«Con 14 años, la violencia se llevó a mi padre y me hice cargo de la familia»

Destinado a ser figura en el ciclismo, creció en la Colombia de los paramilitares, los sicarios y la pobreza

J. GÓMEZ PEÑA| BILBAO
Rigoberto Urán, del Caisse d'Epargne. / EL CORREO/
Rigoberto Urán, del Caisse d'Epargne. / EL CORREO

Para saber dónde está uno, basta a veces con mirar los carteles de las fincas. Aquí, como mucho, dicen: 'Prohibido el paso. Perro peligroso'. Al subir las colinas de Medellín (Colombia) se puede leer: 'Prohibido arrojar cadáveres'. En 'La Virgen de los Sicarios', el escritor colombiano Fernando Vallejo habla de chavales con nombres importados de países ricos, como Tayson o Marlon, «nombres más rotundos que un tiro». Niños que matan por encargo. A la carta. Infancias aburridas, disipadas en el humo del 'basuco', cocaína impura fumada. La droga es la manera de torcer la mirada para ver la «torcida realidad». Vallejo recupera imágenes de lo que él llama 'la capital del odio'. Medellín. El lugar donde te 'quiebran' por nada. Quebrar es matar en la jerga del sicario. Y 'culebra' significa cuenta pendiente. Colombia era eso: un país venenoso donde la venganza se heredaba de padres a hijos. Un mar de asesinatos. 'Prohibido arrojar cadáveres'.

Rigoberto Urán es joven, 22 años; nació en Urrao, un pueblo a 170 kilómetros de Medellín, y heredó de su padre ese nombre antiguo. Nada que ver con la moda pistolera. Rigoberto, el padre, murió a tiros cuando Rigoberto, el hijo, apenas tenía 14 años. Huérfano, se echó la familia al hombro: hombre prematuro, sin tiempo para la niñez. Olvidó la revancha y cambió el rumbo que tantos seguían allí. Fernando Vallejo cierra su libro con un dicho colombiano: 'Y que te vaya bien, que te pise un carro o que te estripe un tren'. Rigoberto Urán se salió del maleficio: ni carro, ni tren. Escapó del destino de tantos niños perdidos con la bicicleta. Un avión le trajo a Europa cuando ya era lo que es hoy: ciclista profesional. Ahora vive en Pamplona, un sitio donde los carteles de las fincas le tranquilizan: sólo hablan de perros peligrosos.

-No viene de un sitio fácil.

-No. Soy colombiano. Con 19 años me vine a Italia, al equipo Tenax con un contrato profesional. Fue un cambio enorme. Me adapté porque tengo que hacer algo grande en este deporte.

-Perdió pronto a su padre y se hizo cargo de la familia, de su madre y su hermana pequeña.

-Sí. Menos mal que sólo éramos tres. Tenía 14 años, pero salimos adelante. Había que luchar cada día.

-¿De qué trabajó con 14 años?

-Cogí el trabajo de mi padre, que vendía lotería. Por eso, ya con 16 años, les dije a los directores de mi equipo, el Orgullo Paisa, que no podía seguir corriendo. No tenía tiempo para entrenarme. Era juvenil y no podían hacerme contrato hasta cumplir los 18. Pero yo necesitaba dinero. Entonces, fue mi madre la que firmó el contrato y pude cobrar.

-Colombia proyecta una imagen violenta.

-Tiene una fama muy mala. Sólo se habla de mi país por el tema del narcotráfico o los paramilitares. Eso era así. La violencia era el gran problema. Ahora ha cambiado mucho. A mí también me afectó la violencia, pero son cosas el pasado.

-¿La violencia?

-Sí, la violencia se llevó a mi padre y tuve que sacar adelante a la familia. Supuestamente fueron los paramilitares. Un tiroteo. En aquel tiempo morían muchos inocentes.

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-¿Cómo se echó la familia al hombro con 14 años?

-Es lo que yo me pregunto hoy. Fue muy complicado. Pero cuando tienes ganas de salir adelante, haces lo que sea.

-Trabajaba, se entrenaba y, ¿estudiaba?

