J.Santos Yanguas: «El director de Veleia sabe desde hace un año que las epigrafías son falsas»

«En un principio me colaron el engaño», asegura el mayor experto de Álava en mundo romano

M. JOSÉ CARRERO | VITORIA
Juan Santos Yanguas es uno de los mayores conocedores del mundo romano en Álava y especialista en epigrafías. / JESÚS ANDRADE/
Juan Santos Yanguas es uno de los mayores conocedores del mundo romano en Álava y especialista en epigrafías. / JESÚS ANDRADE

Juan Santos Yanguas (Segovia, 1951) catedrático de Historia Antigua de la UPV y director del departamento de Estudios Clásicos, respaldó en un principio los hallazgos de Iruña-Veleia, el yacimiento romano a diez kilómetros de Vitoria donde fueron hallados unas inscripciones que supuestamente alteraban lo conocido sobre la presencia romana en Álava así como la datación del euskera escrito. Yanguas acompañó a Eliseo Gil, que estaba al frente de la excavación cuando fueron presentados aquellos materiales. En noviembre de 2006, cuando surgieron las primeras sospechas de fraude, incluso tachó de «irresponsables» a otros expertos por dudar de la autenticidad de las epigrafías. Su posicionamiento, sin embargo, ha sido determinante para destapar el escándalo. La semana pasada acaparó todas las miradas en la comisión técnica encargada de investigar el escándalo. Y dio la sorpresa. Sus conclusiones finales no sólo variaron, sino que fueron contundentes. «Los textos de los grafitos no son antiguos», zanjó. El profesor, considerado el mayor experto en Álava sobre mundo romano, explica ahora sus impresiones a EL CORREO.

-Eliseo Gil afirma que es arqueólogo y no sabe interpretar epigrafías. Le apunta a usted como uno de los que da por buenos los hallazgos.

-A mí me dan unas coordenadas arqueológicas de una unidad sellada por derrumbe y en la que no había intrusiones. Se hicieron pruebas químicas en laboratorios que parecen de confianza y por una persona que, según Eliseo, tiene la preparación correspondiente (Rubén Cerdán). Entonces le digo que vamos a estudiarlo.

-¿Cuándo?

-Pieza por pieza, en noviembre de 2006.

-En esa fecha, el profesor Joaquín Gorrochategui hace públicas sus primeras sospechas. Y ustedes no le hacen caso. Es más, firma un comunicado junto a Knörr, Filloy, Cerdán... en el que incluso le tachan de irresponsable.

-Claro, porque no había analizado las piezas. No hay 30 ó 40, sino más de 1.000 que hay que estudiar para contrastarlas unas con otras. Estamos en el inicio. Era una forma de defendernos de presiones para no seguir con un ritmo mediático, sino de investigación. Ya en febrero de 2007, decimos que hay que pedir un asesoramiento externo.

-¿Y qué ven en febrero de 2007?

-Cosas que no encajan.

-¿Y por qué no lo hicieron público?

-Porque debería haberlo hecho el responsable de la excavación.

-¿Se lo comunican al responsable?

-Vamos a ver. Cuando aparece el nombre de Descartes en una piedra, le decimos que esto no puede ser. Pero ellos no toman ninguna medida. Entonces, decidimos buscar el asesoramiento de Isabel Velázquez, que es especialista en epigrafía, catedrática en Filogía Latina de la Complutense. Y en mayo de 2007, la profesora viene y ve cosas que no cuadran.

-Se sobreentiende que estos materiales los ven en el museo, es decir, que no han podido ser manipulados por nadie.

-Exacto. Fueron trasladados a una caja fuerte. En septiembre de 2007, la profesora Velázquez, en un encuentro en Madrid, le dice a Eliseo Gil: 'Esto no es bueno'. Desde este momento, el responsable de la excavación debería haber explicado aquello y haber tomado medidas.

-¿Y qué les dijo Gil?

-Seguía manteniendo la validez de las piezas. Por eso comenzamos a analizar los elementos que no cuadraban. El soporte era bueno, pero el contenido no.

-¿Por qué usted no ha hablado como ha hecho, por ejemplo, Gorrochategui?

-Porque había que tener todo el material estudiado.

-Usted fue uno de los más vehementes en la comparecencia de las Juntas Generales asegurando que los materiales aparecidos eran contemporáneos. ¿De dónde han salido?

-Si aparecen elementos matemáticos como el signo de implicación que no se utilizan hasta 1930, eso no es opinable, es una evidencia. Hubiera bastado para replantearse todo. Formada la comisión -se creó en enero de 2008-, tuve una conversación con Gil. Creo que en junio. Le invité a comer y le dije: «Eliseo, esto no puede ser», y obtuve la callada por respuesta.

-Habló en su exposición de que ha participado más de una mano.

-Los que sabemos de epigrafía hemos constatado que hay más de dos manos.

-Decía el profesor Almagro que son piezas de laboratorio. ¿Qué significa?

-Que pueden estar manipuladas fuera y luego puestas allí.

-Puede ser incluso que el material no sea de este yacimiento.

-Por eso hay que hacer una análisis muy complejo. Lo que sí puedo decir es que el material es de la época pero lo que hay escrito no. Hay una cosa que quiero aclarar. Se ha dicho que utilicé un ejemplo para justificar antes de haber estudiado las piezas que apareciese un Rómulo. En una inscripción de Istria, en una vasija, está completamente atestiguado que aparece Rómulo. Pero claro, Rómulo ahí es dativo porque aparece como una ofrenda. Romulus es el nominativo y Rómulo el dativo. Antes de ver las piezas, éste no es un elemento excluyente.

«Precipitado»

-¿Hubo presiones políticas?

-No lo sé.

-Pero fue precipitado publicarlo.

-Sí. Pero en aquel momento había unas coordenadas válidas, y entonces se dijo: pues adelante.

-¿Le extrañó la salida de tres arqueólogos del yacimiento?

-Efectivamente, pero creo que su salida no está relacionada con la falsedad del material.

-¿Tiene usted alguna sospecha de quién puede estar detrás de esto?

-Ninguna. Al ser una falsificación tan burda, no sé quien puede pensar que esto va a colar. Aunque puede ocurrir en un primero momento, como me lo colaron a mí.

-¿Que los arqueólogos de la UPV no estuvieran en esto es sospechoso?

-Lo que parece sospechoso es que se den permisos de excavación a proyectos que a lo mejor necesitan estar avalados por otras personas. Y que conste que yo siempre he confiado en Eliseo Gil.