«No se percatan del peligro y caen en un apacible sopor»

Un forense explica cómo actúa la 'muerte dulce', el fallecimiento por inhalación de monóxido de carbono

J. L. D.| LOGROÑO
«No se percatan del peligro y caen en un apacible sopor»

Se conoce como 'la muerte dulce'. El forense José Antonio García Andrade explica que el fallecimiento por inhalación de monóxido de carbono (CO) se produce sin que los afectados «se den cuenta del peligro» al caer en un apacible «sopor».

«Se trata de una muerte muy dulce que no da sensación de ahogo ni de asfixia», señala el experto. De hecho, en la mayoría de los casos, las víctimas no llegan a percatarse de lo que les está ocurriendo. Cuando no es así y la víctima es consciente, «la inhalación les provoca una parálisis en las piernas que les impide moverse», explica García Andrade.

El monóxido de carbono es un asesino silencioso cuya presencia en el aire sólo puede advertirse mediante un aparato detector específico. Su acción sobre el organismo es tan sencilla como peligrosa.

El gas se combina con la hemoglobina de la sangre produciendo lo que se conoce como carboxihemoglobina. Como consecuencia, la sangre deja de transportar oxígeno y las funciones vitales inician un fallo en cadena por hipoxia o asfixia celular.

La exposición al monóxido de carbono, aunque sea por un periodo de tiempo muy breve, produce daños irreparables. Los primeros síntomas se asemejan a un simple catarro.

Un reguero de víctimas

Cincuenta y dos personas han fallecido en los once sucesos más graves por escapes de gas (con tres fallecidos o más) ocurridos en España en los últimos 8 años, incluida la trágica muerte ayer de los tres hermanos bolivianos que celebraban el retorno a su país de origen en una caseta del barrio de Varea.

El siniestro de este tipo de mayor gravedad desde el año 2000 ocurrió el 6 de febrero de 2005 en un albergue rural de Todolella (Castellón) .

Dieciocho personas de entre 17 y 50 años murieron por inhalación de gas cuando dormían en un albergue rural de esta localidad castellonense. La muerte les sobrevino por un mal funcionamiento de las estufas con las que se calentaban para combatir el intenso frío.

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