El hermano mayor de Chicago

Bastida se inspiró en los puentes móviles de la ciudad para diseñar el de Deusto, cuya historia abarca desde la Guerra Civil hasta el plan de Abandoibarra

TERESA ABAJO| BILBAO
La estructura levanta sus cimientos sobre la ría./
La estructura levanta sus cimientos sobre la ría.

Muchos bilbaínos se sorprenderían al reconocer una estampa tan familiar mientras pasean por las calles de Chicago. El arquitecto municipal, Ricardo Bastida, que buscaba una conexión entre el Ensanche y la antigua anteiglesia de Deusto, visitó la ciudad norteamericana en 1920 con motivo del Congreso Eucarístico y no perdió detalle de sus puentes móviles. El del bulevar Jackson, que se había inaugurado cinco años antes, es el que más se parece al de Bilbao, con su trazado rectilíneo, un vano móvil sobre el río y los característicos edificios de hormigón donde se aloja la maquinaria.

Así empezó la azarosa historia de esta infraestructura, que se gestó en un momento de cambio para la ciudad y especialmente convulso para toda España. En 1924, el año de la anexión de Deusto a Bilbao, la Diputación reconoció que era prioritario construir este nuevo acceso. Salvando la distancia temporal, la cronología de la primera etapa recuerda a la de las obras públicas de hoy en día: los trabajos empezaron en julio de 1932 y duraron más de cuatro años, tras dos modificaciones del proyecto. Hubo que recolocar los pilares para evitar afecciones a las vías del tren, que convivieron con el viaducto hasta que Abandoibarra y Uribitarte se despidieron de su pasado industrial.

El vano número 11

Para hacerse una idea de la complejidad de su construcción basta mirar las fotografías que encabezan este reportaje o asomarse a la maquinaria que ha quedado a la vista en la calle Botica Vieja, junto a la placa que rinde homenaje a Ignacio de Rotaeche, ingeniero de caminos, y José Ortiz de Artiñano, ingeniero industrial. Ellos dos pusieron su firma, junto a Ricardo Bastida, a este puente levadizo de medio kilómetro de longitud y 27 vanos, aunque la mayoría de la gente sólo se fija en el número 11: el que cruza la ría.

Las obras acabaron en mal momento, en diciembre de 1936. El 18 de junio de 1937, cuando todavía estaba en fase de pruebas, batallones de gudaris y milicianos volaron el tramo móvil del puente para cubrir su retirada. La reparación no se hizo esperar y el 25 de octubre de 1939 volvió a abrirse al tráfico rebautizado como 'Puente del Generalísimo Franco'. Era la conexión con la Avenida del Ejército, hoy dedicada al Lehendakari Aguirre. El viaducto recuperó su nombre original cuarenta años después.

Los deustoarras ganaron un enlace directo para «ir a Bilbao» y la ría, un puente levadizo con un mínimo de siete metros de gálibo. En los años de mayor actividad, se abría hasta doce veces al día. Entre Abando y Uribitarte se formaban hileras de barcos que daban la señal a los maquinistas del puerto con tres toques de sirena. En la cabina, cubierta de pintadas, todavía se ve el panel de mandos a través del cristal. Los buques llevaban cargamentos de fruta, madera o carbón, aunque los más recordados son los plataneros, con su casco blanco, que mantuvieron un tráfico estable hasta 1992.

Para entonces, sin embargo, muchas naves ya habían puesto rumbo al puerto de Santurtzi. De los años ochenta se recuerdan escenas impactantes como la persecución de la película 'Adiós pequeña', de Imanol Uribe. Pero en la memoria de la ciudad han quedado grabadas las movilizaciones contra el cierre del astillero Euskalduna. El puente fue testigo, y escenario, de auténticas batallas campales entre los trabajadores y la Policía.

Con la ciudad volcada en su transformación urbanística, la construcción del puente Euskalduna, a unos 500 metros aguas abajo, dio la puntilla a la navegación en el de Deusto. El último barco, el británico 'Hoo Crest', lo cruzó en mayo de 1995. Las instituciones se plantearon sellar el viaducto, pero a nadie le gustó realmente la idea. Desde entonces sólo se abre en ocasiones especiales. Ha celebrado por todo lo alto la inauguración del Guggenheim, los grandes triunfos del Athletic y, con bastante más regularidad, las regatas entre Ingenieros y Deusto. Probablemente conoce mejor que nadie, porque la ha visto paso a paso, la regeneración de Abandoibarra. Ahora se dispone asumir el papel protagonista.

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