Egoi da el segundo oro al Euskaltel

Tras el título olímpico de Samuel Sánchez, el navarro logra el primer liderato en una gran vuelta para su equipo

J. GÓMEZ PEÑA| ENVIADO ESPECIAL. SABIÑANIGO
Egoi Martínez sube al podio en Sabiñánigo tras una jornada que nunca olvidará. / EFE/
Egoi Martínez sube al podio en Sabiñánigo tras una jornada que nunca olvidará. / EFE

Egoi Martínez se ha pasado la vida en la orilla. Levantando castillos de arena. Concienzudo. Tratando de atrapar el agua. Y nada, a cada marea alta, todo se le derrumbaba.

En el pasado Tour, en la cima de Prato Nevoso, era el más fuerte. Se fio de un australiano zorro: Guerrans. El que le repetía que no tenía fuerzas, que no le iba a disputar la etapa. El que le ganó. Otra ola que desbordó su castillo. Por eso al cruzar la meta de ayer, cuando le repetían que podía ser el líder de la Vuelta, tiró calle adelante, al final de Sabiñánigo, hacia un nido de acacias. Sin parar. A esperar solo que pasaran los seis minutos y 41 segundos que le hacían falta para dorar el maillot del Euskaltel-Euskadi. El pulso le daba puñetazos. Ingresó en su burbuja. Hasta que al fondo vio a Jesús Aizkorbe, jefe de prensa el equipo naranja. Le llamaba y levantaba un brazo. Un puño alegre. Ahí lo supo: era el jersey oro de la Vuelta por once segundos. El primer liderato de su equipo en una gran ronda. El segundo oro tras el olímpico de Samuel Sánchez en Pekín. Al fin había atrapado agua con su presa de arena.

«Hoy puedes ser líder»

Ayer era día de marea alta. EnVielha, el pueblo de la salida, construyeron un túnel para salir de los Pirineos. Pero lo hicieron cuesta arriba. La carretera se arrugó desde el primer kilómetro. Se notaba el voltaje: ciclistas esprintando antes de partir. Silencio. Chispazos. Aroma a escapada. Y a por eso salieron todos. Cunego y el Caisse d'Epargne enloquecieron la ascensión hacia el túnel. También el Euskaltel-Euskadi. Chicos obedientes. Su director, Jon Odriozola, había dictado el curso de la etapa en la mesa del autobús: «Egoi, hoy puedes ser líder de la Vuelta». Sonaba bien. Fuerte. El navarro disciplinado se hizo presente en cada fuga. Compró todos los boletos del sorteo y, claro, le tocó. Maniató al azar.

Tardó, eso sí, casi sesenta kilómetros en caer la bola buena. Hasta que el Astana de Leipheimer y Contador permitió que se abriera la jaula. La espita del bombo. Salió la bola '85', el dorsal de Egoi Martínez. Bingo. Con él iban otros once números. Línea: Cunego, Zandio, el cada vez más peligroso Moncoutié, el joven belga Van Avermaet -ganador final de la etapa-, Flecha, Tonti, Rebellin, Kern y un compañero de Egoi, otro navarro, Alan Pérez. Otras dos manos para palmear la arena del dique. Dos piernas. Cuatro remos del Euskaltel.

Egoi llevaba dentro el estribillo matinal de Odriozola: «Somos un equipo valiente. Con Koldo (Fernández de Larrea) buscaremos un sprint. Con Igor (Antón), el podio. Contigo, el oro». 'El Dorado' del Euskaltel. Otro paso para una escuadra paciente: primero ganó una etapa en la Vuelta con Laiseka (1999), luego en el Tour (2001); el año pasado puso a Samuel Sánchez en su primer podio (tercero en la Vuelta), y viene de ganar con él el título olímpico. Odriozola quería más. Husmeó en la salida: sabía que Bruyneel, director del Astana, cedería a gusto el liderato. Y más si el destinatario era Egoi Martínez, ex ciclista de Bruyneel y amigo de Contador. Buen reparto. Relevo de responsabilidad hasta el Angliru. Una semana en barbecho para el Astana y de fiesta para el Euskaltel. Todos felices. O no. El Caisse d'Epargne (Valverde) y el CSC (Sastre) trataron de evitarlo al final. No por malhumorar a Egoi, sino por acosar a Contador. Era lo lógico.

A Egoi se lo dijeron por la emisora. Bajaba con la fuga de Serrablo, el puerto de la sierra de Guara. Barrancos, grutas, bosque bajo, buitres. Pozos y gargantas en el río Alcanadre. Un lugar despoblado. Intacto. Una carretera sola, justa para un coche. Para una escapada. Al salir de allí, elgrupo de Egoi tenía más de siete minutos. De oro. Alan Pérez ni miraba atrás. Todo por Egoi. «Es un gran compañero». Rebellin, Cuengo, Flecha y Van Avermaet se agazapaban para el sprint. Pérez llegó hasta la pancarta de 2 kilómetros a meta. Egoi le sustituyó: «Estaba nervioso. Me decían que el pelotón iba recortando». Que subía la marea. Oleaje en la puerta de salida de los Pirineos.

A Sabiñánigo entró primero Van Avermaet, un esprinter de 23 años, portero de fútbol hasta los 19. Una bala con fecha de futuro. Con él estaba Egoi, que no paró. Hacia las acacias del final de la avenida Secorum. «No soy un ganador», se le oía. Fatalista. Atrapado en esos casi siete minutos de respiración contenida. Taquicardia. A 200 metros corría Aizkorbe, puño en alto. «¡Por once segundos!». El oro. A salvo de la marea. «Quiero darle las gracias a Alberto (Contador). Aquí tiene un amigo», dijo Egoi, nuevo líder, el primero del Euskaltel-Euskadi y también de la Vuelta.

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