El azar evita una masacre de ETA en Navarra

La explosión sin alerta previa de un potente coche bomba sólo causó heridas leves a 28 personas en la universidad del Opus

ÓSCAR B. DE OTÁLORA
Aspecto de uno de los edificios del campus poco después de la explosión. / EFE/
Aspecto de uno de los edificios del campus poco después de la explosión. / EFE

Ayer el azar volvió a salvar vidas humanas. La explosión de un coche bomba en un parking de la Universidad de Navarra no provocó una masacre gracias a que el edificio de Oficinas Generales -junto al que ese encontraba el vehículo de ETA- estaba prácticamente vacío. A las once de la mañana gran parte de los trabajadores salen de manera habitual a tomar un café por lo que a muchos de ellos la explosión les sorprendió lejos de su lugar de trabajo. Cuando regresaron a su puesto lo encontraron envuelto en llamas y salpicado de metralla. Hoy, un día después del atentado, la universidad ha reanudado su actividad.

El estallido del coche bomba de ETA se produjo a las once de la mañana sin que en el centro educativo existiera ningún tipo de alarma previa. A esa hora, gran parte de los alumnos habían regresado a sus clases tras una pausa de un cuarto de hora. El aparcamiento -de nuevo el azar- se encontraba vacío aunque en las inmediaciones sí que había algunos jóvenes que se salvaron de la metralla. Según las primeras informaciones, la bomba contaba con ochenta kilos de explosivos, la cantidad que los terroristas han empleado en los últimos atentados para arrasar edificios policiales como el cuartel de Legutiano, donde mataron al guardia civil José Manuel Piñuel, o la comisaría de la Ertzaintza en Ondarroa. La detonación hizo que otros siete vehículos comenzaran a arder de inmediato. El coche en el que los etarras ocultaban la bomba acabó aplastado contra la fachada de la Universidad, convertido en un amasijo de chatarra humeante.

Falsa alarma

Las paredes de granito del edificio de las Oficinas Generales, sin embargo, resistieron la onda expansiva y evitaron que los daños afectasen a los despachos de profesores situados en los sótanos del inmueble. Pese a todo, 28 personas, en su mayoría trabajadores que se encontraban en el edificio administrativo, resultaron heridos con lesiones en los oídos, en su mayoría, o crisis de ansiedad. Según el parte médico emitido por los centros sanitarios navarros, también una persona sufrió un fuerte traumatismo en el muslo y otra problemas leves por haber inhalado humo. A la hora de cerrar esta edición dos heridos permanecían ingresados en la Clínica Universitaria.

Los bomberos tardaron dos horas en sofocar el incendio que desató la deflagración. En ese tiempo, decenas de ambulancias se dirigieron a la zona para atender a los heridos y acordonar la zona. Mientras se desalojaban los edificios adyacentes se vivieron escenas de pánico, en especial, cuando por una confusión con respecto a las llamadas telefónicas se interpretó que existía un aviso de la banda sobre la colocación de un segundo coche bomba en las inmediaciones. Era una falsa alarma.

ETA había avisado de la explosión de la bomba, pero con un confuso mensaje que impidió tomar ninguna medida preventiva. «Quien puso la bomba no avisó bien intencionadamente o se equivocó», resumió ayer el ministro Alfredo Pérez Rubalcaba. Los etarras llamaron por un teléfono móvil- comprado con documentación falsa-a la delegación de la DYA en Vitoria y, según la Ertzaintza, se limitaron a informar de la inminente explosión de un coche bomba en «el campus» -sin realizar ninguna alusión a Navarra- . También aportaron datos del coche que supuestamente tenía la bomba; un 'Peugeot' de color blanco. Los sanitarios avisaron a la Ertzaintza y a la Policía local y se comenzó a realizar una batida en el campus de Vitoria. En el aparcamiento de la capital alavesa no se encontró ningún vehículo sospechoso así que se consideró que todo el asunto había sido una falsa alarma. En Pamplona, la bomba estaba a punto de estallar.

Según las primeras investigaciones, el comando que montó la bomba había robado el vehículo entre las 20.30 horas y las 23.30 horas en la localidad guipuzcoana de Zumaia. El robo del vehículo había sido denunciado en la noche del miércoles por su propietario en la comisaría de Zarautz. Los expertos creen que los etarras cargaron el explosivo con la bomba y, ya de madrugada, lo trasladaron hasta el aparcamiento de la universidad de Navarra. La llamada de aviso fue realizada alrededor de las diez de la mañana, por lo que los expertos creen que para esa hora el coche bomba ya estaba aparcado y los terroristas lejos del lugar del atentado.

Debilidad

Mandos de las fuerzas de seguridad barajan la hipótesis de que el atentado sea una respuesta directa a la detención de un grupo de apoyo a ETA el pasado martes en Navarra. Ese día, los agentes del Cuerpo Nacional de Policía arrestaron a cuatro jóvenes que ya había recibido armas y cien kilos de explosivos desde Francia, por lo que se consideraba que iban a actuar de un momento a otro. Los expertos creen que la banda ha reaccionado con urgencia a esa detención para evitar que se visualice una situación de debilidad. En ese sentido, las fuentes consultadas sostienen que la precipitación con la que ha actuado la banda al preparar un atentado de respuesta en apenas 24 horas es la que pudo acarrear errores como los fallos a la hora de comunicar el mensaje de alerta. Por otro lado, los responsables de la lucha antiterrorista han encontrado recientemente documentos de la banda en los que se evidencia que los terroristas tienen intención de aumentar su campaña de terror en la comunidad foral.

El lugar del atentado ya había sido anteriormente objetivo de atentados. La Universidad de Navarra, gestionada por el Opus Dei, ha sido atacada en seis ocasiones por ETA desde 1979. En el último atentado, registrado en 2002, los etarras eligieron una zona del aparcamiento situada a escasos metros del lugar donde ayer dejaron estacionado el coche bomba.