Leipheimer guarda el maillot de Contador

El estadounidense se viste de líder en una 'crono' que relanza a Alejandro Valverde, Sastre e Igor Antón

J. GÓMEZ PEÑA| ENVIADO ESPECIAL CIUDAD REAL
El nuevo líder de la Vuelta a España, Leipheimer, con una sonrisa en el podio. / AFP  El corredor madrileño Alberto Contador desafía al cronómetro. / AFP/
El nuevo líder de la Vuelta a España, Leipheimer, con una sonrisa en el podio. / AFP El corredor madrileño Alberto Contador desafía al cronómetro. / AFP

Dice Levy Leipheimer, el mejor ayer en la contrarreloj, que su compañero Contador «es el mejor del mundo». Que le guardará el maillot dorado de líder hasta que llegue la montaña. «Nadie acelera en los puertos como él». Aún le dura el asombro por la gesta del madrileño en el pasado Giro. Aquel viaje directo de la playa de Chiclana al podio de Milán. «Alberto irá a más en esta Vuelta». Eso dijo Leipheimer, autodefinido como líder regente. El reloj dio ayer su propia versión: el estadounidense aventajó en 49 segundos a Contador: lo previsto. En 59 a Valverde: mucho menos de lo previsto. En minuto y medio a Sastre: lo normal. En 2.08 al holandés Gesink: lo esperado. Y en sólo 2.35 al extraordinario Igor Antón: lo inesperado. Por una vez, el reloj protegió a los escaladores. Y a esta Vuelta ya sólo le queda montaña. Será un podio de altura. «Contador es el favorito. Los otros vienen del Tour. Él no. Irá a mejor», insiste Leipheimer, el guardián de su maillot.

El americano parece calvo desde siempre. Mirada metálica. Rasgos a cincel de sólo un pelo. Fino. Un trazo. Inmóvil sobre la bicicleta de contrarreloj. Recogido en una bola. Gota de agua que avanza. Perfecto. Los hay más fuertes, pero no tan aerodinámicos. Le favorecen las leyes de la física: combina como nadie su poco peso y su elevada potencia. Corre en bici con la misma postura que esquiaba en Montana, su casa. Reserva india. Chico silvestre. De familia esquiadora. Del hielo. Hasta que patinó y se dañó la espalda. Para recobrar músculo le recetaron una bicicleta. Con el tiempo dejó sus estudios en Salt Lake City y marchó a Europa, a Limburgo (Bélgica). A conocer eso de los criteriums, del pavés. No triunfó. Regresó a casa, al ciclismo estadounidense. Bruyneel, director de Armstrong, le rescató. Y le trajó a la Vuelta 2001. «Trabajaré para Heras», dijo entonces. Ahora es para Contador, al que apartó del bronce olímpico en Pekín por 8 segundos.

En el desierto

Ayer fueron más: 49. Lo justo para un recorrido de paisaje amarillo, agostado por todo un verano de luz. Plano y ventoso. Desde dentro, los 42 kilómetros de Ciudad Real parecían un abismo. La Mancha infinita. Ciclistas solos con la raya blanca como única compañía. En el desierto. Leipheimer, un chico de las nieves, se ajustó a ese hábitat. Sólo movió las piernas. Como si le sobrara el resto del cuerpo. Ni bajó la barbilla: el casco siempre horizontal. En forma de cuchilla. La única vez que se levantó del sillín fue para dar el golpe de riñón sobre la línea de meta. Por dos segundos sobre Chavanel es el líder. Y entonces, cuando lo supo, empezó a hablar de Contador.

Leipheimer es contrarrelojista. Contador ha querido serlo. Su voluntad. «Lo mío con el reloj tiene una historia larga», comenta el madrileño. Cierto. Basta mirarle: nació escalador, pero siempre quiso domar al tiempo. Hace tiempo ya, a su compañero de entrenamientos juveniles le llamaron para el campeonato de España de contrarreloj. «A mí, por ser escalador y tan delgado, no me dijeron nada. Me quedé con las ganas». Esperó. Un año después se presentó por libre. Para ver qué tal. Era su primera contrarreloj. Acabó segundo. A Contador se le coloca siempre una montaña al lado. Pero estrenó su palmarés en la Vuelta a Polonia: contra el crono. Contra su físico de escalador. Y ahí también, entre el tic y el tac, ganó su Tour. Como el pasado Giro ante Riccò. Le queda la Vuelta. «Estoy contento con la 'crono'. Estoy más fino que otras veces. Eso me beneficiará en la montaña»,. Ha adaptado su físico al perfil de la ronda. «Irá a más», augura Leipheimer.

Valverde fue ayer de más a menos. Redujo lo que pudo su vela. «¡Vaya rectas! Casi daba miedo mirar». Casi evitó levantarse, arrancar y parar. Y casi sorprende a Contador. Sólo al final se vino abajo y le concedió 10 segundos. Pero es tercero en la general. El primero de los candidatos. Así llegará a los Pirineos. Contador es quinto (a 17 segundos). Y Sastre, séptimo (a 57s.). El abulense limitó la pérdida. Viene de ganar el Tour. Ese peso. Ayer lo soportó. Pesa poco, pero tiene hombros de sobra para dos grandes vueltas. Ahora, los tres están en un minuto. Antón acecha, decimosegundo, a 1.47 de Valverde. También Gesink y Mosquera. Al contrario que en Zaragoza en 2007, esta vez el reloj ha dado cuerda a la emoción.

Fotos

Vídeos