El Baqué ficha a Induráin

El pentacampeón del Tour ganó el criterium de Durango que celebró los 30 años del equipo vizcaíno

J. GÓMEZ PEÑA| DURANGO
Julián Gorospe, Induráin y Lejarreta se juntaron ayer en Durango para rendir homenaje al Cafés Baqué. / FOTOS: IGNACIO PÉREZ/
Julián Gorospe, Induráin y Lejarreta se juntaron ayer en Durango para rendir homenaje al Cafés Baqué. / FOTOS: IGNACIO PÉREZ

El ciclismo no olvida. «¡Última vuelta! Marino Lejarreta escapado. Sale a por él Miguel Induráin. A rueda, Julián Gorospe». Suena a eco de otro tiempo. Pero no. Esa ráfaga de nombres corría ayer por la megafonía en la avenida que cruza el barrio Landako, en Durango. Y allí estaban ellos, los mitos. Junto a muchos de los 82 ciclistas profesionales acunados en el equipo Cafés Baqué. La escuadra que ayer cumplió treinta años. Caso único. A conservar. Hace tres décadas, todo empezó con Gorospe, aquel fogonazo rubio. Ayer, Induráin y tantos otros se reunieron para celebrarlo. A su manera: vestidos de uniforme ciclista y a pedales. Ni la lluvia, refugiada aquí desde hace semanas, enfrió la emoción. Aroma del mejor ciclismo. De Baqué.

«Si alguno se cae al suelo, no se levanta», bromeaba Laiseka recorriendo con la vista los kilos de más de muchos de sus colegas. Allí estaban Alfonso Gutiérrez, González Salvador, Mauleón, Zarrabeitia, Juan Carlos Alonso, Leanizbarrutia, Beloki, Joseba Núñez, Cengotitabengoa, Barcina, Balboa, David y Unai Etxebarria, Joseba Ruiz... Tantos. El dorsal número uno, claro, fue para Miguel Induráin. «Yo no corrí en el Baqué. Eran rivales; recuerdo bien las peleas con Rubén Gorospe. Fueron bonitas batallas. Y ahora estamos aquí para agradecerles el apoyo a este deporte durante treinta años». Por eso, por un día, se enfundó el maillot rojo del Baqué y volvió a coserse un dorsal. El suyo: el '1'.

Volver está de moda. Hasta Armstrong retorna. «¿Yo? -se sorprendió Induráin-. Yo no. No vuelvo por no ganarle», bromeó. Y añadió un dato que le da ventaja sobre el americano: «En 'youtube' se puede ver un vídeo en el que yo paso a Armstrong en una contrarreloj. Eso no lo puede decir él de mí». Armstrong debutó mediado 1992 y el navarro se fue cuatro años después. Entonces, Induráin era leyenda y el estadounidense, sin saberlo, incubaba el cáncer que le fortaleció. A la lucha contra esa enfermedad, precisamente, irán los fondos recaudados ayer en la fiesta aniversario de Cafés Baqué.

Reencuentro

Antes de iniciar el criterium hubo turno para la charla y el reencuentro. «Llevaba quince años sin ver a alguno de éstos», agradecía el cántabro Alfonso Gutiérrez, hijo adoptivo del Baqué. Fue el mejor velocista de su camada. Rival de González Salvador, también presente: «Hoy no habrá sprint. Antes estábamos más locos. La edad nos ha serenado». A Julián Gorospe, el ganador de aquella Vuelta a Vizcaya de 1981, le elogiaban la planta que aún conserva: «Es sólo por fuera. No estamos más que para dar una pocas vueltas, y llanas». Al lado, Javier Otxoa, el campeón paralímpico, vestía uno de los maillots del Baqué que lució Ricardo, el hermano fallecido en el accidente que a él le trompicó la vida. Otro recuerdo de asfalto.

«Han pasado ya unos cuantos años y también, unos cuantos kilos», resumía el segundo Induráin, Prudencio. Mikel Zarrabeitia, en cambio, mantiene el tipo. De silbido. «Sí, fino pero flojo. Mínguez -su antiguo director- está mejor que yo». Casi, casi. El técnico vallisoletano se atrevió ayer con la prueba ciclista. Que sesenta años no son nada. «¡Qué deprisa pasa el tiempo!», se le escapó. Quevedo, otro de su viejos pupilos y farolillo rojo del Tour, ponía a prueba las costuras del maillot. Peso pesado. Ciclistas del pasado. Mientras ellos hilaban recuerdos y anécdotas, los corredores de hoy hacían de teloneros en el criterium: Zubeldia -a punto de estrenarse con el Astana de Contador-, David López, Fernández de Larrea, Herrero, Camaño y Landaluze, entre otros, entretenían al público en la calle Landako. Acelerón y sprint. A la tarde aún le quedaba un parpadeo de luz. Luego se apagó. Noche, sirimiri y neblina. Se borró el paisaje. Salto en el tiempo.

Guiño de la historia ciclista. El criterium recorrió los treinta años del Baqué. Brea y café. Ciclismo de furgoneta, aventura e «ilusión», como recordó Gorospe. Él tuvo la culpa. Por él, para que no se fuera a otro equipo, la Sociedad Ciclista Duranguesa de Juan Mari Balier lió a la familia Baqué para dar un salto: crear una escuadra en torno al portento de Mañaria. Y resultó una factoría de ciclistas: Angoitia, Dorronsoro, los Urien, Vijandi, 'Juantomás' Martínez, González Arrieta, Uriarte, Berrojalbiz, Horrillo, Mayo, Lobato, Arreitunandia, Fran Gutiérrez, Hierro, Urbano, Aitor Hernández... Los que pisaron la huella de Gorospe. Muchos se juntaron ayer en Durango. A correr.

«¡Vaya calentón!»

Ya con luz artificial salieron los 'viejos'. Los 'ex'. «Espero que respeten los galones», confió Induráin. «Aunque seguro que hay alguna cuenta pendiente», sonrió. Algo hubo: guerra. Primero atacó Hamado Pafadnam, el africano que descubrió el Tour de Burkina Faso para el Baqué. A bloque en la primera vuelta. Laiseka, fiel a su estilo, protestaba. Por la lluvia, por el ritmo... «Aquí todos dicen que no se entrenan, pero ya, ya». Iban rápido. Mínguez, tieso sobre la bici, se sofocaba, aunque sin capitular. Alguno, en cambio, tuvo que cejar y echarse a la cuneta. Era un criterium submarino. El País Vasco lleva 20 días a remojo.

Marino, el 'junco' de 51 años, se largó a falta de un giro. Algo más de peso, la misma chepa. Cabello de plata. Afilado el gesto. Induráin (44 años) y Gorospe (48) le cogieron antes de la meta. Y por ella, primero pasó el número uno. Induráin. Victoria por deferencia. De Induráin, de los que ayer le acompañaron y, sobre todo, del Baqué, el equipo de los treinta años. «¡Vaya 'calentón!», resumió el navarro al poco de su victoria. Hacia tiempo que no tronaba así su jadeo. El ciclismo no lo olvida.

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