La batalla de la imagen

Si ya se conoce quiénes son los candidatos de los principales partidos, ¿a qué hay que esperar para aceptar los debates 'cara a cara'?

TONIA ETXARRI
Ibarretxe se coloca la corbata antes de ser entrevistado en ETB. / Ignancio Pérez/
Ibarretxe se coloca la corbata antes de ser entrevistado en ETB. / Ignancio Pérez

uando empiezan las contiendas electorales se discute hasta el tiempo. No el meteorológico, sino los ritmos de la campaña. Todavía faltan cinco meses para marzo; cierto. Pero las máquinas electorales de los partidos empezaron a echar humo desde que finalizó el verano. Y de la misma forma que ya se conoce que, en el PP, Antonio Basagoiti será proclamado candidato el próximo sábado para medir sus fuerzas en las autonómicas vascas (ahora que ya no está María San Gil) todos los demás han hecho los deberes. Los socialistas tomaron la delantera en su tiempo y el pasado mes de mayo, en un acto en el que el presidente Zapatero arropó al secretario general del PSE en la carrera hacia Ajuria Enea, Patxi López fue aclamado como candidato indiscutible durante la Fiesta de la Rosa.

Más discutido estaba Ibarretxe por algunos de los suyos que no tenían, sin embargo, una alternativa. Por eso el actual jefe del Ejecutivo despejó la duda de algunos sobre su futuro inmediato, durante la celebración del Alderdi Eguna cuando su presidente Urkullu anunció la candidatura. Con estos mimbres parece lógico que hayan empezado a caer sobre la mesa las primeras invitaciones de radios y televisiones para celebrar debates entre los candidatos. Si ya se conoce quiénes son los candidatos de los principales partidos, ¿a qué hay que esperar para aceptar debates 'cara a cara'?

Antena 3 fue la primera (luego vendría la Ser) que dio a conocer públicamente su invitación a Ibarretxe y López para que sostuvieran un 'cara a cara' en su pantalla. Del formato no tenían ninguna duda, reconoce Javier Bardají, director de Relaciones Institucionales del canal, un entusiasta defensor de los cara a cara que es «la fórmula más apasionante y la que más engancha a la gente». Tienen en la recámara otros formatos complementarios que sugerir a los candidatos pero, indudablemente, el duelo entre dos suele ser el más seguido por las audiencias.

En el caso del País Vasco se lo proponen a los dos aspirantes con mayores posibilidades de gobernar, en función de su fuerza electoral (el PNV con 463.873 votos y el PSE con 208.795) pero, de momento, sólo han recibido la respuesta afirmativa del Partido Socialista que, como aspirante a gobernar, es el más interesado en que Patxi López sostenga una confrontación dialéctica con el actual lehendakari. En el partido de Ibarretxe, sin embargo, tienen más reparos.

El PNV no ha sido nunca partidario de que sus candidatos de primera línea libren en solitario un debate con otro oponente. Entre otras cosas porque un debate entre Ibarretxe y López, por ejemplo, significaría que el PNV reconocería en el opositor socialista una posibilidad real de alternativa que hoy por hoy no quiere ni pensar. Es ésta la única razón de fondo que podría explicar los reparos del PNV a participar en debates únicamente entre dos candidatos. Su preferencia siempre ha sido la fórmula del debate entre todos; o sea, un guirigay. O soporíferos. Se recuerdan algunos en la radio. Otros en EITB. Pero es ahí donde el lehendakari se ha encontrado a gusto. Con todos y entre todos. Que no destaque nadie. En el Parlamento, sin embargo, Ibarretxe y López no hacen otra cosa que librar pulsos en la tribuna de oradores. Y ahí sí que se toman la medida. El que ha gobernado. El que quiere gobernar.

Pulsos durísimos en los que han salido a relucir descalificaciones que harían sonrojar a los propios archivos, si tuvieran alma. Pero no lo ha visto todo el mundo. No lo ha observado el gran público del sofá en sus hogares. Y parece, pues, que no haya pasado. El hecho es que la importancia de la imagen sigue siendo la prioridad en todos los diseños de campaña. A los ciudadanos les gusta que sus candidatos se digan las cosas a la cara en televisión. Los mítines son sólo actos de reafirmación para los convencidos. Los debates pueden tener efectos secundarios muy serios. En Francia, en el duelo que mantuvieron en la televisión Ségolène Royal y Nicolas Sarkozy, la candidata socialista al Elíseo, que gozaba de una popularidad ascendente en las encuestas, mostró, en el debate, su actitud más rígida; y defraudó.

En Estados Unidos, que tienen mucho camino recorrido con los debates entre dos candidatos, se han superado a sí mismos. La presencia de los dos candidatos a la vez, en el mismo plató, sometidos a las preguntas de los ciudadanos en una fórmula similar al programa 'Tengo una pregunta para usted' batió récords de audiencia. Y ahí se reafirmaron quienes pensaron que McCain, a pesar del calor de los mítines de partido, es menos cercano que Obama. Tener el ojo de la cámara pendiente de los gestos de un candidato mientras su adversario le está poniendo en un aprieto es una prueba que no todos están dispuestos a superar. Se trata de una radiografía demasiado explícita.

Ibarretxe ha demostrado en el Parlamento vasco que en el mano a mano puede resultar un adversario muy duro, hasta cruel con sus oponentes, a pesar de la imagen de político ensoñador que se le adjudica. López se desenvuelve bien en la batalla dialéctica y es en esa distancia corta donde se le ha visto más nítidamente marcar su territorio frente al lehendakari. Queda tiempo todavía. Pero el socialista López ha vuelto a demostrar sus ganas de empezar la campaña al contestar ya afirmativamente a las invitaciones que ha recibido. Pero como dos no debaten si uno no aparece, habrá que esperar a que el lehendakari diga si en esta ocasión está dispuesto, o no, a romper los moldes de los debates electorales.

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