ellos, deberíamos hacer con los asesinos. Incluso son recibidos y escuchados por todo un presidente del Gobierno, que confunde gravemente la empatía para con el sufrimiento ajeno con la atención política a ideas descabelladas.

Las víctimas, conviene ser claro en este punto, no piden justicia, sino venganza. Es muy humano, es muy comprensible, pero es así de sencillo. Aunque disfracen su petición con la retórica de la justicia, y aunque la adoben con su dolor infinito, lo que pide toda víctima con respecto a su particular crimen es pura y simple venganza. Y tienen derecho a clamar por ella, cierto, pero la sociedad tiene la obligación de no escucharles, pues su grito no tiene nada que ver con la política criminal. Por eso, y no por ciega insensibilidad, las víctimas no son los actores principales del proceso judicial. Lo son sólo la sociedad y el delincuente.

El profesor García Amado escribía hace poco, comentando irónicamente este desmadre opinativo, que para determinar cuál es la pena equitativa para un asesino podríamos hacer una media. Primero preguntar a cien padres cuya hija ha sido asesinada vilmente; seguro que piden cadena perpetua. Después interrogamos a cien madres de chicos asesinos, que seguro que muestran comprensión y piedad para con ellos y piden una pena mínima. Y luego hacer la media entre ambas peticiones. Aunque también podríamos no dar la palabra a los padres de los afectados y reflexionar con un poco menos de emotividad y patetismo y un poco más ecuanimidad.

El vecino de Lazkao armado del mazo no ha ocultado el móvil que le guiaba cuando destrozaba el local de los cínicos: la venganza, el puro y simple ojo por ojo. Podemos comprenderle, pero nunca se nos ocurriría proponer un referéndum para instaurar la pena del mazo para los amigos de los violentos. Ni repartir mazos a las víctimas. Bueno, pues lo de los patéticos padres no es más que lo mismo, sólo que el mazo con que golpean se lo damos todos al prestarles atención. Es el mazo de la publicidad irresponsable, que olvida que la ley no es un garrote para servir a la venganza privada.