-También. Terminé el colegio y no fui a la universidad porque con 19 años me vine a Europa. En Colombia los profesores me ayudaban. Sabían que la familia dependía de mí.

-¿Por qué le dio por el ciclismo?

-Por mi padre. Le gustaba mucho el deporte. Un día me dijo que por qué no salía con él a dar una vuelta. Empezamos a montar recreativamente, sin ropa de ciclista ni nada. Él quería que yo hiciera deporte. Practiqué fútbol, natación... Hasta que los de la escuela de ciclismo del pueblo le dijeron a mi padre a ver si me apuntaba. Me lo propuso y yo le respondí: 'Ah, bueno, hágale, vamos a montar en bici'.

-Y le fue bien.

-Mi tío tenía una bici y me la prestó un lunes. Ese mismo sábado había una carrera. Era una contrarreloj, pero yo ni sabía qué era eso. Pregunté y me dijeron: 'Mira, nosotros te soltamos desde acá, tú vete lo más rápido posible. Y luego cuando llegues allá, paras'. Eso hice y gané. Iba sin ropa de ciclista, con un chándal corto y una camiseta.

-Sorpresa.

-Todos los chavales que tenían bicis y culottes se quedaron mirando. Preguntaban de dónde había salido yo. Luego mi padre me compró ya un culotte y a la semana siguiente volví a ganar una carrera. Me empezó a gustar el ciclismo. Vinieron los primeros viajes. Me gustaba. Justo entonces pasó lo de mi padre. Quise dejar la bici, pero los de la escuela ciclista me dijeron que siguiera.

-Con 19 años, le hizo una oferta el Tenax italiano.

-Me costó dejar atrás la familia y todavía me cuesta. Siguen allí. Pero yo estoy aquí tres meses y otros tres en Colombia. En Europa la forma de vivir es diferente. Aquí la gente vive más centrada en lo suyo.

-¿Y en Colombia?

-Hay más unión entre la gente.

-Los primeros colombianos que llegaron a España decían que allá se entrenaban con pistolas.

-Ya no es así. Ha cambiado totalmente. Puedes andar sin problemas por Medellín, por Bogotá. Yo soy de un pueblo, Urrao. A 2.000 metros de altitud, a 23 grados todo el año. Un lugar tranquilo, sin coches, sin empresas.

-Parece harto de la imagen que se proyecta de Colombia.

-Es que a veces ves programas de televisión que... Cuando estuve viviendo en Italia conocí a una familia. Éramos vecinos y nos hicimos amigos. Les invité a venir a mi casa, en Colombia. Al principio les daba miedo el narcotráfico y esas cosas. Fueron y casi no quisieron volver. Vieron que todo era diferente a lo que creían. Las cosas hay que verlas. Este año volverán a mi casa.

-¿Qué siente al ver a tantos compatriotas emigrantes en España?

-En Colombia la situación laboral es difícil. Aquí hay mejor sueldo. Cuando veo eso, pienso en que tengo que aprovechar mi oportunidad.

-Eso ayuda en la bici.

-Mucho. Yo no daré marcha atrás. Adelante hasta el final.

Grave caída en Alemania

-Con esa mentalidad se recuperó de la grave caída en la Vuelta a Alemania de 2007.

-Me supuso ocho meses de recuperación. Me rompí los dos codos, la muñeca y me dañé el cuello. Tomé recto una curva de una bajada y fui a picar contra una piedra.

-¿Pensó que era el final de su carrera?

-Claro. Estuve nueve horas en el quirófano. Los médicos no me daban garantía de nada. Me habían reconstruido el codo izquierdo por completo. Creían que no podría recuperar la movilidad el brazo y mira (lo extiende por completo). Estuve tres meses inmóvil, sin poder ni comer ni ir al baño solo. Todo me lo tenían que hacer.

-Se recuperó y continuó el camino que inició al volar hacia Europa. ¿Qué pensaba cuando cogió aquel avión?

-Era feliz. Venía a otro ciclismo. Un sueño. Vine en avión, pero habría venido en barco y hasta en bici.

-Cuando a Johan Bruyneel, director del Astana, le preguntaron por rivales en el futuro para Contador, dijo tres: Gesink, Schlek y Urán.

-(Sonríe) Ojalá.

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