Igor Antón archiva las muletas

«Una lesión así te enseña que todo se puede acabar de repente», dice el vizcaíno, que regresará al Tour

J. GÓMEZ PEÑA| BILBAO
Igor Antón, junto a Samuel Sánchez, en el acto inaugural de ayer. / FOTOS: LUIS ÁNGEL GÓMEZ/
Igor Antón, junto a Samuel Sánchez, en el acto inaugural de ayer. / FOTOS: LUIS ÁNGEL GÓMEZ

El día del Angliru Igor Antón lo acabó tumbado en una camilla del Hospital de Oviedo. Una mala curva del descenso del Cordal, un resbalón y de costado contra el quitamiedos. Seco. Dos crujidos: uno en la clavícula izquierda, otro en la cadera. Tieso. Todos le esperaban al lado de Contador en la cima del Angliru, pero se quedó ahí. La meta fue el quirófano y sus siguientes ruedas las halló en casa: «No podía andar. Para desplazarme usaba la silla del ordenador». Así pasó las dos primeras semanas de la rehabilitación. Luego, quince días de muletas. Ahora ya suda sobre el rodillo. «Estoy seguro de que todo esto me hará más fuerte mentalmente», confía.

El ciclista vizcaíno se sentó junto a Samuel Sánchez en el acto inaugural de la temporada del Euskaltel-Euskadi. Mejor sentado que de pie. «Cuando monto en bicicleta, la lesión me molesta menos que andando». Protege su pierna izquierda. Mientras habla de su recuperación, se apoya en la derecha. Pesa casi lo mismo que cuando se cayó en la Vuelta a España. «Sólo un kilo y pico más, pero sé que he perdido mucho músculo. Mira...». Y se apunta al muslo izquierdo, lo ciñe con el pantalón. Está flojo, desencanchado. Con tacto de tregua.

«Me va a costar»

«Apenas he salido un par de días a la carretera. En el primer entrenamiento, ya me di cuenta de lo que me va a costar volver a estar en forma». La caída le hizo pasar de la euforia física a la movilidad limitada de la silla de ordenador. Un ciclista con cordel. En círculos por casa. «De la clavícula mejoré pronto. La cadera cuesta más. Pero ya ha hecho callo». Rezuma optimismo.

En primavera, un dolor repartido entre los dos talones de Aquiles le tuvo en barbecho. Después, en septiembre, en plenitud, le tocó aquella curva del Cordal. «Ha sido un año negro, pero me quedo con lo bueno, con las sensaciones de la Vuelta a Suiza y, sobre todo, con las de la Vuelta a España. Creo que nunca había alcanzado ese nivel de rendimiento». Con los mejores. Al lado de Contador y Sastre, dos ganadores del Tour.

Tras dos meses largos sentado y con sólo diez sesiones de rodillo en las piernas, Igor Antón no será puntual con el inicio de la próxima temporada. Llegará tarde. «Lo peor ha sido tener que ver por la tele carreras que me encantan, como el Giro de Lombardía. Cuando estás en forma no eres consciente de lo importante que es la salud». En 2009, al ciclista de Galdakao le esperará el Tour. Las carreras de primavera serán para Samuel Sánchez, igual que la Vuelta. A Antón le dan tiempo hasta julio para ser el que era antes del Cordal. «Lo mejor de la caída es que fue en septiembre, que no me partió la temporada». La botella medio llena: su norma.

Objetivo: París

En 2007, el Tour le pudo. Le tumbó. Llegó sin gas a su debut en la Grande Boucle y se desinfló entre llanos y rotondas. «Regresaré con ganas. Con respeto, eso sí. Para acabarlo y llegar a París». En el equipo, sueñan con una etapa. Un día como el que no tuvo en el Angliru.

«Una lesión como la mía te enseña que hay que aprovechar el tiempo, que esto se puede acabar de un día para otro. Basta con una mala caída». Antón salió cojo de la suya, del patinazo en el Cordal. Ahora, sobre el rodillo, aprende a pedalear. Aún sigue en casa. «Pongo la tele o música en el ordenador y venga, a dar pedales una hora». A devolverle el músculo a su biela izquiera. «La miro y la veo sin chicha». Pero ya va sola, sin silla ni muleta.

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