En la cuesta de don Federico

La Vuelta regresa hoy a Toledo, a las calles que vieron las primeras pedaladas de Bahamontes, el mito que cumplió 80 años el pasado mes de julio

J. GÓMEZ PEÑA| CIUDAD REAL
Bahamontes descuelga a sus contrarios en una etapa del Tour de 1963. / EL CORREO/
Bahamontes descuelga a sus contrarios en una etapa del Tour de 1963. / EL CORREO

Al alguacil le dijeron que no escatimara con los cohetes. Los cogió a puñados. Que ese día venía 'don Federico'. En Toledo, final de la etapa de hoy, aún se acuerdan del 16 de agosto de 1959. El día que volvió a casa Federico Martín Bahamontes, el ganador del Tour de aquel año. El primer español en la cima de París. Le abrieron la Puerta de la Bisagra y, en el hombro de un descapotable, el mito subió hasta la Plaza de Zocodover. Entre una cremallera de multitud. «Parece que vengo de ganar una guerra», dijo el 'Águila' de Toledo. Ese apodo se lo colgó Goddet, el patrón del Tour: por sus vuelos en los Pirineos y los Alpes, y porque esa rapaz figura en el escudo de la capital castellana. Toledo, el águila y Bahamontes. Unidos desde el día que volvió de Francia 'don Federico'.

Tuvo más motes. Loroño, compañero de equipo y enemigo declarado, decía que estaba 'pirao'. También le llamaban 'el lechuga'. Tan magro. Cuentan que sus primeras pedaladas las dio dentro de su madre, que embarazada iba en bicicleta a cumplir con la tarea. Luego le tocó a él. Chico de reparto. Siempre rodando sobre la 'lechera', el triciclo donde cargaba la mercancía. La España del estraperlo y la miseria. Contra el sol sólo estaba el pañuelo de cuatro puntas. Para comer había que cargar con sacos de patatas escalera arriba. Ése era el destino para el hijo de un peón caminero al que bautizaron como Alejandro. Lo de 'Federico' fue empeño de un tío suyo. Ese pariente le cambió el nombre. La bicicleta, la vida.

También influyó el tifus. La fiebre que no se iba. La promesa del padre. «Quiero una bici para cuando me ponga bueno». Que sí. Y la tuvo. Y hubo que ahorrar 150 de aquellas pesetas. Toledo le conoció así. Al 'lechuga'. Un espectáculo por la cuestas. «En el llano andaba menos que un bote a patadas», decía. Pero en las subidas, sólo un luxemburgués de lluvia, Gaul, le igualaba. Bahamontes fue el primero del Tour, aunque nunca logró la Vuelta. Es su espina. Sobre todo, la Vuelta de 1957. La de Loroño. Corrían en el mismo equipo y andaban todo el día a broncas. Galdeano y Barrutia tuvieron que agarrarle del maillot para que no tirara a por Loroño. Y Luis Puig, el director, le cruzó delante el coche. «Robo, robo», gritaba el 'Águila'. Por la noche, Loroño le cogió por la pechera. Zanjado.

Sin licencia

Bahamontes era así. También perdió el Giro de 1956 por una de sus enemistades. La de su entonces director, Girardengo, que no le atendió en una etapa congelada, bajo una tormenta de nieve. El toledano tenía ocho minutos de ventaja sobre Gaul y lo perdió todo. Petrificado de frío. A Gaul le daban té caliente. A él, nada. Sólo halló cobijo en un grupo de aficionados que le metieron en una tinaja de agua caliente. Pero para cuando eso, el Giro ya estaba perdio.

Era un carácter. Se negó a correr el Campeonato de España de 1955. Pidió pasta. Y como no se la dieron, pues no fue. Le pusieron una multa de 5.000 pesetas y le retiraron la licencia. Entonces amenazó con nacionalizarse francés. Al parecer, Fermina, su esposa, pagó la multa sin que él se enterara. Lo arregló. Es que su marido era un genio. Todo genio. Las crónicas de la época lo atestiguan: «He subido Navacerrada con las manos en la espalda, sin coger el manillar, y los he dejado a todos atrás». Y era verdad. Sus verdades: «Para ser buen ciclista hay que pasar hambre de mujeres». Otra: «Al que le pillen con dopaje, que le quiten para siempre la licencia». Una más: «Ahora todo es más fácil. Antes teníamos que arrancar los tubulares con los dientes».

Bahamontes cumplió 80 años en julio. Y sigue igual. Y pesa prácticamente lo mismo que cuando dejó la bicicleta, en 1965. Y no ha vuelto a subir una cuesta. Se conserva en forma «trabajando». Reparando sus viejas bicicletas, las del museo Würth (Illescas) y enredando en la finca. El ciclismo lo ve en la televisión. A Contador. Le gusta el madrileño. Ve algo suyo en él. «Tiene unas cualidades como las que yo tenía». Esas ráfagas en montaña. De pie. Penduleando. Otro ciclista de fibra morena, castellano. Hoy, Contador, Sastre, Valderde y Antón suben la cuesta de Toledo. La del 'Águila', el primero del Tour. La del 'lechuga', el del triciclo colmado de patatas.

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