La afición de Palin

JUAN ANTONIO SARASKETA

S iempre han existido jefes de gobierno y líderes políticos que han practicado la caza. Pero, salvo honrosas excepciones, últimamente todos intentan que esta afición no trascienda a la sociedad, sobre todo en época electoral. Entiendo que no hay por qué ocultar nada cuando se trata de una actividad constitucionalmente reconocido y se hacen las cosas dentro de la legalidad. Es más, ser cazador y pescador es un orgullo, de la misma forma que uno puede ser conservador, nacionalista o progresista, ¡faltaría más! De hecho, en el medio rural, allí donde las sensibilidades no compiten con la realidad de la Naturaleza, es normal escuchar de los allegados del difunto aquello de que «fue una gran persona y además, cazador».

Se equivocan los asesores políticos al intentar ocultar la afición de sus dirigentes. La sociedad quiere hombres valientes capaces de abordar con decisión los graves problemas que nos desbordan y no 'Juanpalabras' alocados en plegarse a los intereses de su partido. En EE UU, ahí es nada, han recibido con satisfacción la candidatura a la vicepresidencia por el partido republicano de una señora que no oculta, incluso en periodo electoral, su afición por la caza y la pesca. Es más, la propaga. Algo inédito lo de Sarah Palin, que ha conseguido poner a su partido 4 puntos por encima de su rival demócrata, Barak Obama, que hace sólo siete días superaba a McCain en un 7%. Está claro que se ha visto bien lo de su afición.

Al margen de ideologías políticas, en las que no voy a entrar porque no es lo mío, siempre he defendido que la gestión de la caza y pesca debería estar en manos de aficionados. Simplemente porque son los mejores conocedores del tema, y si me apuran incluso por interés, que no es malo. Observen a los americanos, tendrán sus virtudes y defectos pero algo habrán hecho bien para estar donde están. Pues eso, me encanta la Palin como cazadora y pescadora.