Fracasa la fusión de BBK y Kutxa

El proyecto no obtuvo el respaldo de la caja de ahorros guipuzcoana, donde se quedó a 4 votos Vocales de EB y EA podrían haber hecho caso omiso de las instrucciones de sus organizaciones

MANU ALVAREZ| BILBAO
Xabier de Irala, tras conocer el resultado. / I. PÉREZ/
Xabier de Irala, tras conocer el resultado. / I. PÉREZ

El proceso no estaba amarrado y se saldó anoche con un mazazo para sus promotores. La fusión entre la BBK y la Kutxa fracasó ayer de forma definitiva al no conseguir los apoyos necesarios en la asamblea de la caja guipuzcoana. La integración necesitaba del respaldo de 67 de los 100 compromisarios de la entidad, pero tan sólo obtuvo 63. En el cónclave de San Sebastián se registraron 33 votos en contra y 4 abstenciones. En el caso de la caja vizcaína, sin embargo, la propuesta recibió un apoyo suficiente, con 68 votos afirmativos y 26 en contra.

Los presidentes de las entidades creían contar con apoyos que no se han materializado en la caja guipuzcoana. Habían dado como seguros los 51 votos que aportaba la coalición PNV-EA; también los 9 de Comisiones Obreras -sindicato con el que existía un acuerdo cerrado-, los 3 de Ezker Batua y 1 que correspondía a Aralar, así como 2 de la candidatura Pixkanaka. Esa mayoría no era suficiente y en las últimas semanas, bajo el más absoluto de los secretos, pensaban haber sumado un colchón más que suficiente para garantizar el acuerdo: 5 votos que pertenecían a la candidatura del Partido Socialista de Euskadi y que corresponden a dirigentes sectoriales y locales de la UGT. La dirección de este sindicato, apenas veinticuatro horas antes de la fusión, admitía de forma discreta que era favorable a la fusión y que estos vocales la apoyarían. Todo parece indicar, sin embargo, que en los últimos momentos el PSE consiguió imponer la unidad de criterio en su grupo, para decantar la votación hacia el fracaso de la propuesta.

¿Qué vocales se saltaron la disciplina de su grupo, hasta el punto de que los votos afirmativos ni siquiera alcanzaran los 66 que se daban como fijos? El voto secreto en la asamblea de la caja guipuzcoana -exigido por el PSE- va a impedir que se conozca este extremo con claridad. Hay, incluso, todo tipo de acusaciones cruzadas, aunque buena parte de los análisis apuntan a un transfuguismo múltiple. Así, se indica que alguno de los tres vocales de Ezker Batua no estaba por la labor de seguir las indicaciones de la formación que lidera Javier Madrazo, que había anunciado el miércoles su decisión de apoyar la fusión. También se apunta que ha fallado algún voto de EA.

En el caso de la BBK la votación discurrió según lo previsto y el acuerdo fue respaldado por 68 votos afirmativos, que corresponden a los vocales de PNV, CC OO, EB y Aralar.

«Jugar en primera»

Los dos presidentes habían planteado esta operación como una reacción a la difícil coyuntura económica y también como un movimiento ante las dificultades, fundamentalmente políticas, para conseguir una fusión a tres en la que interviniese además la Vital alavesa. Un proyecto 'amasado' desde el verano de 2005 que ha experimentado al menos dos 'aparcamientos'.

Irala e Iturbe habían concebido la nueva Kutxa -éste había sido el nombre comercial elegido para la futura Caja de Ahorros de Euskadi- como una entidad financiera capaz de navegar con viento a favor, en medio de una morosidad creciente. Era, apuntaban, una caja de ahorros que nacía preparada para «jugar en la primera división del sector financiero», donde hay que codearse con auténticos gigantes como Caja Madrid o La Caixa.

La fracasada nueva Kutxa iba a ser la primera entidad española por solvencia -la relación entre sus reservas y el riesgo crediticio-; la tercera por volumen de fondos propios -7.434 millones de euros-; unos depósitos de clientes de 37.687 millones de euros; 753 oficinas y casi 6.000 empleados. Unos datos que permiten sustentar las razones técnicas que los presidentes de BBK y Kutxa habían defendido desde el principio de las negociaciones que desarrollaron a la búsqueda de votos. «No es una operación política -dijo ayer Irala en su discurso ante los asambleístas- sino una respuesta eficiente ante la crisis financiera más grave de la historia».

Las dos cajas eran también perfectamente complementarias. Sus mercados locales están claramente divididos -Vizcaya y Guipúzcoa- y en la denominada red de expansión, la que se encuentra fuera de la comunidad autónoma vasca, no había excesivas redundancias aunque sí sería necesario un trabajo de «racionalización». También encajaba perfectamente su estructura de riesgos. Mientras que la caja guipuzcoana ha apostado de forma importante por el mercado inmobiliario -con malos resultados en los dos últimos años-, BBK aportaba una posición muy destacada en las inversiones de renta variable, con una fuerte cartera en sociedades que cotizan en Bolsa.

Los dos presidentes ya habían advertido en privado de que si se producía este fracaso pondrían en marcha un 'plan B' que, sin embargo, no está del todo matizado. Todo parece indicar que la Kutxa guipuzcoana deberá afrontar un proceso de ajuste de la red de oficinas ubicadas fuera de Euskadi, ya que, fruto de su estrategia pasada, refleja una excesiva concentración en áreas donde se ha producido una explosión inmobiliaria. Zonas hasta hace unos meses extraordinariamente rentables y que ahora se han convertido en una rémora.

El acuerdo alcanzado entre PNV y Comisiones Obreras para lanzar esta fusión había propiciado también un «magnífico» acuerdo laboral que beneficiaba de forma especial a los empleados de la caja guipuzcoana -aumentos salariales, reducción de jornada y mejora del plan de pensiones- y que ahora quedará aparcado en un cajón.