La culpa y redención de Patxi Vila

Admite el error de tomar, sin saberlo, un producto con testosterona y pide una sentencia para volver a competir

J. GÓMEZ PEÑA| BILBAO
Patxi Vila espera una respuesta a su caso. / EL CORREO/
Patxi Vila espera una respuesta a su caso. / EL CORREO

Poco tiempo después de dar positivo por testosterona, Patxi Vila recibió un mensaje en su teléfono móvil. Era de un ex corredor, también tachado por el dopaje. Decía así: «No sé si eres culpable o no. Lo que sé es que lo que te espera a partir de ahora no te lo mereces». La maldición. La mancha negra de los piratas en 'La Isla del Tesoro'. El estigma.

«Asumo que cometí un error. Fue una negligencia por mi parte», confiesa el ciclista navarro. Tomó unos aminoácidos contaminados con testosterona. «Yo no lo sabía, pero lo asumo. El fallo es mío». El control antidopaje fue un sábado de abril de 2008, tras la Vuelta a Valencia. Los controladores se presentaron a las ocho de la mañana en casa. Por sorpresa.

Un mes después, durante el Tour de Romandía, Vila recibió la notificación: positivo por testosterona, la hormona del vigor. Había rebasado por poco el límite establecido en la relación testosterona/epitestosterona, que es 4. El ciclista del Lampre dio 4,09. «No te esperas algo así. Ha sido lo más duro que me ha pasado en la vida».

Lucha en solitario

Vila es uno de los dorsales del pelotón que ha levantado la voz contra el dopaje. No quiere atajos. A donde no llegan las piernas no debe llegar la farmacia. Siempre se mostró crítico con los que querían sobrepasar sus límites. Por eso, por ser apóstol del ciclismo sin aditivos, su positivo le dejó casi solo. Aislado. Buena parte del gremio le dio la espalda. Él lo define así: «Noté el vacío». Un muro de espaldas a su alrededor.

Recurrió su caso. Comprobó, con el estudio realizado en un laboratorio italiano, que la testosterona provenía de los aminoácidos contaminados, y envió el informe al comité de disciplina de la Federación española. De ahí, el caso pasó al Consejo Superior de Deportes, donde sigue. «Ya ha prescrito. Han pasado más de seis meses. Pero yo lo que quiero es que se aclare. Por orgullo personal. Es justo que pague por mi error. Pero quiero una fecha para poder volver. No me gustaría dejar el ciclismo así».

Aspira a la reinserción: «Si vuelvo, sé que seré mejor corredor, más determinado, con más rabia».

El futuro

Vila tiene contrato con el equipo italiano Lampre hasta el final de 2009. También cuenta con un par de proposiciones para seguir a partir de esa fecha. Necesita que su caso se resuelva. «Ya me ha hecho a la idea de que me pueden caer uno o dos años, aunque insisto en que yo no sabía que había testosterona». Teme esa pena y también al castigo invisible: el rechazo del propio mundo del ciclismo. «En este deporte, si cometes un error lo pagas con cadena perpetua», lamenta.

Se ha sentido 'maldito' desde que dio positivo. Buscó en el triatlón una alternativa para seguir en forma: enseguida se colocó entre los mejores, hasta ganó la prueba de San Juan de Luz. Pronto sintió las miradas inquisidoras de algunos rivales. El 'dopado'. La mancha negra que parece imborrable. «Los tres primeros meses fueron durísimos. Ahora puedo decirle a los corredores que tengan la tentación (de doparse) que no vale la pena».

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