La ley del 25 de octubre de 1839

Una de las consecuencias más directas que tuvo el final de la primera guerra carlista en el País Vasco fue el inicio de un debate en el que se cuestionó seriamente su régimen foral

IMANOL VILLA| BILBAO
El abrazo entre Espartero y Maroto puso fin a la primera guerra carlista. / EL CORREO/
El abrazo entre Espartero y Maroto puso fin a la primera guerra carlista. / EL CORREO

La primera guerra carlista (1833-1839) se acabó por cansancio. Ambos bandos, el liberal y el liderado por don Carlos, llegaron a tal punto de hastío que no quedó más remedio que saldar el conflicto mediante un arreglo que dejara satisfechas a ambas partes. Obviamente, no todos estuvieron de acuerdo en poner punto y final a un conflicto que, en lo que respecta al País Vasco, adquirió la forma de una guerra civil en toda regla. Pero, en 1839, la solución definitiva vino de la mano de los que, convencidos de que la continuación de la guerra no tenía sentido, apoyaban la fórmula del acuerdo entre ambas partes. Así, el 31 de agosto de ese año, los generales Maroto, líder de las fuerzas carlistas y Baldomero Espartero, en representación de los liberales, firmaron el Convenio de Vergara, que fue sellado, posteriormente, por un abrazo cargado de simbolismo.

El compromiso que adquirió el general liberal fue el de defender ante el Gobierno de España el mantenimiento de los Fueros, pues estos habían sido el punto en el que convergían buena parte de las aspiraciones de los vascos de ambos bandos. Sin embargo, la palabra dada por Espartero se concretó en una fórmula que, ya de entrada, estaba llena de ambigüedad: «Espartero recomendará con interés al gobierno el cumplimiento de su oferta de comprometerse formalmente a proponer a las Cortes la concesión o modificación de los fueros». Con independencia de su mayor o menor vaguedad, el sentimiento generalizado fue que los fueros se mantendrían aunque, a la larga, los hechos demostrarían que con el Convenio de Vergara se había iniciado el proceso de abolición de los mismos.

A los dos meses escasos de la firma del acuerdo entre Espartero y Maroto, el 25 de octubre de 1839, las Cortes promulgaron la ley a través de la cual se pretendió zanjar el espinoso asunto de los fueros vascos. Sin embargo, la fórmula utilizada para ello -«se confirman los fueros de las Provincias Vascongadas y Navarra sin perjuicio de la unidad constitucional de la Monarquía»-, no solucionaba el problema principal del asunto sino que lo que planteaba en el fondo era una profunda contradicción puesto que lo que se obviaba por el momento era la forma de entender la compatibilidad de los fueros con respecto a la unidad constitucional. Y sobre ese asunto la ley no decía absolutamente nada. Sorprendentemente, esta vaguedad no fue objeto de preocupación excesiva por parte de los liberales fueristas vascos, como tampoco lo fue para los liberales españoles. Todos parecían haber quedado satisfechos.

Unidad constitucional

En los debates que condujeron a la aprobación de la ley de 25 de octubre de 1839, no se profundizó en absoluto en la contradicción flagrante que suponía la proclamación de la unidad constitucional al mismo tiempo que se mantenía un régimen específico y singular en el País Vasco. Los fueros fueron tomados como un pequeño detalle que no entraba en colisión con los principios que constituían y daban forma al Estado. Incluso se llegó a afirmar que la salvaguarda de la unidad constitucional estaba garantizada a través del común reconocimiento de un rey, de un poder legislativo común y de una representación nacional acordada por todos. Aparentemente no había mayor problema. La unidad constitucional era perfectamente compatible con la pervivencia de los fueros vascos. Pero, ¿de verdad se podía afirmar eso? La propia ley contenía mecanismos que no invitaban, precisamente, al optimismo desde el momento en el que se apuntaba que era posible introducir «imprescindibles modificaciones». Éstas, de producirse, habrían de ser presentadas por el Gobierno a las Cortes aunque, previamente, se estipulaba una obligada consulta a las provincias forales bajo la fórmula «oyendo antes a las Provincias Vascongadas y a Navarra», la cual no era una invitación a la negociación sino que simplemente era un gesto cortés para nada vinculante.

Navarra fue la primera en sufrir las consecuencias de aquel proceso de encaje previsto en la ley. Tras la pertinentes conversaciones con el Gobierno, éste propuso a las Cortes el proyecto de Ley de Modificación de los Fueros de Navarra el 16 de agosto de 1841, que habría de conocerse, tras su aprobación, como Ley Paccionada, nombre un tanto pretencioso ya que en la misma nada había que sugiriese pacto. En esencia, aquella ley liquidó los privilegios forales de Navarra que, a partir de ese momento, pasó a considerarse como provincia.

Sin embargo, el caso de Vizcaya, Guipúzcoa y Álava fue diferente. No hubo conversaciones con el Gobierno, por lo que no se pudo cumplir uno de los requisitos establecidos en la ley de 25 de octubre de 1839. Así que todo quedó parado hasta 1841, año en el que los liberales progresistas encabezados por Espartero obligaron a exiliarse a Isabel II y se hicieron con el poder. Ante esto, las tres provincias vascas, isabelinas convencidas, se levantaron a su favor. Semejante osadía fue la razón que Espartero necesitaba para arremeter contra los fueros. Así, en un acto de vulneraba lo establecido en la ley de 25 de octubre de 1839, Espartero firmó un decreto en Vitoria el 29 de octubre de 1841 con el que dinamitaba todo el entramado foral. Con ello, el general progresista no sólo castigaba la rebeldía sino, y esto era lo más determinante, se posicionaba a favor de los liberales progresistas vascos, que anhelaban la oportunidad de contar con el mercado nacional, dificultado hasta entonces con los propios fueros. Esta situación no duró mucho.

El regreso al poder de los moderados, en 1844, devolvió a los vascos buena parte de sus atribuciones forales. A pesar del remiendo y la reintegración foral de aquel año, había dado comienzo ya el proceso que condujo a la abolición definitiva.

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