Debate en la barra

Miembros de las juventudes de partidos políticos, pivotando entre su militancia y sus ganas de exprimir la noche, opinan sobre el cierre de locales

SOLANGE VÁZQUEZ| BILBAO
Gonzalo Codesido (EB) e Ignacio Toca (PP) charlan en un bar del Casco Viejo. / M. ATRIO/
Gonzalo Codesido (EB) e Ignacio Toca (PP) charlan en un bar del Casco Viejo. / M. ATRIO

En el universo de las ideas políticas no les resulta fácil hallar puntos de encuentro. Sin embargo, no es extraño que coincidan en los mismos bares, sobre todo a altas horas de la madrugada, cuando ya han bajado la persiana la mayoría de los locales de Bilbao y se inicia la peregrinación -una especie de santa compaña con ganas de fiesta- hacia las últimas reservas abiertas. Los integrantes de las juventudes de los partidos políticos no discrepan en todo y se desmarcan de los arquetipos. Ni los nacionalistas hacen la ruta de los batzokis en su tiempo libre ni los socialistas dedican sus 'kinitos' a Pablo Iglesias en las casas del pueblo. Tampoco los populares juran por 'Snoopy' y los de EB no consagran sus noches a colocarse el palestino mientras tararean canciones de Silvio Rodríguez... En fin, que la realidad es muy distinta a las divertidas parodias del programa de televisión 'Vaya semanita'.

Las diferencias entre unos y otros no son tan folclóricas. Pero sí es cierto que el perfil político de cada cual determina en buena medida su postura sobre la noche bilbaína y su última polémica: el cierre de cinco establecimientos hosteleros de referencia por superar el aforo permitido. Cuatro veinteañeros de la cantera de las formaciones con representación en el Consistorio -PNV, PSE, PP y EB- opinan sobre la medida haciendo equilibrios entre la obligación y la devoción o, lo que es lo mismo, entre su militancia y su carácter de noctámbulos con ganas de exprimir la madrugada.

ALAIN COLOMA

Juventudes del PSE, 23 años

«Hay sensación de persecución»

Para Alain, el reciente cierre de «cinco bares estrella» es sólo un eslabón más de una cadena de acontecimientos que están asfixiando la vida nocturna del 'botxo'. «Primero fueron a por el botellón, luego siguieron con los horarios... ¡y ahora con los aforos!», enumera mientras apura una Coca Cola en un pub del centro. Conclusión: «La noche ha decaído en los dos últimos años», precisa con aplomo de experto.

El problema, según explica este estudiante universitario de Publicidad y Relaciones Públicas, es que no se hacen políticas que permitan «compatibilizar la fiesta con el derecho al descanso de los vecinos» y tampoco existe un diálogo con los hosteleros sobre temas como horarios o aforos, algo que podría evitar luego medidas sancionadoras... «Hace falta más voluntad política; si no da sensación de persecución».

Firme defensor de que la restrictiva norma de aforos cambie para permitir la entrada 'legal' de más clientes, sobre todo en los establecimientos pequeños -«no es igual que una sala grande duplique su aforo a un bar con capacidad para 30 personas tenga diez de más»-, Alain admite que el Ayuntamiento ha cambiado sus hábitos: «No soy de discotecas, aunque hace años veía amanecer casi todos los fines de semana. Eso sí, desde que empezaron a ponerse duros con las horas de cierre, vuelvo a casa mucho antes».

TATIANA MUÑOZ

Juventudes del PNV, 24 años

«Las normas están para cumplirlas»

«Bilbao es una buena ciudad para salir, no es que lo diga yo, es que cuando vienen amigos de otros sitios y los saco de marcha también lo comentan. Tiene bares para todos los gustos», afirma con convicción Tatiana, licenciada en Periodismo. Vamos, que no comulga con algunos jóvenes de otros partidos que afirman que el ambiente va a menos. Y, desde luego, tampoco comparte sus teorías conspiratorias sobre la intención del equipo de Gobierno local de reducir el jaleo nocturno a base de mano dura con el aforo de los bares. «La norma de aforo es la que es y fue aprobada recientemente por todos los partidos. Creo que es importante que puedas tomarte una copa sin empujones en un bar y, sobre todo, que haya seguridad y los locales no estén saturados», destaca.

