La ola más grande de la historia

Una boya oceanográfica situada al norte de Santander registró el día 24 una mole de agua de 26,13 metros, altura nunca alcanzada en España

AITOR ALONSO| VITORIA
Una ola gigantesca golpea la península de La Magdalena, en Santander, ante la mirada atónita de varios curiosos. / ROBERTO RUIZ/
Una ola gigantesca golpea la península de La Magdalena, en Santander, ante la mirada atónita de varios curiosos. / ROBERTO RUIZ

El ciclón que atravesó toda la Cornisa Cantábrica la madrugada del pasado 24 de enero acaba de sumar un nuevo récord a su espectacular y devastadora trayectoria. Los fortísimos vientos, que llegaron a alcanzar los 193 kilómetros por hora en Matxitxako, levantaron olas de 21,5 metros en la costa vasca, pero ayer se supo que no fueron las más altas de las registradas en la franja de litoral. La boya Augusto González de Linares (AGL), situada a 22 millas de Santander, marcó una cifra aún más escalofriante: 26,13 metros de altura máxima de ola, una marca nunca antes registrada en España, que inició mediciones fiables en la década de los 90. Viene a ser una altura equivalente a un bloque de viviendas de ocho o nueve plantas.

El descubrimiento de los datos de la boya situada en la costa cántabra ha sorprendido a los propios expertos del Instituto Español de Oceanografía, que ayer hicieron públicos los inusuales registros. No fue fácil conseguirlos. El fuerte temporal rompió los anclajes de la sonda marina a las siete de la mañana del 24 de enero. El dispositivo continuó midiendo y transmitiendo parte de sus datos, pero el más elevado ya estaba en su interior. Se había alcanzado una hora antes de que fallaran las sujeciones. La boya estuvo cuatro días a la deriva y se localizó el miércoles 28 a las 11.00 horas a diez millas de la costa de San Sebastián.

Este tipo de sondas envían cada hora una información de promedio de ese periodo mediante satélite y guardan en su interior el registro completo del oleaje, unos 72 datos por minuto. Dado su volumen, estos detalles no se envían, sino que se descargan cuando los técnicos visitan los dispositivos para su mantenimiento, normalmente tres veces al año. Ésta es la razón por la que los datos se conocieron ayer y no antes, una vez recuperado y examinado el artilugio.

«Es un dato muy sorprendente», admitió ayer Alicia Lavín, oceanógrafa del instituto nacional, provocado sin duda por «el violento temporal de vientos huracanados» que azotó esa madrugada el litoral cantábrico. Y, más en concreto, por la presencia de viento sostenido por encima de los 80 kilómetros por hora, «más peligroso y devastador que las rachas sueltas, aunque éstas alcancen una velocidad mayor», indicó a EL CORREO la responsable de la Agencia Estatal de Meteorología en Euskadi, Margarita Martín.

Tanto los 26,13 metros como el segundo registro más elevado tomado por la boya AGL, de 24,65 metros, se han ganado la consideración de récord de oleaje en aguas españolas. «No había registros tan altos al menos desde que se iniciaron las mediciones», indicó Lavín. No sólo resultó sorprendente la altura máxima, sino también el parámetro que los expertos denominan «altura significante de ola», de mayor relevancia en la investigación oceanográfica. Viene a ser una media que se elabora a partir de un tercio de las olas más altas registradas durante un periodo concreto, generalmente media hora, y que corresponde con la altura del oleaje que percibe visualmente un observador. La boya AGL marcó un valor de 14,88 metros, también sin parangón. Esta misma sonda había marcado el anterior récord, con una altura significante de 12,54 metros el 11 de marzo de 2008. Entonces, con un fortísimo temporal barriendo la costa cantábrica -se inundó la Parte Vieja donostiarra y hubo numerosos desperfectos en los puertos vascos-, las olas más altas alcanzaron los 19,77 metros.

Construcciones costeras

Alicia Lavín admitió que el registró del día 24 «es muy importante para ser aguas españolas», y anticipó que valores de este calibre podrían obligar a modificar los «márgenes de resistencia» con los que se trabaja habitualmente en las construcciones costeras. «Es un dato impresionante», agregó. El hecho de que no coincidiera con una marea fuerte ni con la pleamar, junto a la «bastante buena y ajustada predicción» de los servicios meteorológicos evitó, a su juicio, que los efectos en la costa fueran más devastadores.

La boya AGL, quien lleva transmitiendo desde 2007, volverá a su ubicación original «en cuanto sea posible». Actualmente se encuentra en el puerto de Santander, donde se comprueban sus sensores.