«Mi consuelo es que me he visto con los mejores»

Con fractura de clavícula y de un hueso de la cadera, pone fin a la temporada al caerse en la que pudo ser su etapa

J. G. PEÑA| ANGLIRU
. Igor Antón, en la habitación de un hotel de Oviedo con su ama y Madariaga, mánager del Euskaltel. / JESÚS DÍAZ/
. Igor Antón, en la habitación de un hotel de Oviedo con su ama y Madariaga, mánager del Euskaltel. / JESÚS DÍAZ

A los corredores en la cima del Angliru les espera una carpa. Seis metros cuadrados por equipo. A cubierto al menos. Toallas, toses, algún grito y ciclistas en bolas. Había fiesta en el hueco del Astana de Contador. Decaimiento en el CSC de Sastre. Seriedad en el Caisse d'Epargne de Valverde. Y desolación en la parcela del Euskaltel-Euskadi. Faltaba uno. Igor Antón, caído en una curva sin más del Cordal. «Cuando lo he escuchado me he venido abajo», reconoció el líder destronado, Egoi Martínez. «Veníamos a por la etapa y el podio, y en un momento nos hemos quedado sin nada». Vacío. A su lado, el director Jon Odriozola, no sabía si maldecir o llorar: «Igor iba a ganar aquí. Habría estado con Contador».

Pero estaba en una clínica de Oviedo. Con la clavícula izquierda partida, lo mismo que el trocánter, un huesecillo de la cadera. En silla de ruedas. Y aun así, con voz para recibir llamadas telefónicas: «Me da pena porque estaba mejor que nunca. Yo no me caigo mucho, pero mira... En el peor momento». Iba tras Contador y Leipheimer. En su sitio. El americano se retrasó un par de metros. Antón ocupó su plaza a rueda de Contador. «Era una curva a la izquierda, rápida pero no peligrosa». Algo hizo patinar su rueda delantera. «Una piedra o qué se yo». El impacto fue instantáneo: contra el quitamiedos.

«El brazo no respondía»

«Lo he visto a cámara lenta. No he podido reaccionar». Los golpes así siempre rompen. El corredor del Euskaltel, sexto en la general y uno de los candidatos a ganar en el Angliru, se levantó presto. Dolía, pero siempre duele. Fue a agarrar la bici y ahí lo notó. El brazo izquierdo «no respondía». Rubén Pérez y Txurruka se detuvieron de inmediato. Nada que hacer. También Odriozola lo supo enseguida. La clavícula es el hueso frágil de los ciclistas. De cerámica. «Es injusto», repetía el técnico de Oñate. «Iba a estar con Contador. Y le esperaba su afición, que cuando se ha enterado nos ha animado como nunca», agradeció.

Antón, ya fuera de la clínica, trataba de sonreír. «Igual mañana me doy con la cabeza en la pared por la rabia de haberme caído, pero hoy intento sacar lo positivo». Y eso es: «Me consuela que he estado con los mejores. Ahora sé que puedo estar con ellos». El ciclista de Galdakao, eso sí, no se atrevió a compararse con Contador. «No le habría ganado, pero habría estado ahí delante».

«Su año está acabado»

Se cerró su temporada. «No vale la pena que pase por el quirófano», contó Igor González de Galdeano, que le bajó del Cordal hasta la clínica. Tiene tiempo para que todo sane por su cuenta. Con reposo. «Su año está acabado». El secretario técnico del Euskaltel-Euskadi rascó los dos datos que le quedaban al optimismo en su peor tarde: «Igor tiene sólo 25 años y un buen margen de mejora». Todos se consolaban. Pero en la esquina que ocupaba el equipo naranja, dentro de la carpa del Angliru, nadie hablaba. Habían salido de San Vicente de la Barquera con un líder, Egoi Martínez, y para catapultar a otro, Igor Antón. Ya no les queda ninguno. Rotos en el pretil del Cordal. En un chasquido.

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