El desmentido a la carta

IÑAKI EZKERRA

L a noticia causó una gran conmoción en toda España hace unas semanas: José María Aznar negaba ser el padre del niño que esperaba la ministra francesa de Justicia Rachida Dati. Estábamos todos convencidos de tal patermidad y de pronto nos dan el terrible disgusto de ese desmentido; de repente nos cae ese jarro de agua fría para mí sólo comparable a si un día me entero de que Pepiño Blanco no es el padre de los gemelos de Angelina Jolie. La verdad es que esta idea que se le ocurrió al brillante gabinete de imagen de Aznar es pistonuda: darnos noticia de relaciones inexistentes o sea informar en exclusiva de la nada. A mí me parece que un milagro semejante resulta digno de ser estudiado en todas las facultades de periodismo y sólo puede ser comparado con la multiplicación de los panes y los peces. No me extraña nada que mi admirado Francisco Sosa Wagner no haya querido ser menos y haya decidido por su cuenta y riesgo iniciar ya su campaña para las elecciones europeas como candidato del partido de Rosa Díez afirmando con admirable gallardía y sin ningún complejo que él es el padre del hijo de la guapísima soprano rusa Anna Netrebko.

Junto a la de Aznar, la confesión de Sosa Wagner resulta un tanto elitista, algo así como un ligue de arte y ensayo, pero lo más interesante y más bonito -por qué no decirlo- es que sugiere el derecho del ciudadano a la confesión, al deseo, a la fantasía a la carta. Puestos a dejar volar la imaginación, por qué detenerse en una ministra de Justicia gabacha que está de buen ver y no aspirar a los mitos sexuales que conforman la propia sentimentalidad estética y particular de cada uno. El camino abierto por el profesor Sosa Wagner ofrece una serie infinita de posibilidades aunque tengo que reconocer que a mí personalmente me gusta, más que la licencia literaria de la confidencia pública, la variente aznarista del desmentido. A partir de ella es posible que mañana se interrumpan todas las programaciones de televisión del país para que asome por las pantallas el careto de Teresa Fernández de la Vega anunciando que es totalmente falsa su relación con Tom Cruise. A partir de este momento puede pasar cualquier cosa. Ya le veo a Patxi López negando rotundamente sus relaciones con Florinda Chico en plan de promocionarse el hombre para las autonómicas. Ya le veo al propio Ibarretxe negando -cosa bastante verosímil- las relaciones consigo mismo. Sí, queridos lectores, no puedo concluir estas líneas sin verme en la dura obligación de comunicarles en exclusiva que entre Sandra Bullock y yo no hay nada.