«La memoria histórica ayuda a superar el miedo que nos dejó el franquismo»

Propuesto para asesorar a Garzón, cree que la investigación de la dictadura «no tiene ánimo de venganza ni de revancha»

M. PÉREZ| BILBAO
Francisco Etxeberria, doctor en Medicina Legal, imparte una clase en el campus universitario de San Sebastián. / MIKEL FRAILE/
Francisco Etxeberria, doctor en Medicina Legal, imparte una clase en el campus universitario de San Sebastián. / MIKEL FRAILE

Profesor titular de Medicina Forense en la UPV, subdirector del Instituto Vasco de Criminología y presidente del departamento de Antropología de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, Francisco Etxeberria Gabilondo (Beasain, 1957) ha sido propuesto para el comité de asesores del juez Baltasar Garzón en su causa sobre la Guerra Civil y el franquismo. Etxeberria exhumó en 2000 en León la primera fosa común que contenía restos de trece desaparecidos durante la dictadura. Premio Gipuzkoa de Derechos Humanos, participa también en Chile en la investigación de tres desapariciones masivas bajo el régimen de Pinochet.

-Su caso es singular: a día de hoy, la involucración académica y profesional en las investigaciones del franquismo es escasa.

-Es el problema del miedo. Seguramente lo hemos tenido todos, un miedo venido de la desgracia y de una dictadura sufrida tras la guerra. Pero lo que nosotros hacemos sirve de manera simbólica para superar ese miedo: cuanto más se habla de memoria histórica, más se resuelve. Desde luego, no trabajamos por ánimo de venganza ni de revancha.

-Ese argumento es recurrente en el debate sobre la memoria histórica.

-Sí, pero lo usan quienes tienen más complejo de culpabilidad. Es una acusación injusta. Lo que hacemos debe servir para construir democracia. Hay que sacar discursos pedagógicos para darnos cuenta de que no queremos el recurso a la violencia, a la guerra, a la interrupción de la legalidad democrática.

-¿Y a qué se debe ese complejo?

-A que no hemos estado a la altura de las circunstancias. Cuando entramos en democracia, y eso no ocurre de un día para otro, hay gente que, porque «no supimos hacerlo», «no quisimos hacerlo», «no nos dejaron hacerlo», tuvo que dejar aparcados estos temas que ahora afloran con una gran dimensión. ¿Cómo no hemos hecho más? El sentimiento de culpa que crea esta pregunta lo tenemos todos individualmente.

-¿Y por qué no se hizo más?

-A veces las maquinarias de los partidos políticos han coartado las expectativas de gente honrada que estuvo a punto de hacer algo y se le impidió: «Mejor no lo toques».

-¿Hubiera sido aconsejable hacer las exhumaciones en la Transición?

-Sí, pero todo se cortó con el golpe de Estado de Tejero el 23 de febrero de 1981. Terminó con las ilusiones de muchas personas que se estaban moviendo en esa dirección de la memoria histórica. El golpe introdujo una espera de un montón de años.

-¿No se hubiera incentivado un movimiento involucionista o, al menos, la reapertura de heridas?

-Yo diría que no. Pero si vivimos en un país donde, en aquella época o a día de hoy, caben esas dudas es tanto como reconocer que nuestra democracia no está bien asentada.

-¿Qué opina de que derecha e izquierda usen a las víctimas de la República y del franquismo en su refriega?

-Que hay miles de muertos en el bando del franquismo porque los republicanos cometieron crímenes es cierto. Pero no se puede hacer la comparación ni cualitativa ni cuantitativamente. El franquismo activó una maquinaria de represión para atemorizar a toda la sociedad. Y eso hay generales, algunos citados por Garzón, que lo decían abiertamente.

-Una fosa con desaparecidos ofrece una imagen de gran crudeza.

-Te enfrenta a un drama enorme. Cuando, al extraer unos restos, un hombre mayor llora no sólo lo hace por su padre allí enterrado, sino también porque, como te explica, a él le pegaban unas palizas tremendas después del asesinato de su progenitor. Te deja absolutamente conmovido y, ojo, ese hombre no tiene ningún ánimo de coger una escopeta y tomarse la revancha. Es una persona mayor que ha superado su historia y ni siquiera tiene el concepto de víctima ni piensa que ha perdido el honor. La dignidad la ha tenido siempre, incluso cuando le pegaban.

«Tragarse el sapo»

-¿Recuerda algún caso que le haya marcado especialmente?

-Hemos descubierto fosas que estaban debajo del vertedero de basura del pueblo. Tienes que quitar con excavadora toneladas de desechos para llegar a los restos humanos.

-Qué ignominia.

-En efecto. Y los hijos han tenido que tragarse el sapo durante años pensando «mi padre está allí debajo». Pero la misma inmoralidad se produjo con aquellos niños cuyo padre era asesinado y luego les engañaban diciendo: «No está muerto. Se ha ido con otra». Imagine un chaval que es huérfano, tiene sus sospechas, ve a su madre llorar y sabe lo que significa pasar unas navidades de pena y que encima tuviera que aguantar eso de «tu padre es un golfo que os ha abandonado». ¡Joder!

-¿Cuántas fosas quedan por abrir?

-No creo que se investiguen ni del 10% al 15% de las 130.000 muertes que se calculan. Digo esto porque muchas fosas ya han sido desbaratadas, se ha construido encima o están en cementerios que han sido reutilizados y, por tanto, no quedan restos. No podemos garantizar resultados.

-En Euskadi han documentado 500 casos. ¿Y restos recuperados?

-Los de unas 20 personas. La fase de investigación, no obstante, es muy importante ya que permite a la familia recibir un documento oficial que acredita lo que pasó con su allegado. Muchas nunca han visto el nombre del padre, un tío o un hijo escrito en ningún documento oficial desde la desaparición. Creo que Garzón tiene ahí cierto nivel de competencia. Ninguna institución ha puesto en un papel oficial el nombre y los dos apellidos de las víctimas.

-Son invisibles.

-No son desaparecidos, sino los aparecidos.

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