Sobre la posibilidad de que el cierre de establecimientos pueda perjudicar a la imagen de la villa y a su tirón para determinado tipo de turismo, Tatiana lo tiene claro: «¿Pero alguien se cree que el equipo de Gobierno va a ir en contra de su propia ciudad? Medidas como las del aforo no van contra Bilbao ni contra su turismo, al contrario, es para evitar desgracias y para que no nos echemos algún día las manos a la cabeza. Mejor ser ahora noticia por la polémica de los cierres que lamentar luego consecuencias más serias».

Asidua de los bares de Pozas y del Casco Viejo -aunque termine la velada muchas veces en el Azkena o en la Fever-, Tatiana cree que algunos locales actualmente clausurados, sobre todo el Antzoki, que le encanta frecuentar, «hacen una importante aportación a Bilbao». Sin embargo, recalca «que la normativa está para que se cumpla». «El empresario, cuando abre un local, sabe a qué se atiene y cuánta gente cabe en su negocio», desliza. Sin embargo, intenta quitarle hierro al asunto y al revuelo que ha causado la oleada de cierres. Confía en que cale el aviso y que el tema de los aforos abandone la condición de polémica para convertirse en algo asumido. «También hubo críticas cuando se bajó el volumen de las 'txosnas' a las cuatro de la mañana en Aste Nagusia y, al final, los que salen no han notado tanta diferencia y los vecinos están mejor», recuerda.

IGNACIO TOCA

Juventudes del PP, 21 años

«Es necesario un poco de flexibilidad»

Ignacio, estudiante de Periodismo, está en plena época de exámenes. Pero, aun así, en las próximas semanas saldrá «un poco» para airearse y olvidar por un momento los tacos de apuntes. Así lo explica mientras fuma con fruición un pitillo tras otro, justo después de haber salido, exhausto, de un examen de Lengua. Aún no sabe a qué zona va a dirigir sus pasos, pero afirma que, a pesar de que alguna vez ha recibido algún insulto cuando estaba de marcha por militar en el PP, no se priva de ir a ningún sitio. «En general, cuando sales por Bilbao hay buen rollo. Yo, al menos, no he tenido problemas», sostiene.

Lo que le da mala espina, a veces, es «el llenazo» de algunos bares. No sólo por los problemas de seguridad que se puedan generar -«la verdad es que hay sitios que no dan la impresión de estar preparados para un imprevisto», detalla-, sino por «la agonía» de tener que acercarse a la barra, como quien trata de no ahogarse entre arenas movedizas, «para pedir una consumición». «Creo que está bien que se cumplan las leyes de aforo, pero también es necesaria cierta flexibilidad en este tipo de asuntos», matiza Ignacio, que suele frecuentar los bares de Mazarredo y es de buen conformar: «Me gusta todo tipo de música y, aunque no me va mucho lo de bailar, tampoco me importa». En plena época de exámenes, se anima a puntuar la noche bilbaína. Y lo hace con generosidad: «Le pongo un 7».

GONZALO CODESIDO

Juventudes de EB, 24 años

«No hay fórmulas mágicas, sólo hablar»

Gonzalo conoce la noche desde ambos lados de la barra. Durante dos años trabajó poniendo copas en el bar 'Uhaska' de Barrenkalle y ahora, como civil, sigue siendo un incondicional del Casco Viejo, donde «la puesta en marcha a rajatabla de normativas ya existentes», como la de los horarios, hizo una escabechina en el ambiente de la zona. «Y en la caja de los bares, que se redujo a la mitad», añade. Por eso, sabe que cuando se empiezan a aplicar las leyes con rigor, las consecuencias no tardan en ser evidentes. «Ahora, le toca el turno a los aforos, que son muy conservadores. No hay fórmulas mágicas para arreglar el problema, se trata de dialogar», apunta este estudiante de Ingeniería técnica, bastante pesimista sobre la evolución de la fiesta en Bilbao.

Y las últimas sanciones no parecen el mejor método para que la movida de la villa se venga arriba. «Los políticos deben hablar más y no ir directamente a la sanción», apunta. «Me molesta que siempre tomen medidas contra los bares de gente joven y que nunca 'toquen' otras cosas, como el 'txikiteo', que a mí no me parece mal. Los que hacen las normas no se meten con los ambientes que frecuentan», manifiesta con rotundidad mientras mira con nostalgia la persiana bajada del 'Uhaska', donde descubrió dos cosas: que ser barman «ayuda a ligar» y que se puede hacer política desde la barra «poniendo a grupos como Platero, Marea o Reincidentes». «El rock siempre ha sido de izquierdas», sentencia.

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